Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Noticine

Guy Maddin, viajero en el tiempo

Guy Maddin

“Tengo una fantasía en la cual viajo atrás en el tiempo para robar las películas de otros directores, conformando así una gran filmografía propia. Resulta como una transfusión de sangre: no quieres tomar tanta como para matarlos o incluso debilitarlos, solo la cantidad justa para poder obtener beneficios, permitiendo que continúen viviendo repletos de sangre.”1 Esta declaración de intenciones, vampíricas, nos vale para iniciar un recorrido que creemos interesante por la vida y la obra del director canadiense Guy Maddin, durante el cual comprobaremos cómo lleva a la práctica, entre otras cosas, esta extraña fantasía para revertirla en cada una de sus obras en un acto creativo autónomo y personal. Esa sangre robada será perfundida al interior del viajero en el tiempo (Time Traveller) sin posible rechazo alguno ya que, continuando con la metáfora sanguínea, nos encontraremos ante el cineasta como receptor universal AB(+). El reciclaje constante de referencias mediante un bricolaje que roza la simple artesanía será uno de los motivos más visibles en su obra, tal vez el más reconocido en la actualidad, pero ni único ni mucho menos primario; intentaremos verlo según avancemos en el relato.

Brand Upon the Brain!

Tras algo más de treinta películas, de las cuales menos de un tercio son largometrajes, Guy Maddin se dirige de manera inevitable a un amplio reconocimiento mundial, traspasando así las frías fronteras canadienses y su provinciano lugar de nacimiento y residencia. Esta afirmación resulta arriesgada una vez que se conoce una filmografía que lo sitúa como un realizador al margen de corrientes y sistemas de producción industrial. Dos décadas de trabajo que la están sirviendo para estrenar películas en festivales de primer orden (Berlín), lograr galardones en otros de categoría inferior (Sitges), preparar espectáculos en vivo (Brand upon the Brain!) y ser solicitado por escuelas, universidades, documentalistas e investigadores; todo sin renunciar a unas señas de identidad tan acusadas como por momentos anacrónicas y que elevan, así, el grado de extrañeza citado: Maddin es un objeto fuera de su tiempo, un ciudadano de Opar, que tan pronto encontraremos habitando en el Museo como en la Televisión, en la Vanguardia más experimental o en la acera de enfrente en la Institución. Eso sí, su condición de nómada no será física: siempre lo encontraremos en Winnipeg, Manitoba, en el mismo corazón de Canadá.

Nuestro protagonista venía al mundo el 28 de febrero de 1956 en Winnipeg, Manitoba. El pequeño de cuatro hermanos tendría en ese periodo de infancia y crecimiento algo más que el simple desarrollo y aprendizaje natural humano para, con el paso de los años, convertirse en fuente e inspiración de su labor creativa. Descendiente de aquella comunidad de islandeses que emigraron a finales del siglo XIX (1875) desde su inhóspita tierra para establecerse a orillas del lago Manitoba, Guy Maddin es hijo de Chas Maddin un arisco, distante, tuerto,2 reputado entrenador y hombre de negocios del hockey hielo y de una madre algo posesiva, Herdis, encargada de un salón de belleza, negocio familiar3 de su hermana. Maddin amasó en su mente desde jovencito una mezcla atípica, una ambiente familiar a caballo entre la frivolidad del citado salón materno y la rudeza del hockey, entre el suave cepillo y el recio stick, del sudor al perfume, del puck a la pastilla de jabón, de las duchas y vestuarios varoniles a los secadores de cabello femeninos.

My Winnipeg

El resultado, macerado con el suicidio de su hermano mayor Cameron4 cuando Maddin contaba con apenas siete años, acabaría por conformar una atmósfera obsesiva y ecléctica, llena de rituales morbosos y nada ajena a la represión y el trauma. La tranquilidad, el sosiego y la placidez del marco geográfico, en lugar de ejercer como contrapeso a esa poderosa suma de fuerzas las aumentó, ayudando a dar efervescencia a esa sopa primordial más propia de un turbio crisol de bruja que de un manantial canadiense. En la apacible ciudad de Winnipeg habitaba un oscuro poder, la mente del pequeño Guy bullía como si el espíritu de Frank Booth anduviera de nuevo suelto: Winnipeg se hermanaba con la Lumberton de Blue Velvet.

La infancia de Maddin, dejando de lado ese inquietante caldo de cultivo, discurría, entonces, dentro de una normalidad sorda amplificada por el silencio y la quietud suburbanos de una ciudad con la que siempre mantendrá una relación especial y pendular, entre el amor y la crítica feroz5. Lejos de resultar un niño inquieto y activo Guy no demostraba tener ninguna afición o ejercicio especiales a los que dedicarse y se limitaba a pasar el tiempo de acá para allá junto a sus amigos del lugar con los que formó esa especie de club secreto a los que tan dada es la juventud; los Drones6, cuyas andanzas suponen otro vínculo afectivo ineludible durante muchos años. Estos, además de rellenar el tiempo de infancia y juventud, le proporcionarán amistades y aficiones que en momentos concretos encaminarán en buena medida su vida posterior.

