Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

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Los Monstruos del Terror Doméstico

 

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Wes Craven – La última Casa de la Izquierda (The Last House of  The Left, 1972) 

 

En el año 1972 dos novatos cineastas se lanzaron a la extraña aventura de realizar la pelicula más violenta vista a la fecha. Aquella fue la ambiciosa propuesta, hecha con el fin de conseguir los $90,000 que costó llevarla a cabo. Tras 26 días de duro trabajo, el resultado fue obtener uno de los pilares del cine de horror independiente, lo cual  además, se convirtió en la carta de presentación de éstos dos  jóvenes, advenedizos a ojos de la critica especializada de aquellos días, pero, indudablemente, muy entusiastas y hambrientos de experiencias cinematográficas más intensas.

Wes Craven ha conseguido un buen nombre dentro del cine norteamericano más comercial al día de hoy. Ha dado lugar a dos series de películas muy beneficiosas para la taquilla, dentro del difícil género del terror más violento. “Pesadilla en Elm Street (1985)” y “Scream (1996)” fueron dos filmes cuyo éxito inmediato condujo a una explotación de aquellos titulos hasta el hartazgo, y en diferentes épocas, creado legión de espectadores adeptos muy distintos entre si, por mucho que parezca lo contrario :”Pesadilla…” surge en pleno auge del cine de horror gore ochentero, generoso en dosis de hemoglobina y, sobretodo, visualmente estrepitoso en cuanto al despliegue de efectos especiales, mientras que “Scream” aparece en los noventas, bajo otra estética del cine de terror, dentro del slasher, pero menos visceral y con menor malicia. Craven ha sabido ser voluble a los cambios del gusto colectivo en lo que al terror se refiere.

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Desde sus inicios, realizó filmes que hoy resultan más una acumulación de títulos que obras a considerar. En sus primeros años alcanzó el éxito con su segundo trabajo, como fue “Las colinas tienen ojos”, una intensa historia sobre asesinos canibales, la cual dio paso a una secuela pobrísima. Posteriormente, no conoció mayor logro hasta el lanzamiento de la ya mencionada “Pesadilla en Elm Street”, y luego de ella tampoco alcanzó mayor notoriedad.

Sin embargo, el éxito de Freddy Krueger llevó por lo alto a la entonces emergente New Line Cinema, y con ello Craven se ganó el favor de sus productores, permitiéndole realizar varios proyectos, aunque mayormente no resultaron novedosos, y su alcance terrorifico entre los fanáticos fue discreto, a pesar de su buen aporte al cine de zombies como fue “La serpiente y el arco iris”.

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De todos modos, Craven ha sabido mantenerse vigente dentro del circuito hollywoodense, que hasta lo llevó a realizar algún trabajo para el cómico Eddie Murphie. Ya en plenos noventas, supo aprovechar la resonancia de “Scream” y su labor al lado de estrellas de la televisión, apareciendo en las premiaciones de MTV, consolidándose como un director reconocido, lo cual ya le hacía falta. Ha probado suerte en otros géneros, como el thriller en “Vuelo siniestro”, con buenos resultados, y también en el drama femenino en “Música para el corazón”, con mucha menos fortuna. Pero los inicios de Wes Craven fueron mucho más bizarros, y precisamente fue su primer esfuerzo el que ha sido convertido en una obra de culto por los seguidores del cine violento.

Sean S. Cunningham no goza del mismo renombre mediático que el señor Craven, pero su importancia dentro del cine de horror norteamericano no deja de ser relevante. Siendo un productor de películas de horror de bajísimo presupuesto, Cunningham dio inicio a su carrera como director del modo más auspicioso posible. Logró convertir un sencillo cuento macabro de ambiente rural, tan deudor de filmes como “Psicosis”, “Halloween” o la italiana “Bahia de sangre”, en toda una obra decisiva para el rumbo del cine terrorífico ochentero y fuente de inspiración para muchos otros realizadores.

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En 1980, “Viernes 13” alcanzó tal repercusión que hoy en día mantiene su vigencia ¡después de casi tres décadas¡. Y no queda duda que pronto veremos más producciones al respecto. La historia del gigante asesino que vive oculto en las inmediaciones del lago Crystal ha cobrado una enorme cantidad de seguidores, convirtiendo la imagen de Jason Vorhees en una figura mítica. Importa poco si las historias son repetitivas, si desbordan ingenuidad o si carecen de algún sentido; lo importante es Jason y la violencia que despliega.

