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La Familia del Crimen

 

Antonio Hernández – Los Borgia (2006)

La familia de los Borgia, según Mario Puzo, escritor de una novela biográfica de los españoles, es catalogada como “la primera gran familia del crimen”. Y ahora, Antonio Hernández, con su película Los Borgia, pretende representar esa característica con realidad pero su pretensiosa y exagerada puesta en escena sin fuerza ni destreza en las escenas de acción, hacen que este filme sea aburrido y plano sin puntos de quiebre.

Para entrar en contexto, La familia de los Borgia, entra en la historia en el momento en que Rodrigo Borgia, el veterano Lluís Homar, es proclamado Papa Alejandro VI. Toda la historia tiene una duración de doce años, entre 1492 y 1504, período en el cual, Alejandro VI trata de incorporar, dentro de las riquezas de la Iglesia, a pequeños estados en que estaba dividida Italia. Para hacer esto, lleva a cabo una sangrienta lucha junto a su hijo Cesar, con ayuda también de su hija Lucrecia, la cual ayudaba con las alianzas estratégicas (desposarse con familias poderosas: Giovanni Sforza, Alfonso de Aragón, etc).

Como era de esperarse, Hernández, con su majestuosa producción, plasma en el ecran muerte, soberbia y pasión por el liderazgo y el poder, junto a esta familia que quiso y pretendió dominar Italia con matrimonios por conveniencia y a la fuerza con luchas y derramamiento de sangre.

Pero los planos cerrados, la cámara en mano y los enfrentamientos son infructíferos para su objetivo. Las peleas que se ven, son irreales, fuera de contexto y penosas. Con planos medios, observamos a los caballeros, duques y soldados matar con furia, sin esfuerzo. Las violentas escenas siguen su rumbo una tras de otra. Los que mueren, sólo mueren. Y los asesinos cumplen su función al igual que los muertos al gritar. No se ve gran desplazamientos en lucha y, como dije en líneas anteriores, los enfrentamientos son mínimos y sin respiro.

La única hija del Papa Alejandro VI, Rodrigo Borgia, es utilizada como herramienta para las alianzas y la captación de tierras para engrandecer el reinado del Papa. La personalidad de la hija, Lucrecia Borgia, es inofensiva. Enamoradiza hasta los huesos del esposo que se le ponga en el camino. Al principio, ofreciendo un poco de resistencia, pero nunca cambiando de filosofía. Una hija que se le ofrece al padre para volver a ser virgen, sin mayor determinación. ¿Una debilidad del “amor” o quizás un valor importante? Es probable que, al ser la única mujer en su familia, deba pensar sólo en su familia, pero, ¿acaso no tiene una mínima situación valorativa de posesión de su cuerpo, más que la de obedecer, sin una lágrima de por medio, a su padre el Papa?

César Borgia (Sergio Peris-Mencheta), hijo con un gran sentido de la fidelidad y una pasión desbordante, fue encomendado a ser cardenal, a principios del reinado de su padre. Con el transcurrir del tiempo y la muerte de su hermano, pasa a ser duque y ocuparse de los asuntos “importantes” para ellos, la de tener control absoluto, de un gran territorio y ser más ricos y poderosos.

César es fuerte, intransigente, vengativo. Sus pocas muestras afectuosas se las dedica a su hermana pero con tal deseo que pareciera que es el mismo que con sus amantes. Su rostro duro y su mirada imponente, crece con su poder, a medida que va ganando batallas y territorios. Un personaje rígido, sin compasión por nada. Malo de malos. Nada de interesante.

Pero los rituales, las ceremonias y las fiestas realizadas por el Papa, con mujeres desnudas bailando al son de la música empalagosa, distraen y suavizan aún más la trama. Música gelatinosa, variante, impertinente hasta en lo mundano. Sin treguas, avalancha situaciones dolorosas de por sí. Música conciente también de la fugacidad y desproporción de la escena. Estas melodías que subrayan hasta el cansancio las imágenes, convierten en obvio lo obvio y en recurrente al simple color oscuro y azul que produce alguna muerte.

Los Borgia ha sido también nominada, en los premios Goya, a mejor vestuario, mejor edición, mejor producción artística y mejor producción. Pero, como ya lo he mencionado antes, sus personajes y su tema principal no es explotado y no se convierte en un gran película, sólo en una gran película de producción.

Para qué sirve derrochar tanto dinero en vestuario y diseño artístico si la historia no merece ni siquiera la menor mención en actuación, ni en dirección. La pretensiosa realidad les ha dado una palmada en el hombro a los productores y los ha rezagado ante historias con menor producción pero mejor dirección como Volver de Pedro Almodóvar, salvando las distancias por supuesto.

Paco Pulido Spelucín

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