Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

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La Ficción Disfrazada de Terrorífica Realidad

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Tobe Hooper – Masacre en Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974)

Era el año de 1974. Muchos jóvenes norteamericanos se sentían atraidos por temas profanos y ciencias ocultas y daban cuenta de un extraño fenómeno, el cual desde los inicios de la década fue conocido como el inicio de la era de Acuario, la cual se considerada como un periodo de progresión en la conciencia humana, un cambio hacia nuevas perspectivas en la civilización y en la vida en nuestro mundo. Pero esto mismo llevaba a algunos a concebir el surgimiento de un nuevo temor. Esto era el inicio de una edad oscura. Esta extraña percepción del mundo se veia apoyada en la desconcertante realidad vista a través de las noticias, con las terribles imágenes del conflicto bélico en Vietnam, y la pérdida de vidas que en su mayor parte eran jóvenes combatientes. Duro golpe a la conciencia del pueblo norteamericano el cual produce un destacado matiz en aquel entorno: el del desencanto.

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El cine de horror es, en nuestra opinión, el mejor medio para expresar el innegable lado oscuro de la mente humana. En aquellos dias, lo terrorifico abandonaba su condición de espectro, de ilusión intrusa ajena a este mundo, donde el monstruo de escenarios góticos hacía su aparición como pesadillas nocturnas. Por el contrario, el terror dejaba la inspiración en los mitos clásicos y empezaba a alimentarse del lado más cruel de la realidad. Veamos un notable caso donde el horror se hace perturbadoramente muy posible.

El cineasta Tobe Hooper nació en Austin, Texas, en el año de 1,943. Empezó en la realización de largometrajes con “Down friday streets”, trabajo filmico que nunca llegó a cine alguno; poco tiempo después, su siguiente obra, un relato de ciencia ficción, se tituló “Eggshells”, la cual logró exhibirse en salas de Texas y Oklahoma. De este modo, afincado en las historias fantásticas, Hooper se embarcó en lo que es hasta el dia de hoy el mayor de sus logros.

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Un buen dia, el jóven director realizó una visita monótona a una de esas tiendas por departamento. Fue alli que su mente tuvo una inspiración única con tan sólo ver un simple artefacto: una bien equipada motosierra puesta a la venta. Si a ello añadimos el creciente interés de Hooper por la terrible historia de un asesino como Ed Gein, conocido como “el monstruo de Wisconsin”, es fácil deducir la rapidez con que su imaginación empezó a concebir una idea muy extraña. Junto al escritor Kim Henkel, se dio inicio a la confección de un relato realmente espeluznante.

Suele decirse que para todo aspirante a narrador creativo es siempre conveniente empezar utilizando aquello que nos es muy familiar, muy cercano o ampliamente conocido. Tobe Hooper situó su historia en su natal Texas, un punto lejano dentro de la gran Norteamerica, el Estado que llegó a tener hasta seis banderas y que logró finalmente su independencia de México y su anexión a los EE.UU en el año 1846. Durante el siglo XX Texas adquiere una gran importancia debido a su floreciente riqueza petrolífera, logrando de este modo una mayor aproximación a los intereses de la nación. De todos modos, la imágen de un territorio remoto y casi olvidado por la civilización no dejó de ser cautivante para buena parte del público norteamericano. Hooper sabía de ello y explotó al máximo esa visión en el largometraje que lo hiciera mundialmente conocido, imprimiendo un carácter inhóspito a esos poblados y a las desoladas carreteras, donde incluso la mascota del Estado, el pequeño armadillo, es un cuerpo triturado en el asfalto; todo puede pasar en estos lugares olvidados, sea de dia bajo un sol radiante o en medio de la más profunda noche; para la victima hay un total desamparo y para el victimario no existe ojo alguno que lo juzgue.

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Desde el inicio, la pelicula juega con esta idea. Bajo una siniestra oscuridad, el flash de una cámara es lo único que permite apreciar con horror el macabro espectáculo de una serie de restos humanos en descomposición, donde los cráneos desollados y sus dentaduras nos revelan la existencia de una monstruosidad que parece impregnar aquellos rincones y la atmósfera misma. Afuera, bajo la luz de un sol abrasador que asemeja un clima infernal, un cuerpo nauseabundo se aferra a una estatua, irguiéndose en medio del cementerio local como emblema de un reino de maldad. Esta presentación junto a los muy logrados créditos son la apertura perfecta para este clásico de la cinefilia terrorifica.

En plenos años 70’s, con el compromiso hacia el postmodernismo que se hacia relevante en todas las artes, Tobe Hooper demuestra que tambien sabe romper esquemas, no sólo presentando un típico film de horror, sino apostando por una propuesta que emplea un formato realista muy efectivo. La primera expresión en pantalla es el frio texto a modo de un reporte policiaco, que nos narra el caso de las misteriosas muertes ocurridas en el terrible incidente que a continuación vamos a conocer. La sola introducción de este informe, con fecha exacta de los hechos y con su aguda descripción que hasta le otorga un nombre propio al caso, llama la atención del espectador en ese juego que involucra su certeza acerca del grado de ficción de lo que está a punto de ver.