My Father is One Hundred Years Old

Maddin, en verdad, era un poco holgazán y según sus propias palabras tan vago que ni siquiera hubiera tenido las ganas suficientes para jugar a las videoconsolas de haber existido durante aquellas décadas de los 60 y 70 del siglo XX. Su pasatiempo infantil favorito era mirar los santos, coger libros, revistas o álbumes familiares para repasar las fotografías que los ilustraban. Y si levantaba la vista tal vez era para entrever alguna emisión televisiva del país vecino, las cuales por lo general llegaban con más interferencias que claridad. Esa primera imagen de un televisor con la imagen fluctuando, llena de nieve, desenfocada y brumosa, pasada por el tamiz mental de un niño, difuso por tanto, nos puede ofrecer un primer impulso para el acercamiento al imaginario del director canadiense, una iconografía que llevará a Maddin al encanto por las imágenes deterioradas y filtradas. Velos, nieve, telas y niebla: la imagen impura y herida generadora de múltiples significados: motor principal de la imaginación. Rasgo, por otra parte, refractario en el audiovisual hoy dominante marcado por la imagen digital impoluta.

La lectura, entonces, no ocupaba sus horas y con el tiempo tampoco parecía implicarse en labores creativas o intelectuales. Se alimentaba visualmente con las mismas películas que cualquier joven de su tiempo, esto es, las producciones de la Hammer, las de la factoría Corman y las siempre socorridas sesiones dobles a base de adorables monstruos de serie Z. Nuevos ingredientes que añadir a un caldo que tardaría ya poco en romper a hervir; sin apenas darse cuenta el crisol estaba alcanzando el punto exacto para que el brebaje fuera efectivo.

Archangel

Licenciarse en Económicas de manera rutinaria en la Universidad tampoco fue el estímulo o catalizador definitivo, serían una nueva serie de acontecimientos los que acabarían por establecer el primer punto de inflexión tanto dentro de su vida cotidiana como en su faceta creativa. Maddin es padre a la temprana edad de 22 años y cercano en el tiempo, asociado directamente como momento vital decisivo, muere su propio padre. Situaciones que sacuden su apacible discurrir emparentado por él mismo con el vitellonismo felliniano, esa unión de gandulería, picaresca, amistad y talento desaprovechado que los americanos denominan slacker. No faltan las anécdotas en ese sentido ni la constatación, por aquellos que compartieron ese periodo, de ese modo de vida despreocupado, ligero y sin horizonte definido. Trabaja luego como archivero en los Archivos Provinciales y allí, sepultado literalmente por imágenes de otros tiempos y en medio de la oscuridad, alcanza una extraña habilidad para fechar fotografías antiguas, muchas de ellas deterioradas, en mal estado o directamente rotas, emprendiendo su particular viaje al pasado. La experiencia física le resulta tan profunda que llega a calar en una mente que ya la sabíamos cercana al big bang: “I was literally thought it was the twenties all the time”.

Las inquietudes intelectuales también convergen en el tiempo a punto de abandonar la veintena, Maddin empieza a interesarse por el ambiente cultural de Manitoba hasta dar con dos profesores de cine capitales para su desarrollo creativo a partir de ese momento: George Toles y Stephen Snyder. El primero le encauza por una serie de recomendaciones y lecturas “adultas” y el segundo por su particular mundo visual, el de un cineasta amateur, bizarro y experimental. De esta manera, empieza a sentir la necesidad de dar salida al magma mental mientras intenta escribir y mientras descubre, con profunda fascinación, algunas obras del cine mudo a través de su amigo Drone John Boles Harvie, cuyo entusiasmo arrastra a Maddin a ver algunas películas de Erich von Stroheim, Buster Keaton, del Surrealismo europeo de los años veinte con Man Ray y Luis Buñuel al frente y la serie de Kevin Brownlow “Hollywood: A Celebration of the American Silent Film”, en la que los arcos voltaicos de aquellos rodajes deslumbraban y seducían tanto como la profunda voz del narrador, James Mason.

Cowards Bend the Knee

Junto a otro colega, el también cineasta canadiense John Paizs, gastaría fines de semana de los últimos 70 e inicios de los 80 viendo películas, y dándole al whisky, en casa de Snyder. Películas maltrechas de tanta generación de copiado, de cambio de formato (de 16mm. eran filmadas a vídeo directamente desde la pared, dentro de éste tiraban copias, etc.) y del uso intensivo de las bibliotecas. El entusiasmo era en ocasiones hasta problemático para el anfitrión quien recuerda cómo muchas mañanas se levantaba y allí seguían aquellos chalados comentando tal o cual escena. A principios de los 80 y adelantándose a Maddin, John Paizs comenzará a rodar mediometrajes extravagantes y cómicos en los que Maddin llega a actuar, como en el caso de The International Style (1983) donde interpreta, travestido, a una enfermera demente y asesina. Paizs alcanzaría un éxito inesperado con su primer largometraje, Crime Wave, poco después en 1985.

Maddin estaba definitivamente y sin remedio enganchado al virus del cine, es más, éste ya se había extendido por todo su cuerpo haciendo de la expresión de dicho estado una necesidad fisiológica y mental. No había tiempo para nada más, no podía posponerse, el volcán estaba en erupción. Comienza, pues, su vida creativa en la barrera de los treinta, al tiempo que este dossier que nos servirá par conocer gran parte de una obra contracorriente, vital, fresca y vigorosa como pocas, todo lo contrario de lo que en principio pueden transmitir sus maltrechas y degradadas imágenes.