Cunningham no ha logrado superarse a si mismo en cuanto al éxito alcanzado con aquel film. Su labor tras las cámaras ha dejado otros titulos que no han alcanzado la misma notoriedad. Como productor ha seguido de cerca la evolución de su franquicia durante más de diez peliculas, la cual da la impresión de ser tan inmortal como su monstruoso personaje. Sin embargo, sus inicios fueron tan modestos y esforzados como lo fueron para el señor Craven. De hecho, ambos tuvieron que unir esfuerzos, allá por el año 1971, para conseguir el éxito del cual gozan actualmente.

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“La última casa a la izquierda” es la cinta dirigida por Wes Craven  bajo la producción de Sean Cunningham  considerada en los días de su estreno como una de las cintas de horror más brutales que se hayan filmado. Asi lo entendieron muchos criticos y gran parte de la prensa especializada que consideró este filme como un titulo maldito, que mostraba violencia gratuita y maltrato a la condición humana en forma insoportable. S

Sin embargo, el efecto “rebote” de sus comentarios negativos y la increible defensa hecha por el crítico Roger Ebert, llevó una gran cantidad de espectadores a las salas de cine, sorprendiendo a sus propios realizadores. Craven ha señalado que apenas esperaban una exhibición muy limitada en algunos autocinemas, y que por ello no escatimaron en tomarse la libertad de filmar las mayores crueldades que su mente pudo concebir. Significativamente, uno de los titulos inicialmente propuestos para la pelicula fue “El crimen sexual del siglo”.

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A pesar de ello, lo que se aprecia en su versión final no incluye muchas de las perversiones que Craven y Cunningham habían ideado por ser extremadamente insanas, quedando en el tintero porque simplemente el presupuesto no les daba para más. El deseo de experimentar fue la principal motivación al realizar esta historia y la improvisación la regla a seguir durante toda su filmación. Según el propio Sean Cunningham el primer deseo que surgió en ambos fue el mostrar “una película donde se dejará muy en claro lo que era la muerte”, pues según ellos, el cine de entonces empezaba a mostrar el crimen y el asesinato como un asunto muy ligero, según lo visto en tantos westerns y cintas de acción.

Craven toma la premisa argumental de la obra de Ingmar Bergman “El manantial de la doncella”, donde una noble jovencita es atacada por un grupo de rapaces delincuentes, y con ello desarrolla la idea central de su argumento. Este era, nuevamente, el viejo enfrentamiento entre el bien y el mal; pero ¿qué pasa cuando el bien se corrompe y se convierte en algo tan malvado como su opositor, bajo la idea de que el fuego se combate con el fuego?.  Sólo una situación completamente extrema y dolorosa podía llevar al ser humano a cruzar la línea de lo permitido. La familia norteamericana de clase media vista en esta película se convierte en algo completamente distinto a la visión ejemplar o modelo de conducta que solía asociarse a ella.

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Nos ceñiremos a contar a grandes rasgos el argumento del film : una bella joven que vive con sus padres emprende un pequeño viaje acompañada por su mejor amiga hacia un concierto de rock. En el camino ambas conocen a un proveedor de drogas, quien a su vez forma parte de una pandilla de criminales, los cuales secuestran a ambas jóvenes. Lo que sigue es una serie de situaciones realmente malévolas y enfermizas, cuyo resultado será la búsqueda de la más cruel venganza en su forma más inesperada.

El film conserva su confección amateur y hace gala de ella sin ninguna reserva. No se utilizó scritp previo alguno, mucho menos  storyboards, lo cual queda claro en esos planos dignos de un cruel reality show, donde la tortura, la humillación y el crimen sanguinario ocupan la mayor parte del metraje. Después de todo, incomodar, perturbar al extremo es la firme intención de toda obra de horror digna de respeto.

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El asesinato se convierte en el principal móvil de esta historia, y se puede apreciar tanto en espacios abiertos como en aquellos interiores donde se desarrolla una nueva intriga que desemboca en otro festival de sangre y mutilaciones. Estos momentos marcaron la obra posterior de ambos realizadores, tanto de Sean Cunningham cuando en “Viernes 13” convierte a los distintos crímenes ocurridos en aquel campamento en el plato fuerte de su espectáculo, mientras que Wes Craven hizo de las persecuciones del asesino a su victima a través de corredores y habitaciones el elemento común de muchas de sus películas.