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El aparente realismo que logra este film se hace visualmente significativo en el empleo de un formato de carácter semi-documental, filmada en 16 mm., y algunos encuadres poco convencionales que la acercan a un trabajo improvisado. Sea esto menos intencional y más fortuito, el asunto es que funciona eficazmente en su cometido. Esta es la filmación del recorrido en camioneta de un grupo de protagonistas, la cual comparte con el espectador su sorpresa ante cada uno de los extraños sucesos que gradualmente se desencadenan. Las secuencias que sirven de preludio al tema central de la pelicula reflejan ese ambiente desconcertante y enfermizo con la avidez de un documentalista lleno de frialdad. El episodio con el enfermizo auto-stopista; los habitantes hallados en una parada, algunos sumidos en el completo abandono y locura; el malsano panorama de la fábrica de embutidos y sus nefastos ambientes; o las desoladas inmediaciones de la gran casona y su densa vegetación. Estos son momentos que conforman un extraño panorama con un objetivo: el conducirnos en forma sorpresiva por los caminos de la locura y el horror en su estado más delirante. Lo que sigue es una ruptura de esa seudo-realidad descrita; una visión de pesadilla que irrumpe violentamente, sin concesiones y dentro de la más completa perversión y crueldad.

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“La masacre de Texas”, o tomando literalmente su titulo original “la masacre con motosierra de Texas” es un film realmente impresionante. Es usual comentar acerca de su importancia fundamental para el posterior desarrollo del cine de horror norteamericano, el cual con el paso del tiempo empezó a ser cada vez más visceral y sanguinario. Sin embargo, cualquiera puede apreciar que esta pelicula apenas contiene estos elementos gráficos extremos y artificiales en cualquiera de sus momentos. La poderosa sensación perturbadora y decadente que reina muy especialmente al interior del matadero oculto es producto de un efectivo empleo de distintos elementos visuales: la escasa iluminación en las habitaciones, el ambiente de suciedad y degradación de sus rincones, la diversidad de objetos herrumbrosos, cortantes, y multiples desechos que sobrecargan el ambiente dentro del taller del matarife, los restos de vacas muertas que cuelgan en gran número y, por supuesto, la presencia del gigante asesino cuyo rostro deformado apenas lo cubre con un pedazo de piel muerta, es la imágen que se hizo muy representativa del cine de horror de los años 70’s, al lado de niños demoníacos o jovencitas poseidas.

“Leatherface”, o “Cara de cuero” en nuestro idioma, ocupa un lugar especial en esa galeria de personajes siniestros del cine de horror más emblemático. Gunner Hassen, el actor que lo encarnó, empleó mucho tiempo practicando el manejo de la motosierra, y aún asi se autoinflingió varias heridas accidentalmente. Algo similar le ocurrió a la jóven actriz Marilyn Burns, quien tambien sufrió considerablemente las condiciones del rodaje. En principio, la misma ficción no cabe en respeto alguno por el cuerpo humano, al cual muestra en forma impresentable (a los muertos, desollados, y a los vivos, despatarrados por los suelos en algunos casos), lo maltrata ferozmente cuando lo penetra con brutales cortes y laceraciones, y lo humilla al extremo en una secuencia realmente enfermiza, como es la famosa cena familiar, encabezada por ese abuelo que es un digno nosferatu, secundado por el padre de familia, otro loco de antología. Compartimos la desesperante visión de la jóven cautiva en su desconcierto absoluto acerca de la realidad del grado de maldad que tiene ante sus ojos.

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Esta pelicula de horror alcanzó una relevancia muy distinguida, logrando su aprecio en el Festival de Cannes y en el Festival de cine de Londres, ocupando un lugar muy especial dentro del Museo de Arte Moderno en los EE.UU. Atras quedó la durisima experiencia de su filmación, los problemas de dinero que enfrentaron, el esfuerzo agotador realizado para llevar a buen puerto el proyecto, donde Tobe Hooper, su equipo técnico  y el conjunto de actores, noveles y de escasa experiencia, donde, como suele ocurrir en estos filmes, lo importante es la credibilidad que aportan a los momentos de mayor tensión. Este grupo puso todo su empeño, dentro de sus limitaciones. Más de treinta años después, la fascinación que ejerce este filme continúa vigente, pues un par de nuevas versiones en ésta década no han hecho más que mantener la memoria de este clásico, importante impulsor de una nueva etapa del cine de horror.

Por Enrique Rodríguez


La supervivencia a ultratumba

George A. Romero – Diario de los Muertos (Diary of the Dead, 2007)

Un grupo de jóvenes universitarios estudiantes de cine está grabando una historia de zombies, como parte de su película, hasta que un noticiario informa de la presencia real de estos seres, a raíz de lo cual se desata toda la pesadilla que George A. Romero, el director neoyorquino de cintas clásicas de este género, y que ha popularizado el cine de zombies, se complace en presentar.

En El diario de los muertos Romero hace gala una vez más de esa afición apremiante por la temática zombi, e introduce a su película una mirada de tipo social, con resonancias políticas y mediáticas. El diario de los muertos es, en ese sentido, una suerte de film de protesta, casi contestatario, que hace algo de sátira y también de denuncia.