Roberto Amaba

  1. Vatnsdal, Caelum, Kino Delirium, the films of Guy Maddin, ARP, Winnipeg, 2000, pág. 127. []
  2. Curioso el relato sobre cómo perdió el ojo, entre la leyenda, el terror de serie B y la comedia loca: todavía niño y mientras su madre lo abrazaba con ansia, un broche en el pecho de ésta se incrustó fatalmente en el ojo de su querido y achuchado hijo []
  3. Su propia madre explica, maqueta del edificio en mano y durante una secuencia de Waiting for Twilight, el documental de Noam Gonick, cómo su casa y la habitación de Guy se encontraban pegados al salón de su hermana, la tía de Maddin, Lil. []
  4. Al parecer con una pistola y sobre la tumba de su novia recién muerta, a los 16 años de edad. []
  5. A la espera de comprobar tal estado en el momento actual cuando se va a estrenar su documental-fantasía sobre la misma: “My Winnipeg”. []
  6. Para un relato del propio Maddin sobre el grupo: The Engendering of the Drones (Apéndice II) en Vatnsdal, págs. 133-136 []

Norteado gana el premio de la Asociación de Prensa Cinematográfica (Apreci) en el Festival de Lima

La Asociación  de Prensa Cinematográfica (Apreci) eligió el día de ayer a la cinta Norteado de Rigoberto Perescano como la mejor película de ficción de Festival de Lima – XIV Encuentro Latinamericano de Cine. El jurado de Apreci estuvo conformado por los reconocidos críticos de Cine:  Gabriel Quispe, Sebastián Pimentel y Mario Castro Cobos.

César Guerra Linares

José Sarmiento Hinojosa

CINERASTAS


Bruno Schleinstein (1932-2010)

Bruno Schleinstein, o más conocido entre los cinéfilos como Bruno S., nos ha dejado a mejor vida. El genial protagonista de El Enigma de Kaspar Hausen, y Strosek, dos fabulosas películas del director alemán Werner Herzog (quien escribió el segundo film especialmente para él en cuatro días) ha dejado de existir el 11 de Agosto por una falla cardiaca, dejando un vacío en los corazones de quienes apreciamos su exquisita sensibilidad y deliciosa locura.

Desde aquí, un recuerdo imborrable nos embarga. Vaya en paz, genio.

CINERASTAS


Entrevista: Armando Robles Godoy (In Memoriam)

Armando Robles Godoy nos habla de su vida, y de la muerte. Un pequeño homenaje de este humilde blog a uno de los creadores más importantes de la cinematografía nacional.

Por Benjamín Huamán de los Heros V. y Omar Awapara F.

Un día antes de la entrevista visitó Chosica, con Ada, su esposa, para celebrar su cumpleaños, y observó con nostalgia los cambios que la ciudad había sufrido, sentado en la misma banca del parque en la que se conocieron, hace 64 años. En una charla en la que el cine, el gran protagonista de su vida, se asoma y reaparece cada tanto, el también escritor Armando Robles Godoy enfrenta con naturalidad interrogantes y verdades no siempre benévolas, y admite –resignado– que el tiempo no le alcanzará para un nuevo proyecto fílmico. Robles Godoy, a sus 85 años recién cumplidos, conversó con Perú Económico y configuró así esta semblanza de su experiencia de vida.

Es un poco difícil conseguir sus películas. Quizá En la selva no hay estrellas, pero parece que La muralla verde no es fácil de encontrar.

¿La muralla? No, yo creo que está pirateada. Más bien el otro día, acá en la esquina, me han ofrecido Imposible amor, mi última película, a cuatro soles. Por supuesto que la compré (risas). No hay nada que hacer con la piratería. Es como el comercio de drogas, es algo incontrolable. Lo único negativo de la nueva tecnología es que ha facilitado la piratería. Cosa que no existía antes, porque la cinematografía era un arte muy efímero, fugaz. Solamente existía, en cuanto acceso al público, cuando se proyectaba en un cine. Pero por otro lado, veías una película una vez y bastaba para decir “ya la vi”. O sea, ¿te invitan a ver La Bohémey vas a decir “no, ya la vi”? La película se veía y se acabó. Ahora, viene el vídeo y te pone la película en tu casa; ha adquirido una permanencia en su relación con el público, y una persona culta tiene, al lado de su colección de libros, una colección de películas.

¿Qué relación mantiene con el cine en estos momentos?

Estoy desilusionado del cine, porque esto que está ocurriendo me ha debido suceder hace veinte años, pero lamentablemente me ha agarrado muy tarde. Ya no tengo tiempo. Ya perdí un poco las esperanzas de hacer una nueva película. Acabo de cumplir 85 años y hacer una película es una hazaña que implica más de cinco años, y yo no creo que viva más allá de eso, tampoco me lo voy a permitir. Sin embargo, estoy muy al tanto del cine, en este momento tengo dos talleres y creo que voy a abrir otros. Es una tarea que me produce placer, y también cierto ingreso, porque si no de qué vivo. Uno de esos talleres lo he armado en San Marcos, en La Casona, lo que significa una experiencia espiritual muy intensa, porque yo estudié ahí. Y volver a San Marcos, al mismo local, después de sesenta años, para enseñar, es algo muy lindo.