Los actores componen las distintas situaciones dictadas e improvisadas por Craven, a medida que el rodaje se llevaba a cabo. Sin tratarse de intérpretes de renombre o de cierta trayectoria, el elenco cumple en forma eficaz su cometido, dando vida a las situaciones enfermizas plasmadas en pantalla en forma convincente, sobretodo por parte del actor David Hess, quien se encarga de interpretar al  líder de la pandilla criminal. Hess logró notoriedad con este papel lo cual lo llevó a producciones similares dentro de este género.

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Sin embargo, es notable que el tiempo ha pasado su factura a esta producción, pues vista hoy en día, cuando se puede decir que mucho ha llovido dentro del cine de horror, el film pierde parte de su fuerza visual ante la cantidad de arranques violentos mostrados en otras producciones que casi resultan innumerables. De todos modos, ese aire enfermizo y malsano que se aprecia en el clima de estas imágenes, a la que contribuye su acabado doméstico y su bizarrismo amateur, hacen de esta película una experiencia impactante y difícil de olvidar.

“La última casa a la izquierda” es una obra que no deja de ser parte de un culto al cine de horror hecho con pocos medios pero con sobrada audacia. Como prueba de ello actualmente existe una nueva versión de esta historia pendiente de estrenar, realizada con una mayor producción y con muchos más recursos que, esperemos, hagan de ella un producto digno del esfuerzo puesto en su versión original, no tanto en su acabado, sino más bien en sus más oscuras intenciones.

 

Por Enrique Rodríguez


La Ciencia de lo Prohibido

 

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Stuart Gordon – Re-Animator, 1985

Amable lector, anímese a coger un texto cualquiera del escritor Howard Phillip Lovecraft (Providence, 1890- 1937). Sentirá que ha ingresado a un lugar donde lo innombrable, lo que no es de este mundo y lo que no puede ser descrito son cosas que pueden hallarse en diferentes rincones de estos inquietantes caminos. Y si usted tiene suerte, notará que el ambiente alrededor suyo parece contagiarse de la maldad propia de estas perturbadoras presencias. Por supuesto, le vendrán más ganas de continuar leyendo el relato que tiene en sus manos.

El terror descrito por Lovecraft ha proyectado una sombra larguísima, tanto al interior de la literatura fantástica, donde autores como Robert Bloch, Stephen King, Ramsey Campbell y muchos otros han rendido tributo a su obra con historias que buscan reproducir esta concepción de lo irreal, con resultados más o menos logrados, según cada caso. Pero no sólo la palabra escrita se ha sentido fascinada por tales pesadillas. El arte de la imagen en movimiento, el cine como fenómeno de masas ha pretendido nutrirse de ellas y convertir estos textos en imágenes que resulten dignas de tal horror cósmico.

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Tenemos el penoso deber de informar que la mayor cantidad de intentos han sido infructuosos. Y es que, a decir verdad, el terror indescriptible es algo que no hay por dónde cogerlo, más aún si es un cineasta sin imaginación. Esto es algo que han comprendido muy pocos. Uno de ellos fue el gran Roger Corman al momento de adaptar la novela corta “El extraño caso de Charles Dexter Ward” para la realización de su film “El palacio encantado”.

En este caso, el terror lovecraftiano se convirtió en el terror de la AIP, empleando las mismas fórmulas utilizadas en la serie de películas dedicadas a la obra de otro escritor como el gran Edgar Allan Poe, casi diferencia alguna. Qué importaba ello. El cine funciona bajo sus propias reglas. Así se obtuvo una interesante película, donde el gran Vincent Price brilló como siempre. Poco más de 20 años después alguien comprendió el mensaje, y echó mano a las referencias literarias, pero creo un producto totalmente nuevo.

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El director Stuart Gordon, nacido en Chicago, USA , en 1947, es un entusiasta realizador del cine de horror independiente quien aún se mantiene muy activo en su carrera. A lo largo de los años ha conformado una filmografía de mucho interés, la cual va recorriendo el género del horror ya durante tres décadas. Además de ello, Gordon también ha probado suerte en otros géneros, realizando filmes de ciencia ficción como “La fortaleza infernal” y sorpresivamente, incursionando en el drama más intenso con películas como la violenta “El rey de las hormigas”, el drama urbano en “Edmond” (a partir de una historia escrita por David Mamet), y su más reciente trabajo en esta línea titulado “Stuck”, merecedora de buenas críticas en los lugares donde ha sido exhibida. Hoy en día Stuart Gordon se mantiene dentro del cine independiente, espacio donde ha podido desarrollar su prolífica labor.

