Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Navidad en el estacionamiento


 

 

Franck Khalfoun – El Nivel del Pánico (P2, 2007)

 

Entre el suspenso, el terror y el estudio psicológico de una situación y sus dos protagonistas, El nivel del pánico (P2, 2007) es una cinta bastante lograda dentro de sus limitaciones. No es la montaña rusa que sus realizadores se propusieron que fuese, precisamente; sin embargo, las emociones que evoca surgen del contacto con un estilo legítimo, y su heroína esquiva no solamente las trampas mortales de la trama, sino también las superficialidades fatales que abundan en el género e incluso amenazan con hacerse presentes en esta película.

 

La joven y bella Angela (Rachel Nichols) vive para trabajar. Es la última en dejar su oficina durante la Nochebuena, después de una discusión telefónica con su jefe, las disculpas ofrecidas por un compañero de trabajo evidentemente interesado en ella, y la sensación de vacío que su rutina estresante le obsequia en recompensa. Nada de lo que uno se imagina en la vida de una mujer con las características aparentes –comprobadas hasta el hartazgo después, dicho sea de paso— de Angela existe: un novio que la quiera, una familia que la ampare en el sentido verdadero, unos amigos que la sostengan. Angela vive para trabajar.

 

 

Nostálgica de un momento de descanso y de los tiempos transcurridos sin las preocupaciones ni las prisas de una carrera hacia ningún lado, Angela decide emprender el viaje a casa de su hermana y disfrutar como todo el mundo de la paz y armonía que la Navidad significa; que ella tiene tantos derechos como los demás.

 

Al salir al estacionamiento subterráneo del edificio, su automóvil no quiere arrancar. Angela pide entonces la ayuda del solitario Thomas (Wes Bentley), guardia de seguridad que prácticamente vive en su oficina, una guarida adornada por las muestras de su típicamente americana admiración por Elvis y las gracias de su fiel Rocky, un perrito a quien la influencia de quien le da de comer no ha hecho nada bien. Porque Thomas, o Tom, tiene un problema.

 

 

En realidad, se trata de un psicópata, enamorado, cómo no, de la angélica muchacha, a quien somete con una sangre fría y una ingenuidad heredadas de Terence Stamp –pañuelo mojado en cloroformo incluido– en El coleccionista (The Collector, 1965), una de las tantas obras maestras de William Wyler. Cuando la pobre Angela despierta, se encuentra a sí misma a merced del guardia: encadenada a su escritorio, vestida con ropa sugerente, los labios pintados y el cabello rubio suelto: variante de la imagen de vulnerabilidad extrema representada por Janet Leigh ante otro muchacho solitario que, a su vez, también la invitó a cenar.

 

Así pues, la indecisa caracterización de Bentley, entre Stamp y el padre de todos los psicópatas criminales en el cine, Tony Perkins, no sorprende, no excita la curiosidad sino en función de sus acciones y las consecuencias funestas que puedan acarrear a la heroína.

 

 

Porque Angela, y esto no tarda en ser revelado en una progresión convincente, es una verdadera heroína, una superviviente dotada no solamente de las formas físicas que le han traído sus pequeños y peores problemas, pero también de la inteligencia necesaria para escapar a las garras de la muerte inminente que le espera dentro del edificio donde ha ejercido su labor hasta ahora. La contienda tipo gato y ratón que se establece entre secuestrador y víctima cobra matices insospechados cuando la oficinista saca a relucir sus armas mejor guardadas.

 

El espacio del estacionamiento también sufre una suerte de evolución, pasando de escenario propicio para las tendencias paranoicas de cualquier persona con un mínimo de imaginación, a teatro de los horrores, manchado de sangre al extremo de amenazar con salpicar a la audiencia; lo que no es exactamente un pecado exclusivo de El nivel del pánico, ni siquiera uno de sus defectos.

 

 

El efectismo de esas imágenes, tan propias del género en nuestros días, es superado por el oficio bastante redondo aunque a veces, muy pocas veces, decepcionante de los cineastas, que finalmente lo único que se han propuesto es plasmar un ejercicio audiovisual impresionante, sustentado en una buena idea, un guión bien escrito y las interpretaciones de sus jóvenes estrellas. El resultado, si no ideal o memorable, es un cuento terrorífico hecho a partes iguales de realismo y artificio, sensacionalismo y drama.

 

Christian Doig  

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Una respuesta

  1. Vickidos

    Buenisima esa peli, me da una lastima cuando mata al perro :(

    junio 8, 2011 en 8:37 pm

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