De George A. Romero puede decirse que es el fundador de este tipo de películas: un batallón de cadáveres con aspecto espeluznante y mucho apetito por devorar seres humanos. Su estilo ha creado toda una legión de seguidores, muchos de los cuales han imitado su estilo y han realizado películas de zombies. George A. Romero trabajó también con importantes directores como Dario Argento, maestro del cine de terror italiano, y es que Romero, desde muy joven, tuvo afición por esta temática.

Así, siendo muy joven, en 1968 reunió dinero para financiar La noche de los muertos vivientes, un clásico —ése sí— del cine de terror, una cinta fascinante que lo catapulta a la fama y que, tras sucesivos y exitosos reestrenos, pareciera condensar lo mejor que tiene Romero, pues luego de esta su ópera prima no son muy memorables sus posteriores entregas, aunque por su peculiar estilo hacer cine, películas como La tierra de los muertos vivientes (2005), El Rostro de la Venganza (2000), u otras más antiguas como El Día de los muertos (1985), Creepshow (1982) Zombie (1978), Martin (1977) Los Crazies (1973), La estación de la bruja (1973) han concitado mucha atención y expectativa.

El tratamiento visual que George A. Romero le imprime a sus películas es de una peculiar aspereza, y presenta situaciones viscerales, de una crudeza que raya con lo escandaloso. En El diario de los muertos, igualmente, el tratamiento visual es de una severidad deliberada, y la presentación de muchas secuencias tiene notorios parecidos con un videojuego.

El estilo narrativo de El diario de los muertos es de tipo retrospectivo. El total de la cinta es un extenso flash back que muestra al detalle todo lo que Jason (Josh Close), uno de los muchachos que aparece al comienzo grabando una película, decide registrar en su cámara desde cuando arranca la travesía. Casi nunca, sólo cuando no hay otra alternativa, doblegará en su afán por que se conozca lo que en verdad ocurrió: las personas que mueren reviven, por una causa inexplicable, luego de unos instantes, y se comen vivos a los otros. Sólo hay una forma de acabarlos: destaparles el cráneo con un balazo. Esa noticia se expande por todo el mundo como una epidemia, el caos impera y se desata el pánico.

Debra (Michelle Morgan), la enamorada de Jason, será quien lidere el grupo, pues ante el acecho de unos cadáveres vivientes que devoran humanos, todos buscan refugio. Lo que viene después será la decadencia, en particular, de un grupo de muchachos que busca sobrevivir en el reino del espanto, y, en general, la de una humanidad cuya debacle se torna inminente. A cada instante aumenta el número de muertos que reviven y se comen a otros que van muriendo, y se va así poblando el planeta de seres que se comen unos a otros.

La historia de El diario de los muertos transcurre en un solo día, desde la madrugada del 25 de octubre hasta el amanecer del día siguiente, y en el proceso es abrumadora la cantidad de información que en los medios de prensa y en Internet circula sobre el tema, y son miles los que acuden a ellos para enterarse qué realmente pasa y otros miles los que cuelgan videos y datos sobre el mismo asunto.

Insuficiente originalidad

Los muertos vivientes quieren representar también una metáfora, pues de momentos la película nos habla de lo que implica tener una cámara al hombro y registrar un hecho, y del compromiso de hacer llegar información a un público sediento de enterarse lo que en verdad ocurre. Es, se diría, algo así como la crónica de un reportero de guerra.

Ahora bien, tampoco es que El diario de los muertos formule una mirada profunda a los problemas sociales, ni aborde una temática de fondo, porque no es su objetivo. Lo que hace es contar una historia de zombies donde abundan los rostros deformes de ultratumba, la música intrigante, el misterio y el desconcierto, aunque no negamos que El diario de los muertos como película tiene algunos aciertos formales y algunas dotes de creatividad: la cinta es vista a través del lente de la cámara de Jason, de otra que encuentran casualmente y de una tercera que sólo un par en un par de situaciones grabará lo que ocurre (eso también funciona como alegoría). Así, en todo momento la cámara se mueve desde el hombro de quien la carga, dándole al film un aire de informalidad. Y ahí radica, quizás, el principal acierto de El diario de los muertos, en su originalidad narrativa, en la espontaneidad en que transcurre toda la película, que se va contando sola.

El diario de los muertos, sin embargo, carece de originalidad en cuanto al contenido, pues las historias de zombies están harto gastadas, y aunque la idea general es creativa, al final se incurre en lo mismo, y los recursos no cambian, ni los esquemas ni las secuencias ni las historias. Hay, pues, situaciones innecesarias y muchas escenas previsibles, igual que el desenlace (se recomienda, por eso, de todas maneras, la original de 1968). De lo que se trata es de innovar, de darle un giro distinto a lo que usualmente proponen las películas de este género. El diario de los muertos no cumple ese cometido y es, en ese sentido, más de lo mismo.