Los inicios de este director alcanzaron una notoria repercusión en el año 1985, tras haber despertado el interés del productor Brian Yuzna, y de la productora Empire Pictures, propiedad de Charles Band, ávido amante del cine fantástico de serie B durante décadas, con el fin de llevar a la pantalla una película de horror tan impactante como ingeniosa. A partir del guión escrito por Dennis Di Paoli, William Norris y el propio Stuart Gordon, “Re-Animator” llegó a las pantallas de cine convirtiéndose instantáneamente en un film de culto.

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Basado en los relatos cortos escritos por H.P.Lovecraft sobre las tenebrosas aventuras del doctor Herbert West, una de sus creaciones literarias, “Re-Animator” alcanzó la categoría de clásico del horror debido a su eficaz combinación de terror, gore, sexo y humor negro. Realizada al costo de un millón de dólares, aproximadamente, cuenta con los principales elementos de aquellos relatos, manteniendo la esencia de su argumento, pero actualizándola a los nuevos tiempos, pues en su versión escrita los hechos ocurrían durante los primeros años del siglo XX.

El director lleva a cabo una versión moderna, incluyendo nuevos personajes e intrigas, las cuales de todas formas recuerdan poderosamente el relato lovecraftiano, tanto en su fidedigna descripción de Herbert West junto a su compañero de desventuras, el estudiante de medicina Dan Cain, como en el uso de algunos elementos puntuales, como animales muertos, sótanos tenebrosos, cabezas y cuerpos decapitados, asuntos tomados de su fuente literaria para conformar nuevas situaciones.

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Esta historia nos narra la forma en que Herbert West, estudiante de medicina de la mítica Universidad de Miskatonic, considerado todo un genio en su materia, siente una enfermiza fascinación por la experimentación con cadáveres. Su interés esta en lograr la reanimación artificial de los cuerpos, con el fin de demostrar la forma en que el organismo humano puede “volver a la vida” operando como una maquinaria, al reactivar las funciones vitales de todos sus órganos, incluido el cerebro, dotándolo de una nueva fuerza motriz que incluye reactivar la actividad cerebral. El escabroso cuento escrito por Lovecraft presenta algunos momentos donde se hace presente el horror proveniente del más allá. Esto queda en las páginas del texto, porque la apuesta hecha por Gordon en su adaptación fílmica apunta al terror más gráfico y visceral, predominante en el cine fantástico de la década ochentera.

Contando con poquísimos recursos, la filmación se llevó a cabo en espacios cerrados, débilmente iluminados, con excepción de los momentos en los corredores de un hospital que no lo era, gracias a la labor de escenarios del especialista Robert Burns. Buena parte del film fue filmado al más puro estilo de “El bebé de Rosemary” de Roman Polansky, con la cámara siguiendo a los personajes a través de los pasillos y al interior de cada habitación, sobretodo en los momentos de mayor tensión.

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Esto debido a la admiración que siente Gordon por aquel clásico del horror demoniaco. No obstante, no es el terror el elemento predominante en este film, pues por el contrario, una especie de humor involuntario se desprende de estos momentos (por ejemplo, atención a la pelea de West contra el gato “Rufus”).

Y es que lo delirante del argumento y de las situaciones propuestas sorprenden en su ingenioso y perverso sentido del humor, donde la muerte, los zombies y los despliegues de horror gore constituyen todo un festín de delirio sicotrónico, donde no faltan ciertos toques de erotismo enfermizo gracias a la belleza voluptuosa de la actriz Barbara Crampton. En ese sentido también es destacable el aporte de los guionistas con el personaje del doctor Hill, convertido en el peor enemigo de West, y aún más perverso y desalmado que el propio protagonista. En su aspecto más desquiciante Hill es un experto en hipnosis, lo cual lo convierte en un peligroso enemigo, aún después de la muerte.