¿Qué opina de la nueva tecnología digital?

Lo interesante de esta revolución es que es la primera revolución tecnológica verdadera que se ha producido en el lenguaje cinematográfico desde que se inventó. No ha habido ningún cambio radical que se compare a éste. Ha habido mejoras, perfeccionamientos increíbles. Estoy totalmente de acuerdo con que hoy todavía es superior la reproducción tradicional de la imagen, pero no la del sonido. El sonido en la tecnología tradicional es una porquería; eso no se discute. Pero lo visual no.

La revolución no es sólo tecnológica, sino que también ha influido en la característica de la película. Ya las películas no son hechas para un visionario. Cuando tú hacías una película, sabías que fulano la iba a ver una vez. Si le gustó mucho, de repente la veía de nuevo, pero ahí se acababa, ya no existía más la película. Eso influye también en el aspecto creativo de ésta. Porque tú tienes la conciencia de que estás haciendo una cosa para ser vista una vez. ¿Y qué cosa es lo más importante en una película que va a ser vista una vez? El suspenso, el contenido del argumento, la historia. Lo demás es muy secundario. Ahora no. Ahora, se puede ver una película hasta quince veces en un año, y la ves echado en tu cama. El cine invadió la cama. Por muy cómodos que sean los asientos, mejor es una cama. Ese es el efecto de la tecnología digital.

¿Cómo fue su primera aproximación al cine?

Mi primer contacto personal con la cinematografía, no solamente como público, fue en Huánuco, con mi hermano Mario. Dos años antes de eso, yo había visto en un cine club en Lima, una película sueca que se llamaba La señorita Julia, basada en la obra teatral del mismo nombre de Strindberg, que yo ya había podido leer. Y fui a ver la película y me disgustó horrores. Estando en Huánuco, entonces, camino a Tingo María, estábamos los dos caminando por el parque, y mi hermano sugiere ir al cine, al único que había. Fuimos, y estaban dando La señorita Julia. Yo le dije que no, pero Mario es así como yo, todo grande y convincente, e insistió. Tú duerme si quieres, me decía, pero yo la quiero ver. Y la verdad es que no pude dormir. Salimos del cine los dos, pero flotando. Qué cosa hemos visto, pensábamos. Nos quedamos dando vueltas por el parque hasta la medianoche y después nos fuimos al cuarto del hotel, y seguíamos hablando de lo que habíamos visto. Fue impresionante, me dejó cojudo. ¿Tú sabes que hasta ahora no he podido volver a ver La señorita Julia? No la he encontrado. Pero el efecto que me produjo, sí. O sea, me dejó una semilla que después, pasado el tiempo, me hizo crear esa especie de frase, de las cuales estoy lleno, que dice: “Recordar es descubrir lo que verdaderamente ocurrió”. Y lo que verdaderamente ocurrió en ese plan tan ambicioso, tan aventurero de ir a la selva, no fue eso, sino fue simplemente mi contacto con el cine. Tanto con esa impresión que me causó La señorita Julia, como con la filmación de En la selva no hay estrellas y La muralla verde, que estuvo basada en mi experiencia ahí.

¿En qué parte de la selva estuvo?

Era por la zona del Alto Huallaga. El núcleo era Tingo María, donde había una estación experimental que dependía del gobierno. El plan, si no me equivoco, es anterior a Odría. Fue muy interesante, y además funcionó. Conseguimos un lote y nos fuimos. Éramos mi mujer y yo, y mi hermano Mario y su mujer. Esta aventura de pequeña colonización en la selva, allá por 1950, nos entusiasmó mucho, en parte motivada por la horrorosa situación política que se vivía durante la dictadura de Odría y esos generalotes. Era muy bonito, pero económicamente no funcionó. A los ocho años no nos volvimos exclusivamente por eso, sino que yo ya tenía un nombre. Sin moverme de la selva había ganado importantes premios. También había escrito una novela, La muralla verde, que después dio lugar a la película. De manera que estaba ya demasiado cargado de cosas y mantenerlas ahí, románticamente, como una especie de escritor aislado, era difícil.

También ejerció como periodista.

A raíz del premio que gané en La Prensa, se me abrió un poco la posibilidad de escribir una columna, que enviaba por correo, de temas generales. Y cuando me vine, conocí a Pedro Beltrán. Nos caímos bien, conversamos y me propuso trabajo. Estuve en La Prensacinco años como periodista. Llegué a ser director de la sección cultural y sociales, como se llamaba. Yo me reservé la crítica de cine. Esa era una época en la que la crítica cinematográfica se hacía por sorteo, se encargaba cada semana a un miembro de la redacción. Qué críticas habré hecho; felizmente hay que ir hasta la hemeroteca para buscar las cosas que decía (risas).

¿Qué lee en estos momentos?