Tito Jiménez Casafranca


El Mago del Espanto: William Castle

Wiliam Castle (1914 – 1977) 

Pólizas contra una muerte por susto, advertencias sobre fantasmas que saldrían de la pantalla y se apoderarían del cine… Estos, y muchos otros más, son los extraños artilugios de un director que creó innovadoras formas de disfrutar el cine

Hubo en Norteamérica un cineasta de horror que entre los años 50 y 60 logró que la audiencia experimentara el cine de una manera inusual. En la proyección de sus películas los espectadores vieron en la pantalla esqueletos colgando de hilos, gritaron y se sobresaltaron de susto debido a que las butacas estaban electrizadas, recibieron pólizas garantizando la protección contra una eventual muerte por espanto, o tuvieron intervalos para escapar del cine por el intenso terror que supuestamente podían generar sus filmes. “Corran, voy a matar de miedo a América”, fue la frase más conocida de William Castle, uno de los más singulares cineastas del género de horror. Este es un recorrido de su vida, de sus más importantes películas, y de los más ingeniosos artilugios que llegó a perpetrar.

“Macabre”: el seguro de vida contra muerte por suicidio o espanto

William Castle desde pequeño siempre estuvo fascinado por las películas de terror. En 1929, cuando tenía la edad de 20 años, trabajó como asistente de dirección de escena en una gira teatral inspirada en el filme Drácula y protagonizada por Bela Lugosi. Poco tiempo después, ingresó a Columbia Pictures como director de diálogos, y entre 1945 y 1954 dirigió dramas costumbristas y filmes noir de bajo presupuesto.

En 1958, hastiado de ser un director de cine más en la industria, se inspiró en un exitoso filme francés llamado “Las Diabólicas” para realizar, con sólo 90, 000 dólares, una película que terminaría llamándose Macabre. Una vez estrenada, se anunció a los espectadores que al comprar la entrada estaban asegurados con una póliza de $ 1, 000 en caso de muerte por suicidio o espanto. A pesar de que el filme carecía del gran poder terrorífico que se sugería en el seguro de vida, esta treta publicitaria hizo de Macabre todo un suceso comercial. De esta manera, William Castle se convirtió instantáneamente en estrella.

“La Casa de la Colina Embrujada” y el efecto Emergo: los fantasmas salen de la pantalla

Posteriormente, Castle fue el director y productor de “La Casa de la Colina Embrujada” (House on the Haunted Hill, 1958), filme que tuvo como protagonista a Vincent Price. El creador de Macabre promocionó la película argumentando que ésta tenía un innovador efecto especial denominado Emergo, que se basaría en lograr que los fantasmas que aparecen en el filme salgan de la pantalla. En verdad, el truco consistía en lo siguiente: cuando en una zona del encuadre tenía que aparecer el fantasma, desde la parte superior de la pantalla se colgaba con hilos un esqueleto.

Entre las anécdotas que se pueden rescatar de esta película, se cuenta que en una de las funciones en que el esqueleto es colgado, un espectador le arrancó una pierna, lo que originó que el encargado de manejar los hilos, ofuscado, gritara “basta o no terminarán de ver la película”.

The House on the Haunted Hill significó la primera aparición del cineasta dentro de cada uno de sus filmes. En éstos, siempre se le veía al interior de una oficina, y lo que hacía era presentar la película y hablar sobre sus efectos especiales.

“The Tingler” y la sensación Percepto: las instrucciones de cómo prevenirse del monstruo

Al inicio del filme The Tingler (1959) -también protagonizado por Price-, William Castle aparece en la pantalla y advierte a la audiencia que gracias al efecto de la sensación Percepto todos los espectadores experimentarán la presencia del monstruo dentro de la sala, y que, en el momento en que eso suceda, escucharán una voz que les dará instrucciones para saber cómo ahuyentarlo.

Aproximadamente a la mitad de la película, las luces de la sala y la proyección se apagaban y las butacas empezaban a vibrar. Los espectadores, asustados, saltaban de sus asientos y gritaban, mientras que escuchaban la voz de Vincent Price que exclamaba incesantemente: “Griten, griten por sus vidas, el monstruo está suelto en este cine”.

La vibración de las butacas se debía a que éstas se encontraban equipadas con conexiones eléctricas, lo que generaba que la columna del espectador empezara a temblar. Sin lugar a dudas, éste fue uno de los más ingeniosos gimmicks creados por Castle.

“13 Fantasmas” y “Sr. Sardónico”: la ilusión-o y la votación de castigo

En “13 Fantasmas” (13 ghosts, 1960) Castle promocionaba el efecto “ilussion-o”, que supuestamente permitía ver a los personajes “invisibles” del filme mediante unos lentes “sobrenaturales”. La verdad es que, con o sin éstos, los espectadores podían verlos, sólo que un poco más claros que lo normal.

En la proyección de “Sr. Sardónico” (Mr. Sardonicus, 1961) se realizaba un supuesto juego interactivo: a la mitad de la película, Castle aparecía desde la pantalla y pedía a los espectadores que subieran o bajaran el pulgar para decidir el destino del villano, la audiencia procedía a cumplir con su pedido y él contaba los votos. En realidad, sólo se había filmado un final, y al descubrirse la mentira, el público pifiaba. Este tipo de hechos jamás llegó a significar que se agotara el interés por sus películas; la gente que asistía al cine ya sabía que ingresar al mundo cinematográfico de William Castle era participar en un original y divertido juego carnavalesco.

