Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

21: Ladrones Juveniles


 

Robert Luketic – 21 (21, 2008)

 

21 es una variante juvenil del género que me gusta llamar el de “ladrones con onda” (popularizado por, entre otros, Quentin Tarantino y Guy Ritchie): un grupo de carismáticos ladrones dan un gran golpe burlando a las autoridades, con planes tan descabellados que sólo podrían funcionar en las películas. Está basada en una historia verdadera, sobre un grupo de estudiantes de MIT que estafaron a casinos en Las Vegas por millones; el caso se encuentra detallado en el libro Bringing Down the House de Ben Mezrich.

 

Así, estos émulos jóvenes de Danny Ocean y su pandilla llegan a la Ciudad del Pecado a desfalcar a las mesas de blackjack con un sofisticado sistema de conteo de cartas: me encantaría poder explicarlo, pero mi facilidad con los números es prácticamente nula. De seguro hubiese disfrutado más del golpe si entendiese exactamente que es lo que hacen estos chicos (y como lo hacen), pero se me hizo un nudo. Al igual que en otros complicados golpes cinematográficos, lo mejor es simplemente asumir que las cosas suceden y disfrutar de las maquinaciones de todo el plan.

 

        

Sin embargo, la película no se trata de eso. Aquí es donde queda claro que se trata sólo de una ficción: es la historia de Ben, el genio que se dedica al conteo de cartas para ganar dinero para ingresar a Harvard. Es bastante obvio lo que va a suceder: Ben, un reprimido que no conoce la vida más allá de la sala de clases, los números y noches aburridas con sus dos amigos nerds,  es tentado por la vida fácil de Las Vegas, hasta que la realidad llega a romper sus ilusiones.

 

Esta historia de ascenso y caída se ha visto varias veces en el cine: con estrellas de rock, deportistas, y ahora, con estafadores. El único parecido que tiene este film con el caso real es el método de ganar millones en los casinos (los involucrados eran en verdad unos cerebritos asiáticos del MIT); Hollywood ha adaptado algunos detalles a su propia historia, sin olvidar, por supuesto, el final feliz de rigor.

 

 

Aún así, la fórmula funciona y en gran parte gracias al novel Jim Sturgess, joven actor inglés que resulta sólido transformando a Ben de un tímido nerd a un tipo confiado que está viviendo su vida a toda máquina por primera vez.  Sturgess tiene la suficiente cara de niño bien como para convencer al público, una apariencia angelical que se ha destapado este año en otros filmes, como el musical de los Beatles, Across the Universe, de Julie Taymor.

 

La experiencia de Ben apela a una fantasía que de seguro tenemos todos: ¿A quien no le gustaría ganar millones de dólares y poder salir de fiestas, comprar ropa cara y autos deportivos? Y mejor todavía, es un estilo de vida que nos permitiría cumplir metas académicas y profesionales. Viendolo así, es fácil dejarse llevar en el viaje de Ben y sus compañeros.

 

 

Sturgess es secundado por dos actorazos: Kevin Spacey y Laurence Fishburne traen su acostumbrada intensidad al film, el primero como un profesor de no muy santas intenciones y el segundo como un matón de la vieja escuela de Las Vegas, que conoce todos los trucos y no se anda con bromas (aunque es bastante taimado; considerando que es un film juvenil, difícil esperar los brutales métodos anti-ladrones de películas como Casino). Es interesante ver a este vestigio de películas de Scorsese, atrapado en una visión moderna e inofensiva de una ciudad que alguna vez fue llamada “Disneylandia para la tercera edad” y sintiendose plenamente fuera de lugar.

 

El resto de la pandilla cumple con lo suyo, aunque resulten estereotipos: un chistoso, un tipo celoso, rival del héroe y otra fémina que evita el desborde de testosterona, pero son secundarios anónimos. El enfoque se mantiene en Ben, su obvio romance con una de sus atractivas compañeras y su aún más obvia búsqueda del camino correcto.

 

 

Todo podría parecer predecible y sacado de incontables dramas que siguen la misma estructura, hasta que la película saca de debajo de la manga un divertido giro (aunque esperado, si se tiene experiencia con estas cosas) que nos recuerda que sigue siendo una película sobre estafadores y ladrones con estilo.

 

21 es entonces un film entretenido, que compensa sus falencias con buen humor, buenos actores y una buena banda sonora. El género de ladrones, a pesar de repetirse varias veces, siempre hace las cosas con suficiente estilo que uno lo acepta; y los robos casi siempre son fascinantes, como el conteo de cartas de este grupo de mocosos. Todo lo demás será ficción, pero esto es algo que sucedió y que más de algún adepto a las matemáticas seguramente querrá intentar. No es un film que reinventa su género, pero está bien para pasar un par de horas.

 

Ernesto Zelaya Miñano

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