Estoy escribiendo tanto en estos momentos que no tengo tiempo de leer. Acabo de terminar la revisión de la novela, que me ha tomado mucho tiempo. Después he terminado un libro de ensayos, titulado El problema de vivir. Además, otra novela inédita que acabo de terminar hace medio año y que está reposando para una revisión. Y otro libro de cuentos. El primero que edité fue Un hombre flaco bajo la lluvia, que salió en Matalamanga, y tengo otros doce cuentos listos. Tengo una cantidad de material que Balzac se avergonzaría. No necesariamente bueno, pero son toneladas de papeles. He aprendido a usar la computadora, sólo para escribir, por influencia de Marcela (su hija); lo que dio origen a una situación muy cómica, porque en mi escritorio yo tenía la computadora que me regaló, pero delante de ésta mi máquina de escribir.

¿Alguna lectura que lo haya influenciado?

En Nueva York, donde nací y donde viví hasta los diez años, en mi casa sólo se hablaba y se leía el periódico en español. Mi padre, incluso, nunca aprendió el inglés. Pero era muy cinemero, y desde que yo tuve seis o siete años, me llevaba al cine para que le tradujera las películas, a lo cual atribuyo yo gran parte de mi aproximación particular hacia el cine. Aprender el idioma fue algo que me dio esa experiencia, escribía en inglés en el colegio. Mi padre tenía una colección de clásicos, que yo leía como un desaforado. Textos de Platón, Sófocles, Eurípides. Qué cosa entendería yo de cada página, no sé, pero leía. Se me hizo el hábito, que luego creó el placer. Ese placer se enriquece luego con las lecturas de Víctor Hugo, Dumas, Flaubert, y más para acá, Huxley, hasta los modernos.

¿Y de poesía?

Con la poesía un poco que me he estancado, he avanzado en cámara lenta, con Vallejo. La impresión que me produjo Vallejo todavía no logro sacudírmela.

¿Recuerda usted su llegada a Lima por primera vez?

El viaje fue muy romántico, doce o trece días en barco. La llegada al Callao fue pintoresca, en un sentido filosófico. Yo era un poco precoz y cuando llegamos a Lima lo que llamó mi atención fue una serie de pintas en la calle que decían “Comunismo es traición, comunismo es robo”. Me acuerdo de que le pregunté a mi papá y él me dijo que no me preocupara, que ya iba a descubrir cosas peores. Después averigüé que era la reacción posterior al asesinato de Sánchez Cerro en el hipódromo. Estuvimos una semana en una pensión en el centro de Lima y mi mamá consiguió una casita con techo de dos aguas en Miraflores, en la calle San Martín. Ese fue el primer contacto verdadero; no el del centro, que fue muy urbano para alguien viniendo de Nueva York. Cuando llegué a Miraflores la cosa cambió, porque por primera vez vi un burro pasando por la calle, cargando unas bolsas, y le dije a mi mamá que quería montarlo. Y ella, que era un encanto, alquiló el burro y me senté en él, que me llevó derecho hacia donde le dio la gana, que fue el campo, bien cerca. De pronto me encontré en la naturaleza montado en un burro y ahí comenzó el cambio. Hasta los trece años vivimos en Miraflores. Pero entonces me vino una pulmonía, facilitada por el asma que tenía, y el médico ordenó cambiar de clima, así que nos mudamos a Chosica. Y ahí me quedé. Terminé mis estudios y me matriculé en la universidad de San Marcos.

¿Cómo fue la relación con su padre (el compositor Daniel Alomía Robles)?

Mi padre tuvo 10 hijos en su primer matrimonio, y dos, Mario y yo, en el segundo. Los diez primeros se quedaron en Nueva York cuando volvimos a Lima. De todos sus hijos, el único que mostró cierto amor por la música, la literatura, era yo. Entonces mi papá tenía la idea de que podía ser músico. Me comenzó a enseñar música, estudié piano, incluso seguí estudiando después de su muerte con Rodolfo Holzmann, que era muy amigo de mi padre. Pero no era mi vocación. Adoro la música, pero no. Cuando mi padre se dio cuenta de eso, me regaló una máquina de escribir y no me volvió a joder. Pero el contacto con mi padre sí fue muy intenso. Cuando murió, yo tenía apenas 19 años, pero igual fue una influencia muy poderosa en todo sentido, excepto en uno, que después también se arregló: el me decía que yo no tenía personalidad. Difícil para un muchacho de 19, pero, en efecto, por mucho tiempo yo fui el hijo de don Daniel. Un poco lo que le pasó también a Marcela conmigo, ella era la hija de Armando. Pero ahora no, ahora ya soy el papá de Marcela (risas).