En otras películas, Castle también acostumbraba poner enfermeras en los vestíbulos para darles píldoras a los nerviosos y débiles cardíacos, además de conversar a la salida del cine con los espectadores y preguntarles qué les pareció la película y cómo les gustaría que fueran sus siguientes filmes.

William Castle murió en 1977 de un paro cardíaco, y su legado sigue aún vivo en el cine de terror contemporáneo: la famosa ópera prima de Wes Craven, The Last House on the Left (1974), se promocionó con afiches que incluían la frase “sólo diga para sus adentros es sólo una película, es sólo una película”, plagiada del trailer de un filme de Castle llamado Strait-Jacket (1964); un clásico del cine gore como Basket Case (1981) se hizo muy conocido porque, al proyectarse en Norteamérica, los espectadores recibían máscaras con el objetivo de que no les “salpicara” la sangre vista en el filme; Polyester (1981), una de las famosas películas trash creadas por John Waters, se popularizó porque en los cines la audiencia participaba de un juego llamado “Odorama”, que consistía en elegir y raspar, previa indicación en la pantalla, una de varias tarjetas, la cual permitiría que se oliera alguna pestilencia sugerida en la película; y, lo que sigue de esta lista de filmes influenciados por Castle, se resume en un larguísimo etcétera.

Castle fue considerado un buen director pero no un gran cineasta, ya que si bien sus películas lograban asustar, nunca estuvo a la altura de un Hitchcock o de un Powell. Él, más que un buen creador cinematográfico, fue un genial showman, un maestro de la publicidad del cine; pero, sobre todo, un visionario de la relación entre el espectador y la pantalla. Por eso es una leyenda.

Jose Carlos Cabrejo

Notas:

William Castle promovió un club de fans que llegó a congregar a 250, 000 miembros.
Joe Dante (Gremlins, Aullidos) perteneció al club de fans y lo homenajeó con el filme “Matiné”, en el que John Goodman interpreta a un director de cine de horror que, al igual que Castle, conversa a la salida del cine con los espectadores y les pregunta cómo les gustaría que fueran sus siguientes filmes.
• La última película que produjo Castle fue la famosa “El Bebé de Rosemary”. Inicialmente pensaba dirigirla, pero fue convencido de que la dirección debía ir a cargo de Roman Polanski.
• Cuando se proyectaba la primera película gore de la historia, Blood Feast (1963), su director, Herschell Gordon Lewis, inspirado en Castle, diseñó una campaña que consistía en entregar a los espectadores bolsas de plástico para que pudieran vomitar.


La Conciencia de los Vivos… y Muertos

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 Joe Dante – Homecoming (2005)

“Desde su muerte he tratado de que su sacrificio tuviese algún significado. Casey murió por un país que se preocupa más por quién será el próximo ‘American Idol’ que por cuántas personas más morirán en los próximos meses mientras demócratas y republicanos hacen politiquería.” (Cindy Sheenan ex rostro más conocido del movimiento estadounidense contra la guerra de Irak, hablando de su hijo).

No es extraño que los muertos vivientes de G. A. Romero trasciendan la ‘simple’ inflexión en la evolución del género de terror. Es, cuando menos, un ejercicio de reflexión con todas sus letras, porque ajenos a todas las vísceras y al divertimento gore, están las agudas críticas a nuestra sociedad tan suyas en su tiempo: Night of the living dead (racismo), Dawn of the Dead (consumismo), Day of the dead (nuestra naturaleza humana) y Land of the dead (el reflejo de USA y el resto del mundo).

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¿Son los zombies una buena demostración de terror cinematográfico o una excelente metáfora que funciona como un espejo de todos nuestros excesos, vicios y podredumbres?. Ambos. No sólo revivieron el género ni crearon escuela, los hombres muertos caminantes, con sus cuerpos reventados de llagas, náuseabundos y, por supuesto, muertos; se han colado en nuestra conciencia colectiva porque, precisamente, están allí para mostrarnos en qué hemos fallado y en qué nos hemos convertido. Cada pieza putrefacta de su cuerpo nos causa un rechazo, cada aullido de aliento cadavérico nos asusta, cada víscera arrancada de cuajo la recibimos con aversión. Pero lo que de verdad odiamos, es que no somos mejores ni peores que ellos.

Los zombies de Joe Dante (Gremlins) parecen herederos de esta máquina de ‘second thoughts’ impuesta por Romero, pero las diferencias son esenciales y es por eso que merecen un reconocimiento que los despega de la paternidad Romeriana: son zombies que ajustician y apuntan con el dedo. No vienen a devorar cerebros sino, directamente, a impedir que el presidente de derecha de Estados Unidos vuelva a ser reelecto. Por primera vez tienen una cara visible y es la del gremio de los veteranos. Soldados que pelearon en la guerra del Medio Oriente y murieron por motivos inexistentes. Joe Dante tira todo a la parrilla y toma partido político y social con esta historia. Apuesta arriesgada que, buscando nuevos paralelismos, Fahrenheit 9/11(Michael Moore) parece la principal inspiración. Estos muertos vivientes se transforman en unos activistas que no esperan más que cumplir el objetivo ya dado a conocer.