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El reparto de actores se encuentra a la altura del encargo, tomado esto como un verdadero elogio, pues el protagonismo del destacado actor Jeffrey Combs en su papel de Herbert West es de antología. Combs da en el clavo en su interpretación, con su mirada, sus gestos y en sus maneras, convirtiéndose en el enfermizo y cada vez más demente hombre de ciencia. El actor Bruce Abott da vida a Dan Cain, el compañero de West, quien se ve arrastrado por la locura de su inusual maestro del mal. Completan el reparto la actriz Barbara Crampton, ya mencionada, como Megan, el interés romántico de Dan, Robert Sampson como el desafortunado suegro, y el ya fallecido actor David Gale como el malvado doctor Hill, en una actuación maravillosa.

A destacar también el apartado de efectos visuales a cargo del especialista John Carl Buechler, a cuya labor se debe el impactante horror gore que incluye miembros seccionados, sangre a borbotones y vísceras vivientes. Años después, Buechler incursionó en la dirección de películas con títulos como “Cellar Dweller”, “Viernes 13, parte 7” y “El asesino del 49”, entre otros títulos. La música es obra de Richard Band, quien realizó una partitura muy deudora del tema de “Psicosis” del músico Bernard Hermann, lo cual le trajo más de un problema que posteriormente fue solucionado.

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“Re-Animator” es una pieza clave del cine de horror de la década de los 80, cuenta con el “mad doctor” más famoso del cine fantástico moderno, y es toda una muestra del encanto de la serie B, hecha con pocos recursos, pocas virtudes formales en opinión de algunos críticos sesudos, pero, innegablemente, hecha con muchísimas ganas y un verdadero amor por el trabajo realizado.

Por Enrique Rodríguez


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Vadim, Malle, Fellini – Historias Extraordinarias (Histoires Extraordinaires, 1968)


El descubrimiento de nuevas visiones donde Poe es un compinche, un ícono ente perturbadoras conexiones.

Con el buen antecedente de haber visto a Roger Corman plasmar su visión de Poe en el cine, me animé a  ver estos cortos agrupados en una colección de Cine de Culto: tres adaptaciones de Poe por tres directores, donde por nombre de enseguida el de Fellini llamó toda mi curiosidad por verlo.

Pero el problema de estas colecciones, donde se agrupan distintos episodios, está en que la algunos sorprenden con la visión, técnica e interpretativa, acompañados de otros no tanto logrados  donde el orden en el que están dispuestos puede ser un riesgo. Esta colección de Historias Extraordinarias está compuesta por Metzengerstein, de Roger Vadim; William Wilson, de Louis Malle y Tobby Dammit de Fellini.

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El riesgo aquí no fue tan sólo en el orden dispuesto sino en el hecho primero de haber incluido el trabajo de Roger Vadim, quién es recordado más que por su trabajo cinematográfico por sus conquistas amorosas con tres principales actrices de la época a las cuáles él conquistó y dio a conocer: Brigitte Bardot, Catherine Deneuve y Jane Fonda. La adaptación que hace de Metzengerstein sólo queda como una tediosa certeza que Roger Vadim estuvo más cerca de las mujeres que del cine. Jane Fonda, quién protagoniza la historia tampoco deja mucho por valorar salvo su figura y encanto que Vadim lograba plasmar con un erotismo perfilado en un ambiente de glamour y sensualidad. Aspectos realmente cinematográficos ni siquiera podría mencionar porque esta cinta está alejada de esos verdaderos conceptos, podría decirse que lo intenta sin ningún logro.

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La gran sorpresa de esta colección para mí, es sin duda la que Louis Malle propone con una verdadera visión macabra de esta historia de Poe. Esta adaptación de William Wilson es notable desde la primera toma. El estilo de Malle te jala hasta hacerte caer en la contemplación y complicidad con lo que está pasando. Edición muy bien lograda con una fotografía adecuada  para el ambiente en el que esta historia que trata el tema de Doppelgänger, nos genere siempre la expectativa de un nuevo suceso.

Para eso también ésta historia cuenta con uno de los actores franceses que se convirtió en un ícono de todo el cine europeo: Alain Delon, quien deslumbra por su semblanza y exquisita actuación que en una escena con la reconocida Brigitte Bardot llegan a una elegancia sombría donde las tensiones se contraen en el placer de una expectativa aterradora. Y expectativa no sólo hacia el final de este mismo corto sino también hacia la siguiente adaptación ¿cómo sería entonces ahora la de Fellini?

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Y esta pregunta abarcaba en ese momento varios aspectos. Primero pues ¿Fellini y Poe? Es como un mundo abismal entre ellos y ¿cómo entonces habría de verlos a los dos vinculados por este cortometraje, que incluso propone la adaptación de uno de los cuentos menos reconocidos de este escritor extraordinario que originalmente en inglés se tituló Never bet the devil your head?

