Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Un día de catástrofe


 

M. Night Shyamalan – El Fin de los Tiempos (The Happening, 2008)

 

Un misterioso virus que se propaga a través del aire provoca en los ciudadanos norteamericanos una instantánea tendencia autodestructiva que conduce al suicidio. Una amenaza colectiva devastadora que desata el pánico generalizado y que obliga a Elliot Moore (Mark Wahlberg), un profesor de ciencias, a buscar refugio junto a su esposa Alma (Zooey Deschanel), su amigo y compañero Julian (John Leguizamo) y la pequeña Jess (Ashlyn Sánchez), hija de este último. Junto a ellos, varios grupos de familias alarmadas deciden huir pues los rumores indican que el virus llegará pronto a sus ciudades.

 

Sin embargo, El fin de los tiempos, que en otros países de habla hispana se denomina El incidenteThe Happening es el título original—, es una película más de desastres, otra de las que al cine norteamericano contemporáneo le complace tanto repetir.

 

 

La dirige M. Night Shyamalan, el mismo de El sexto sentido, El protegido, Señales o La dama del agua, y aunque éste es un director con un estilo atrayente que ha logrado cintas que se podría calificar de ponderables, El fin de los tiempos no alcanza el nivel de penetración sicológica de El sexto sentido, ni la fuerza persuasiva de El protegido, ambas con Bruce Willis como fuerza tutelar.

 

El fin de los tiempos se torna más bien corriente, trivial, como si al director le hubiera llegado el momento en que no tiene nada nuevo que decir. Y es que la primera parte de la película es sugerente y promete mucho, pero conforme pasan los minutos la propuesta se empobrece, hasta convertirse en un desagradable cliché, repleto de frases hechas y lugares comunes, con una escena final que deja un desencanto respecto de lo que el film planteaba originalmente.

 

 

En El fin de los tiempos los personajes están opacos y no hay protagonistas que deslumbren. Mark Wahlberg, a quien vimos en El planeta de los simios en la versión de Tim Burton, no tiene un papel sobresaliente, y su protagonismo se reduce al de un héroe convencional defendiendo a su familia en medio del caos. Los otros personajes, en tanto, se limitan a cumplir su papel de actores secundarios nada memorables.

 

Lo que sí podemos rescatar de El fin de los tiempos es la fuerza conmovedora del instante en que la epidemia empieza a atacar a las personas. La forma como el virus se apodera del cuerpo y el cerebro de las personas, y la autodestrucción a que finalmente arriba contiene alguna simpática metáfora que conmueve y convierte en escalofriante el momento.

 

 

Una voz fuerte, pero tímida

 

Como otras películas de M. Night Shyamalan, ésta tiene un tinte apocalíptico, sólo que aquí el enfoque es interesante —y éste quizás sea el acierto de la película—, pues el virus que ataca a las personas, cuya causa se le atribuye a una fuerza nuclear, a un ataque terrorista de bombas químicas y hasta al propio gobierno norteamericano, tiene su origen en una respuesta que la naturaleza transmite al mundo, una contestación violenta al caos que genera la contaminación. Shyamalan expone, pues, su mirada ambientalista a través de esta alegoría que se llama El fin de los tiempos. Desde la primera imagen de la cinta, la de las nubes opacadas por un aire negruzco que las ensombrece, se da muestra de ello.

 

No por ello, sin embargo, El fin de los tiempos le hace frente a los agentes contaminantes, no examina con esmero el tema ni se detiene a cuestionar con énfasis aquello de lo que es conciente. Su mensaje es tibio, un tímido grito lanzado respetuosamente, sólo para saber si alguien puede escucharlo.

 

 

Por lo demás, El fin de los tiempos se pierde en una historia sensiblera, con secuencias innecesarias que distraen al espectador del tema principal —como la presencia de la anciana señora Jones, que de momentos pareciera ser más fuerte que la de los propios protagonistas—. Y, claro, con el siempre cautivador conflicto romántico de por medio, tan necesario en el Hollywood de nuestros tiempos, y tan obligatorio como para justificar algunas poderosas pretensiones.

 

Tito Jiménez Casafranca

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Una respuesta

  1. No coincido con la crítica. Me parece una buena película, atrapante y de una trama poco sopechada. Se debe estar atento para resolver cuál es el origen de las misteriosas muertes.
    Yo la recomiendo.

    junio 27, 2010 en 8:22 pm

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