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La idea se aprovecha de los códigos televisivos para llegar a una masiva audiencia a través de la serie Masters of Horror. Con 2 temporadas a cuesta, ha sido alabada enormemente por la crítica y los seguidores del género (Cinema Scope le dedicó su portada n°25 y Cahiers du Cinéma no paró de hablar del capítulo luego de su estreno). Pero gracias a Dante, la serie tomó un ribete político que arrastró una gran polémica el 2005. A un año de la reelección de Bush, en la que no es sorpresa el parecido con el presidente de la serie; los zombies de Homecoming se esmeran en crear una conciencia de mea culpa sobre los estadounidenses.

La historia gira alrededor de la comisión que publicita la campaña del presidente de derecha con tres personajes interesantes: David Murch, Jane Cleaver y Kurt Rand. El primero trabaja para la administración del actual presidente y es el encargado de narrarnos los hechos y su propia transformación. Jane Cleaver es una escritora y analista política, republicana hasta los huesos, demuestra el peor de los extremos: discursos aprendidos, llenos de prejuicios y sellados con cuotas de pseudopatriotismo. Kurt Rand es el asesor frío y calculador que todo presidente de dudosa reputación necesita. Un verdadero manipulador de la prensa y de los votos.

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Esta fortaleza de fe y convencimiento fue creada a punta de discursos y efectismos. Todo se materializa en el ficticio show de tv ‘Marty Clark Live!’ donde los debates y análisis quedan a cargo de la eterna panelista Jean Cleaver. Las opiniones de esta última llegan a ser insoportablemente conocidas cuando Larry le pregunta sobre los pacifistas y opositores al actual Estado: “jóvenes llenos de acné y mujeres llenas de pelos, son feos, estúpidos y no tienen nada más que odio por nuestro país”.

Los personajes de derecha posiblemente se vean caricaturizados por Dante y por el guión. Son ambiciosos, decididos y en extremo arrolladores, no contrastan sus ideas y no buscan más que la supervivencia de una guerra con intereses creados. Sin embargo, se preocupa de redimirlos desde los hombros y la conciencia de David Murch. Un tipo que duda de sus discursos aprehendidos y que, sorpresa, suprime los recuerdos más dolorosos y de culpabilidad para mantenerse firme en lo que cree. Este es un punto más que interesante para analizar la naturaleza de los políticos en todo el mundo.

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David Murch es el catalizador de la vuelta de los veteranos muertos. En otra emisión de Marty Clark Live!, una madre llora la muerte de su hijo (emulando directamente a Cindy Sheenan) por medio de una entrevista en directo, luego de un abrupto corte por parte de la dirección del show de tv, David trata de justificar la guerra ‘inocua’ del presidente y es cuando desea que el hijo de la desconsolada madre regrese para contarnos que está orgulloso de haber peleado por su país, algo que permitirá que los soldados vuelvan a la vida, pero con una muy distinta misión.

El guión, que ganó el premio de Stiges 2006 al ‘mejor’ en esta categoría y el premio especial del jurado, nos reserva con humor negro e irónico, dos de las mejores escenas de Homecoming; cuando los zombies llegan y no se sabe de sus intenciones, Jane Cleaver y un reverendo, quien es presidente de una conservadora organización, se alegran de que estos muertos regresen. En sus pensamientos más retorcidos juran con alegría que vienen a ayudarlos con votos, pero una vez que ya conocen el objetivo de los zombies, sus comentarios se vuelven radicales y desesperados, anteponiendo a la República y su aparato democrático para impedir que sufraguen contra el presidente.

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En Homecoming hay escenas excelentes por su contenido, pero otras destacan por su carga visual apabullante. El momento preciso en que llegan los ataúdes envueltos con la bandera estadounidense a una base y en la que los soldados, ya convertidos en zombies, se levantan insurrectos y amenazantes. La secuencia termina con un sabor a compasión cuando uno de los soldados muertos se acerca al militar activo que le dispara a quemarropa, le toca el hombro y murmura: “Mantén la calma, soldado”.

Los zombies de Dante tienen voz y voto. Son entrevistados, transitan por las calles y le hablan a la prensa. Se confunden entre las personas y muchos de ellos los apoyan, gente que ha perdido a sus hijos en el Medio Oriente, se avergüenzan de su país y sus políticas exteriores o, simplemente, simpatizan con su mensaje pacifista. Es un trato distinto a los zombies, un poco dignificándolos, un poco humanizándolos. Otra diferencia con los hambrientos y voraces muertos vivientes de Romero.

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Es esta metáfora potente, la de los muertos que regresan para contarnos su versión de los hechos de primera mano y ajusticiar sus sacrificios y los de futuros soldados, la que se yergue con total actualidad, pero a la vez con pesimismo. Sólo un hecho sobrenatural puede parar la ola de fatalidad en el pueblo americano, los poderosos no darán su brazo a torcer bajo razonamientos y bajas. Noticias como la ocurrida el 30 de mayo: “El presidente Bush avisó que la nueva estrategia para la ocupación en Irak será más sangrienta y se pronostica una baja de 3500 soldados norteamericanos, aproximadamente”; hacen de Homecoming y su crítica ‘al choque’ un mensaje latente y valioso.