Fellini empieza marcando territorio titulando a la adaptación Tobby Dammit interpretado por cierto por un espléndido Terence Stamp (General Zod en Superman, La película y muchos otros roles después) que personifica y resalta en su rostro y gestos todo lo onírico, tenebroso y fantasmal que nos liga a Poe. Sin duda esta adaptación que Fellini hace da un paso hacia el otro lado de las dos anteriores porque marca con rudeza su diferencia estilística y la intención concreta de Fellini por experimentar en un sentido oportuno algo más vinculado con la experiencia personal.

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Y es complicado darse cuenta ya que uno está a la espera de ver un Poe por Fellini y no un Fellini tocado por Poe. Tobby Dammit es un personaje relacionado al cine que llega en decadencia a un lugar casi kafkiano donde toda la tensión simula ambientes proyectados de la misma psique del personaje dejando a relucir quizás la misma situación que al propio Fellini llevaba a realizar esta adaptación, pues luego surgió Satyrición, compleja muestra de este director en tono de introspectivas creativas.

Poe hace una sátira de la situación de un escritor en el 1800, la supuesta libertad e imaginación, el pulso creador de un escritor que Poe con su brillante estilo conjura entre alucinaciones y sombras, y Fellini encuentra en eso el mejor pretexto para animarse a verse a sí mismo de una forma macabra como lo hace en su adaptación.

Los elementos de vacío, ruidos e imágenes perturbadoras logran la sensación de no saber exactamente qué es lo que se está viendo, se piensa sin duda que es algo más de Fellini por Fellini y si bien no es una adaptación como podría esperarse de Edgar Allan Poe, es un episodio estremecedor de éste director que nos ha dado tan buenas películas.

Historias extraordinarias, un paso más en esta historia que Poe va dejando más allá del papel. Paso que trajo consigo buenas consecuencias.

Por Beatriz Torres


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Roger Corman – La Caída de la Casa Usher (House of Usher, 1960)
El despegue de Corman y su serie legendaria sobre Edgar Allan Poe

Quién haya leído los cuentos extraordinarios de Poe, sabrán que lograr la realización audiovisual de sus temas es un reto encantador que seduce a cualquiera. Y así fue para Roger Corman, director que empezó con producciones terroríficas de bajo presupuesto y  que en 1960 dio a luz la adaptación que hizo para el cine de uno de los mejores cuentos del escritor estadounidense “La caída de la casa Usher”.

Este cuento de Poe abarca sensaciones y detalles magníficos, en sí en la narrativa como también en los detalles psicológicos que junto con el inmenso toque fantástico, se vuelven en las pinceladas más barrocas de la historia. También en este cuento los elementos autobiográficos saltan a la vista como quizás en ningún otro: las relaciones familiares anormales entre situaciones macabras. Cada aspecto más espeluznante que el otro, aspectos que Corman tradujo a su propio lenguaje, el cuál utiliza con finura en la elaboración de sus personajes, los cuales en su comportamiento psicológico desarrollan todo el terror que para esa época era el peor monstro que  podía verse en la pantalla, además sin duda, de la propia casa Usher, personaje estático (casi) que en su magnitud gótica deslumbra y genera las sensaciones más aterradoras.

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El miedo a la muerte, la obsesión por las enfermedades mentales son asuntos pendientes que los personajes de Corman en su libre interpretación de Poe, tienen que sobrellevar en una casa llena de tristeza, donde todo sentimiento es agobiante. Corman decide utilizar la historia de Poe para recrear la película con una mayor participación de sus personajes, provocando aún más la interacción entre ellos para generar conflictos punzantes, tensiones y el suspenso adecuado para quién ve la película. Para eso Corman consiguió a nada menos que a Vincent Price, conocido desde los años 50 por sus íntegras participaciones en películas de terror, quién desde “La caída de la casa Usher” se convirtió en el actor predilecto para las futuras adaptaciones que hiciera Corman de los distintos relatos de Edgar Allan Poe.