Cambiando un poco de tema, ¿cómo ve al país en el 2021? Una vez usted citó una frase en su columna de El Comercio, que rezaba: “En todos lados se cuecen habas, menos…

…en el Perú, donde sólo se cuecen habas” (risas). Yo creo que el mundo se ha globalizado, inevitablemente, pero para mal. Esto es algo que le gusta repetir mucho a Marco Aurelio Denegri, citándome: “la especie humana ya mancó”. Y eso se me ha confirmado ayer, en Chosica. Es evidente que uno de los catalizadores de esa catástrofe es la superpoblación. Divides entre diez esto, y es el paraíso nuevamente. Yo creo que por eso fue que Jehová expulsó a Adán y Eva del Paraíso. Estaba más interesado en conservarlo. Creo que esa figura bíblica ha sido mal interpretada. No creo en lo de la manzana, el pecado, esas cojudeces. Yo no creo que Jehová haga cojudeces. Otra razón es que una de las características naturales de la especie humana es la estupidez, como hay otras buenas, pero es una de ellas. Son increíbles las barbaridades que uno puede observar. La carrera militar, por ejemplo. ¿Qué se le enseña a un militar? Estudia cómo matar a su semejante, cómo matar gente.

¿Se arrepiente de algo?

Te voy a repetir algo que dijo una vez un famoso tenor wagneriano, Lauritz Melchior, quien llegó a presentarse en Lima: “En mi vida he hecho muchas cosas malas y muchas cosas buenas, las únicas de las que me arrepiento son las que no he hecho”.

¿Y qué cosas no ha hecho?

Me arrepiento de no haber logrado una bisexualidad como yo la adivinaba. No homosexualidad, pero sí la bisexualidad. Recuerdo con mucha claridad que a los 15 o 16 años era posible. Por otro lado, me da pena no haber podido vencer todas las dificultades relacionadas con la creación cinematográfica, y no haber logrado cosas que no hice en mi mejor película, que quizá sea esa (señala un afiche promocional de Espejismo, colgado en una pared de la sala).

Sin embargo, recientemente la revista Godard! consideró La muralla verde como la mejor película peruana de todos los tiempos…

El lío es que La muralla verde es más bien “autobiográfica”, basada en acontecimientos personales, como la migración a la selva, y hecha con mucha emoción. Había una doble emoción en la realización de esa película. Por un lado, la emoción creativa del cine, que es muy difícil de convocar, ya que no es un fenómeno solitario sino multitudinario, rodeado de gente, de problemas ajenos, etcétera, durante la filmación. Después, durante la posproducción, ya no, gracias a que aprendí a manejar equipos para el montaje, la edición, el sonido. Trabajaba solo. La etapa de la filmación, que es supuestamente la romántica, es en realidad aburrida y muy lenta. Lo que me da pena es saber cosas ahora que antes no sabía, y con mucha claridad. Pero es tarde.

¿Por qué? ¿Usted qué piensa de la muerte?

Estaba esperando que llegáramos ahí, yo iba a llegar a eso aunque ustedes no lo hicieran. La muerte es mi única meta. No hay nada que hacer.

Estuvo cerca de alcanzarla hace unos pocos años…

Sí, estuve muy mal, y eso lo que hizo fue reforzar de una forma emotiva esta concepción. Estuve internado seis meses en un hospital. Pero para mí la muerte es una meta. He tratado, infructuosamente, de formar un grupito, llamado irónicamente “de la buena muerte”, pero me encuentro con que el miedo a la muerte propia es muy poderoso. Tuve un contacto con Mariano Querol, quien comulgaba con estas ideas, pero no funciona. A pesar de todo, no tiro la esponja. La muerte es solitaria, pero el proceso de enfrentar la muerte y de decidir cómo y cuándo se va a morir uno requiere de un intercambio de opiniones con esa absoluta libertad respecto del miedo a la muerte. No le tengo miedo a la muerte, pero sí le tengo miedo a la agonía. Esa sí la he olido, y así no me gustaría morir de ninguna manera.

Publicado en la edición de febrero del 2008 en Perú Económico


In Memoriam: (1923- agosto de 2010)

Lamentablemente nos acabamos de enterar del fallecimiento de Armando Robles Godoy. Los cinerastas nos sumamos a las condolencias a todos los familiares de Don Armando Robles Godoy. Descanse en paz, Don Armando.

César Guerra Linares

José Sarmiento Hinojosa

Los Cinerastas


Ayuda para Armando Robles Godoy

Armando Robles Godoy

Rebotamos esta noticia urgente para todos nuestros lectores:

<<Hoy, Fiestas Patrias en Perú, me aboco a noticias nacionales, aunque no sean las mejores. El gran Armando Robles Godoy, escritor y directorde obras notables y olvidadas como La muralla verde, Espejismo o En la selva no hay estrellas, se encuentra muy mal de salud, internado -por ahora- en el Hospital Casimiro Ulloa.

La alerta la dio Elvira De la Puente a través de un correo electrónico que ha circulado por algunos foros, pero lamentablemente por ningún medio masivo. Copio la comunicación de De la Puente:

Amigos,

Quiero avisarles, lo antes posible, que nuestro queridísimo amigo Armando Robles Godoy, ha sido internado hoy en el “Hospital deEmergencias Casimiro Ulloa”, ubicado en la Av. República de Panamá 6355, San Antonio, Miraflores, para una evaluación médica luego de un atropello que sufrió en días pasados que ha mellado seriamente su salud encontrándose muy delicado.

Estoy segura de que muchos de nosotros querremos hacerle llegar, através de su familia, nuestras expresiones de cariño, de apoyo y cooperación, tan necesarias en estos difíciles momentos que esperamos Armando supere con la fortaleza que lo ha caracterizado siempre.