Natalia Cid Padilla

Apuntes:

*George A. Romero estuvo a punto de dirigir un capítulo de la serie Masters of horror, pero se retiró antes

*Takeshi Miike, Dario Argento, John Carpenter y Tobe Hooper son algunos de los nombres que dirigen capítulos en la serie.

*Atención con los homenajes a G.A. Romero y Jacques Tourneaur.


Splat Pack x 3: La Letra con Sangre Entra

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 The Devil Rejects (2005)

Introducción

Bajo el término “Splat Pack” (creado por Alan Jones, de Total Film), se ha querido agrupar (no sin su debida cuota de controversia, omisiones y menciones gratuitas) a un número de realizadores, productores y guionistas contemporáneos que son parte de un “renacimiento” del cine de horror, con películas “Rated R” sumamente sangrientas y violentas de bajo presupuesto, que han podido sin embargo, calar en el box office.

No podemos negar la aparición de este nuevo cine de horror (a pesar de que muchos puedan discutir su calidad). Ciertamente han asomado en los últimos años un número de talentosos personajes en el medio, que logran trabajos realmente buenos con presupuestos realmente bajos. El problema aquí radica en que la lista del Splat Pack es bastante arbitraria y gratuita. Realizadores realmente talentosos como Neil Marshall, Alexandre Aja, Greg Mclean y Rob Zombie, comparten territorio con colegas menos afortunados, como James Wan,  Leigh Whannell (de la interminable trilogía de Saw) y Eli Roth (de la ultra violenta pero finalmente débil Hostel). Y si esta ha querido ser una lista puramente norteamericana, también pierde por ese lado, pues tanto Neil Marshall como Alexandre Aja comparten nacionalidades distintas (Marshall inclusive no graba en Norteamérica). 

Pero fuera de toda esta discusión, y dentro de todo este sinnúmero de nombres controversiales, hay tres directores que a mi parecer, destacan entre la mayoría (o al menos dos y uno que muestra promesa): Alexandre Aja, Neil Marshall y Rob Zombie. Sobre ellos, y sus principales películas habla este dossier. 

Splat Pack x 3 

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Alexandre Aja – The Hills Have Eyes (2006) 

La idílica familia Carter realiza un viaje hacia California, internándose profundamente en el desierto de Nuevo México. Ahí encontrarán una vieja gasolinera, donde un extraño personaje los desviará a una zona olvidada por el hombre, un área originalmente usada por el gobierno de los Estados Unidos para realizar pruebas nucleares y que se creía desierta hasta el día de hoy. De pronto, las llantas de su auto vuelan, y quedan atrapados en medio de la nada, presas de una trampa sangrienta perpetrada por los habitantes del lugar, hombres horriblemente desfigurados con una deuda que saldar.   Bajo esta alentadora excusa para un film realmente sangriento, Aja realiza un cumplidor remake del clásico film de horror de Wes Craven (1977). Los Carter, una familia realmente inofensiva, deben convertirse en sanguinarios guerreros, enfrentados a una manada de hombres caníbales, deformes por los experimentos nucleares . Así, y como en todo film de horror que se precie de serlo, uno por uno irán sucumbiendo ante la ira de estos sujetos diabólicos. Los primeros minutos de la cinta son aparentemente inofensivos, Aja (un artesano de la imagen) nos introduce de a pocos en este clima de terror que, in crescendo, se dispara en casi una hora de accion indetenible, en donde las muertes se acumulan en gran numero y donde la desesperacion toma presa a la familia Carter, que debe recurrir a métodos iguales de violento para asegurar su superviviencia.

A pesar del flojo recibimiento en el pais, hay algunos aspectos interesantes en este film, que radican en el buen manejo de cámara, una bien trabajada de tensión, una fotografía detallistas y actuaciones cumplidoras (para lo que es el género). Doug (Aaron Stanford) y Bobby (Dan Byrd) deben convertirse en máquinas asesinas, y dejar de lado su naturaleza pacífica, enfrentándose a una serie de hombres bastante perturbadores. El clima que crea Alexandre Aja en la cinta, esa fotografía desértica, a 1000 grados de temperatura, y las tomas claustrofóbicas e insidiosas por sobre lo que no queremos ver, hacen de The Hills Have Eyes una cinta de terror que vale la pena revisitar.

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Neil Marshall – The Descent (2005) 

Sarah (Shauna Mcdonald), una mujer “marcada por la desgracia”, se une a un grupo de amigas exploradoras en una expedición a una caverna aparentemente inofensiva, solo para descubrir que Juno (Natalie Mendoza), la líder del grupo, las ha llevado a una mucho más peligrosa, en una decisión egoísta que traerá terribles consecuencias y el descubrimiento de una raza de seres humanos subterráneos hambrientos por carne fresca, mientras que el grupo lucha por salvar su vida en un laberinto de corredores claustrofobicos y oscuros.