Vincent Price es la pieza master de esta película, con una serenidad forzada por el propio pánico, la voz que con su matiz pausado da escalofríos que acompaña esa sensación de querer cerrar los ojos cuando en algunos primeros planos la mirada que Roderick lanza es insostenible por lo bien que este actor se involucra con el personaje. Roderick Usher es el eje, el cimiento de la casa, el que debe venirse abajo más no por él mismo y sus preocupaciones misteriosas, enfermizas e incestuosas. Ahí está Madeline, la pequeña y última dama Usher que genera entre su hermano y su comprometido quién llega a visitarla, una serie de debates tenebrosos  acerca de la casa y sus “deseos”, del mal que agobia a todo el perímetro y del cual no se ha salvado Madeline, quién en su alma anida todas las últimas malicias de la historia familiar.

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Corman aún así con el bajo presupuesto que consiguió logra con ingenio utilizar cada efecto necesario que hace de la película una de las mejores en su género y que cautiva por su lograda fotografía en colores un tanto psicodélicos por momentos, pero que consiguen un buen contraste con las imágenes en un casi blanco y negro o algunas otras en tonos oníricos. Ese es un detalle, lo cromático de Corman, que no sólo se limita a recrear paisajes y tomas. Lo está también en los personajes que forman un triángulo no sólo conflictivo en el guión, sino también en lo que se trata su interpretación psicológica. Para eso vemos desde un comienzo a un Roderick vestido de rojo intenso, a Madaline de blanco así como el tono de su piel y a un Philip Winthrop (el visitante) vestido de azul, el equilibro probable entre ambas cualidades opuestas. Sin duda esto fue bien utilizado por Corman porque con el bajo presupuesto no conseguía variedad de vestuarios como tampoco de escenografía.

Para ese tema Corman, en función también de productor, tuvo el gran ingenio de llenar los vacíos o tapar accesorios de rodaje, con el bien usado elemento de la neblina. Una neblina que en su insistente aparación sólo nos deja más sensaciones de misterio y angustia. Todos estos elementos encajan entre sí con el nerviosismo que produce al espectador con su juego de cámaras, movimientos simples de travelling o seguimiento exhausto de cada personaje, acercamiento a primero planos que rápidamente se entrecorta con la otra imagen, detalles que hace delirar en el terror de lo que aún no se sabe qué pasará. Pero en ese aspecto creo yo que hay dos momentos cumbres donde esos elementos y formas llegan a su cúspide. La primera en un seguimiento de Winthrop a Madeline, escenas que nos llevan al corazón de la casa Usher, con imágenes estremecedoras y bien logradas en ritmo y en línea narrativa. Y la otra la parte onírica por parte de Winthrop que ya sometido a las alucinaciones provocadas por tanta estimulación tenebrosa lo sumergen en un sueño aterrador y visionario donde las siluetas, formas y colores logran en nuestra reacción la irremediable desesperanza.

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La película fue mejor de lo que esperaba, sin duda hay que trasladarse a la época y sentirse un poco más indefenso y dispuesto a encontrar en detalles como sonidos fantasmales primarios o efectos entrecortados y simples, un momento de terror alejado a lo que puede haber sido leer el cuento primero, pues sin duda no hay que pensar que Corman traspasó el cuento a la pantalla. A la vez hay que dejarse seducir por esos toques de notas de suspenso, la musicalización de lo aterrador que nos puede sonar hasta sonso pero que están bien dispuestos en armonía con cada parte de la historia. Esta fue la primera que hizo Corman, como les dije, en sus adaptaciones de Poe, le siguieron muchas otras: El péndulo de la muerte (1961), El cuervo (1963) y la Máscara de la muerte roja (1964).

Corman es un director que conocí casualmente averiguando un poco más acerca de directores contemporáneos y sus inicios, pues Corman trabajó con muchos de los directores que empezaban su carrera y que ahora conocemos como grandiosos hacedores de películas, entre ellos Martin Scorsese quién hizo una de sus primeras películas por encargo de éste (Boxcar Bertha) así como también se inició con Roger Corman el en ese entonces joven Jack Nicholson quién interpretaba roles secundarios además siendo hijo de uno de los creadores de la A.I.P por sus siglas en inglés, la productora que accedió a realizar esta película con recelo pero que después con el éxito de Corman, ambos continuaron entusiastas con las siguientes producciones.

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Esta película no es para fans de Poe, lo es también, pero lo es principalmente para los que encontramos en el cine la magia de crear a pesar de todo y justamente por todo eso seguir creando. Una película de serie B que merece verse olvidándose la categoría más sí concentrándose en detalles del ingenio y el ojo para hacerte sentir tres cuartos de miedo mientras comes tu popcorn.

Por Beatriz Torres