Un abrazo,

Elvira de la Puente

Para ayudar a don Armando se ha abierto una cuenta en el Banco de Crédito, a nombre de Marcela Robles, hija del cineasta. No es tarde para colaborar.

Cuenta débito ahorro soles Banco Crédito 194-19321064-0-25>>


Tercer Aniversario de los Cinerastas

Un día como hoy hace tres años se creó este nuevo espacio de crítica y reflexión cinematográficas. Celebramos un año más con la idea de seguir mejorando y hacer que más cibernautas tengan como referencia a este espacio virtual cinerástico.  El día sábado salimos con una renovada edición y les estaremos informando sobre las bases de la trivia que servirá para el concurso en el que regalaremos dvds. ¡Salud con todos!

César Guerra Linares
José Sarmiento Hinojosa

Los Directores Cinerastas


La Teta Asustada ha sido nominada al Oscar como mejor película extranjera


MEJOR PELÍCULA

“An Education”

“Avatar”

“District 9”

“En tierra hostil”

“Malditos bastardos”

“Precious”

“The Blind Side”

“Un tipo serio”

“Up”

“Up in the Air”

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MEJOR PELÍCULA DE LENGUA EXTRANJERA

“Ajami” (Israel)

“El secreto de sus ojos” (Argentina)

“La cinta blanca” (Alemania)

“La teta asustada” (Perú)

“Un profeta” (Francia)

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MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN

“Fantastic Mr Fox”

“Los mundos de Coraline”

“The Secret of Kells”

“Tiana y el sapo”

“Up”

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MEJOR DIRECCIÓN

James Cameron por “Avatar”

Jason Reitman por “Up in the Air”

Kathryn Bigelow por “En tierra hostil”

Lee Daniels por “Precious”

Quentin Tarantino por “Malditos bastardos”

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MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA

Carey Mulligan por “An Education”

Gabourey Sidibe por “Precious”

Helen Mirren por “The Last Station”

Meryl Streep por “Julie & Julia”

Sandra Bullock por “The Blind Side”

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MEJOR ACTOR PROTAGONISTA

Colin Firth por “Un hombre soltero”

George Clooney por “Up in the Air”

Jeff Bridges por “Crazy Heart”

Jeremy Renner por “En tierra hostil”

Morgan Freeman por “Invictus”

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MEJOR ACTRIZ DE REPARTO

Anna Kendrick por “Up in the Air”

Maggie Gyllenhaal por “Corazón rebelde”

Mo’Nique por “Precious”

Penélope Cruz por “Nine”

Vera Farmiga por “Up in the Air”

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MEJOR ACTOR DE REPARTO

Christoph Waltz por “Malditos bastardos”

Christopher Plummer por “The Last Station”

Matt Damon por “Invictus”

Stanley Tucci por “The Lovely Bones”

Woody Harrelson por “The Messenger”

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MEJOR GUIÓN ORIGINAL

“Malditos bastardos”

“Un tipo serio”

“Up”

“En tierra hostil”

“The messenger”

.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO

“An Education”

“District 9”

“In the Loop”

“Precious”

“Up in the Air”

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MEJOR MÚSICA ORIGINAL

“Avatar” James Horner

“Fantastic Mr. Fox” Alexandre Desplat

“The Hurt Locker” Marco Beltrami y Buck Sanders

“Sherlock Holmes” Hans Zimmer

“Up” Michael Giacchino

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MEJOR CANCIÓN ORIGINAL

“Almost There” de “The Princess and the Frog” Música y Letra de Randy Newman

“Down in New Orleans” de “The Princess and the Frog” Música y Letra de Randy Newman

“Loin de Paname” de “Paris 36” Música de Reinhardt Wagner Letra de Frank Thomas

“Take It All” de “Nine” Música y Letra de Maury Yeston

“The Weary Kind (Theme from Crazy Heart)” de “Crazy Heart” Música y Letra de Ryan Bingham y T Bone Burnett

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MEJOR FOTOGRAFÍA

Avatar” Mauro Fiore

“Harry Potter and the Half-Blood Prince” Bruno Delbonnel

“The Hurt Locker” Barry Ackroyd

“Inglourious Basterds” Robert Richardson

“The White Ribbon” Christian Berger

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MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA

“Avatar” Art Direction: Rick Carter y Robert Stromberg; Set Decoration: Kim Sinclair

“The Imaginarium of Doctor Parnassus” Art Direction: Dave Warren y Anastasia Masaro; Set Decoration: Caroline Smith

“Nine” Art Direction: John Myhre; Set Decoration: Gordon Sim

“Sherlock Holmes” Art Direction: Sarah Greenwood; Set Decoration: Katie Spencer

“The Young Victoria” Art Direction: Patrice Vermette; Set Decoration: Maggie Gray

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MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO

“Bright Star” Janet Patterson

“Coco before Chanel” Catherine Leterrier

“The Imaginarium of Doctor Parnassus” Monique Prudhomme

“Nine” Colleen Atwood

“The Young Victoria” Sandy Powell

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MEJOR MAQUILLAJE

“Il Divo” Aldo Signoretti y Vittorio Sodano

“Star Trek” Barney Burman, Mindy Hall y Joel Harlow

“The Young Victoria” Jon Henry Gordon y Jenny Shircore

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MEJOR MONTAJE

“Avatar” Mauro Fiore

“Harry Potter and the Half-Blood Prince” Bruno Delbonnel

“The Hurt Locker” Barry Ackroyd

“Inglourious Basterds” Robert Richardson

“The White Ribbon” Christian Berger

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MEJOR MEZCLA DE SONIDO

“Avatar” Christopher Boyes, Gary Summers, Andy Nelson y Tony Johnson

“The Hurt Locker” Paul N.J. Ottosson y Ray Beckett

“Inglourious Basterds” Michael Minkler, Tony Lamberti y Mark Ulano

“Star Trek” Anna Behlmer, Andy Nelson y Peter J. Devlin

“Transformers: Revenge of the Fallen” Greg P. Russell, Gary Summers y Geoffrey Patterson

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MEJORES EFECTOS VISUALES

“Avatar” Joe Letteri, Stephen Rosenbaum, Richard Baneham y Andrew R. Jones

“District 9” Dan Kaufman, Peter Muyzers, Robert Habros y Matt Aitken

“Star Trek” Roger Guyett, Russell Earl, Paul Kavanagh y Burt Dalton

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MEJOR MONTAJE DE SONIDO

“Avatar” Christopher Boyes y Gwendolyn Yates Whittle

“The Hurt Locker” Paul N.J. Ottosson

“Inglourious Basterds” Wylie Stateman

“Star Trek” Mark Stoeckinger y Alan Rankin

“Up” Michael Silvers y Tom Myers

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MEJOR CORTOMETRAJE

“The Door” Juanita Wilson y James Flynn

“Instead of Abracadabra” Patrik Eklund y Mathias Fjellström

“Kavi” Gregg Helvey

“Miracle Fish” Luke Doolan y Drew Bailey

“The New Tenants” Joachim Back y Tivi Magnusson

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MEJOR CORTOMETRAJE DE ANIMACIÓN

“French Roast” Fabrice O. Joubert

“Granny O’Grimm’s Sleeping Beauty” Nicky Phelan y Darragh O’Connell

“The Lady and the Reaper (La Dama y la Muerte)” Javier Recio Gracia

“Logorama” Nicolas Schmerkin

“A Matter of Loaf and Death” Nick Park

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MEJOR LARGOMETRAJE DOCUMENTAL

“Burma VJ” Anders Østergaard y Lise Lense-Møller

“The Cove” Nominados por determinar

“Food, Inc.” Robert Kenner y Elise Pearlstein

“The Most Dangerous Man in America: Daniel Ellsberg and the Pentagon Papers” Judith Ehrlich y Rick Goldsmith

“Which Way Home” Rebecca Cammisa

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MEJOR CORTOMETRAJE DOCUMENTAL

“China’s Unnatural Disaster: The Tears of Sichuan Province” Jon Alpert y Matthew O’Neill

“The Last Campaign of Governor Booth Gardner” Daniel Junge y Henry Ansbacher

“The Last Truck: Closing of a GM Plant” Steven Bognar y Julia Reichert

“Music by Prudence” Roger Ross Williams y Elinor Burkett

“Rabbit à la Berlin” Bartek Konopka y Anna Wydra


APRECI SE MANIFIESTA SOBRE DEBATE EN LA COMUNIDAD CINEMATOGRÁFICA


La Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI) expresa su interés en el intenso debate que se ha generado en las últimas semanas al interior de la comunidad cinematográfica nacional.

Por distintas variables, el cine peruano está creciendo, por lo que también aumenta la necesidad de su colectividad de entender de la mejor manera su propio funcionamiento, lo que implica la gestión de Conacine, el organismo estatal que, dotado de fondos públicos, la representa oficialmente en el Perú y el extranjero.

Ante el explícito pedido de información proveniente de un sector de la comunidad, APRECI invoca a las autoridades cinematográficas, cuyo manejo institucional concita cada vez más la atención, a responder las interrogantes y entablar una comunicación cercana con sus representados, como factor clave del desarrollo integral y armonioso de la cinematografía nacional en su conjunto.

En esa línea, APRECI se dispone a realizar en el corto plazo un evento que sirva para exponer claramente, y con la mayor apertura, las visiones y posiciones que se superponen en nuestra compleja comunidad cinematográfica.

Lima, 9 de enero de 2010

Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica (APRECI)

Juan José Beteta – DNI 10788518

Diego Cabrera Berrocal – DNI 41307121

Mario Castro Cobos – DNI 08875544

Claudio Cordero Goytizolo – DNI 10589006

Jorge Esponda Jara – DNI 40045793

Leny Fernández Huerta – DNI 41047514

César Guerra Linares – DNI 10278648

Sebastián Pimentel – DNI 10274203

Rodrigo Portales Fidel – DNI 09600331

Erick Quispe Jara – DNI 42056619

Gabriel Quispe Medina – DNI 10280581

Luis Ramos Choqueconza – DNI 10143811

Laslo Rojas Contreras – DNI 40747806

José Raúl Sarmiento Hinojosa – DNI 41340196

Claudia Ugarte Valencia – DNI 40578652

WWW.APRECI.ORG


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