Ah, Neil Marshall. Cuando vi Dog Soldiers, su cinta anterior, tuve la fortuna de haber visto previamente The Descent (El Descenso o la Caverna del Terror, como se le conoce en estos lares). A pesar de los cientos de galardones de su primera cinta, la encontré completamente inverosímil y aburrida, digna de una programación en las tardes de canal estatal, y ciertamente hubiera desistido de revisar el resto de su filmografía de ser esta la primera película en mi lista. Sin embargo The Descent me hace pensar que debería revisitar su primera cinta con más calma, pues encontré demasiadas las diferencias de calidad entre ésta y su predecesora. Mucho se ha hablado de El Descenso, y ciertamente es una de las mejores películas de terror de los últimos años. Pero, al descubrir que la versión que llegó a Lima tenía un final radicalmente distinto (y que iba en detrimento del resultado final del film), debo recomendar a todos los aficionados y críticos que busquen la versión en DVD, pues su final abierto la hace infinitamente superior a su congénere.  

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De nuevo regresamos al tema de cómo situaciones extremas pueden hacer que un ser humano sea capaz de atrocidades inconcebibles. El tema de los hombres subterráneos es un vehículo excelente para ver la transformación de Sarah y Juno, dos mujeres que llegan a un estado similar de éxtasis combativo, pero con diferencias puntuales que desencadenan su posterior enfrentamiento. De la misma manera, el resto del grupo se ve obligado a asumir una actitud de supervivencia, actitud finalmente inutil ya que poco a poco van siendo abducidas por los extranos seres, y posteriormente devoradas. Quizá el aspecto más destacable de El Descenso es esta recreación claustrofóbica constante del espacio, una magnífica banda sonora (muy bien utilizada) y  el manejo constante de la tensión y el terror (de las tres, esta cinta es probablemente la mas “terrorífica” en lo que a sobresaltos y nervios se refiere). Bajo la toma de una camcorder en low light mode (pantalla verde), podemos descubrir al primer hombre subterráneo, parado amenazadoramente al lado de las mujeres. Es una toma para hacer saltar hasta al más hardcore de los espectadores y una muestra de que aún el buen cine de terror puede darnos un buen susto. 

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Rob Zombie – The Devil Rejects (2005) 

The Devil Rejects, o “Los Rechazados del Diablo” es el nombre de una familia Tejana de brutales asesinos en serie, todos vinculados con nombres de personajes de los Hermanos Marx: Capitain Spaulding (Sid Haig), Otis B. Driftwood (Hill Moseley), Baby Firefly (Sheri Moon Zombie)  y Mother Firefly (Leslie Easterbrook). En una emboscada de la policía estatal, se ven obligados a escapar hacia el desierto de Texas, mientras que Mother Firefly es capturada por el Sheriff local, el inclemente John Quincy Widell, quien empieza una cacería brutal en búsqueda de  venganza por la muerte de su hermano.Secuela de House of 10,000 Bodies (La Casa de los 10,000 cuerpos), The Devil Rejects es probablemente la película más original de todo el pack: Sumamente estilizada, es una road movie per se, pero mezcla elementos de blaxplotation, spaghetti western, porn flicks, y serie B con diálogos extremadamente ingeniosos (que harían la envidia de cualquier Tarantino) y con una visión única sobre la violencia gratuita y la identificación (casi simpatía) con los criminales.Es el Sheriff John Quincy Widell el que sufre una transformación crítica en este film. Su sed de venganza lo hace “cruzar la línea” de la legalidad, hasta convertirse en el “brazo justiciero de Dios” y ajusticiar violentamente a los rechazados del diablo, asesinado a Mother Firefly y torturando cruelmente al resto de la familia. Una excelente actuación (sumamente estilizada) de William Forzythe, que representa un hombre guiado por la “justicia callejera”, sumamente atormentado por la muerte de su hermano, y que encuentra un destino sumamente tortuoso. 

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Lo mejor de The Devil Rejects es este estilo cinematográfico referencial (que seria la envidia de cualquier Tarantino), lleno de cámaras lentas, pantallas en pausa, cortes de edición singulares y cámaras en mano totalmente desquiciantes, además de una banda sonora sinceramente excepcional, que potencia algunas secciones del film de una manera completamente desconcertante: Midnight Rider, de los Allman Brothers, abre el film de una forma desorientante, con su ritmo trepidante de rock sureno en contraste con la violencia de las tomas en pausa, To be Treated de Terry Reid, una balada introspectiva , justo en el sngriento momento de la captura de la familia y finalmente, el tema de Lynrd Skynrd, con su majestuoso riff que cierra el film de una forma fabulosa.  Mezclemos todos estos elementos con la mano cinéfila de un roquero de 42 años, y tenemos un referente obligado para los amantes del género. Hay que estar atentos al remake de Halloween , siguiente cinta del mismo director.Hay mucho por hablar aun del cine de terror contemporaneo, no hemos siquiera tocado el tema del cine asiatico, prodigo en este tipo de cintas o peliculas de animacion japonesa que siguen este mismo formato, pero espero que este pequeno dossier sobre el Splat Pack sea la oportunidad que estabamos esperando para abrir un poco mas nuestros horizontes (junto con ustedes) e indagar sobre un tipo de peliculas menospreciadas por muchos, pero que tienen en si muchos aspectos rescatables, importantes y dignos de cualquier revista o medio de cine que se respete.

José Sarmiento Hinojosa