Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

INSTINTO PRIMITIVO


Claude Chabrol – Le Boucher  (El Carnicero) (1970)

En un pueblo provincial francés, una sofisticada maestra Helene Daville (Stephane Audran) evita las relaciones afectivas pero traba una agradable amistad con el apasionado carnicero local Popaul (Jean Yanne), un veterano de indochina. En tanto que un asesino en serie esparce el terror por todo el campo; estas dos personas hacen esfuerzos por volver de sus aislamientos a algún tipo de entendimiento mutuo.             Se ha dicho que Claude Chabrol ha sido siempre uno de los directores más influidos por Alfred Hitchcock, apreciación que es verdadera y que se deja ver en muchas de sus películas; no obstante, a esa marca hitchcockiana, Chabrol le ha impreso un estilo que podemos llamar ya desde sus primeros trabajos chabroliano, amén de haberse preocupado también desde sus inicios por retratar a la burguesía francesa con una ironía y malicia como pocos lo han hecho en el cine francés.             El Carnicero (1970) pertenece a la segunda etapa de la filmografía chabroliana lejos ya de los impulsos de la Nouvelle Vague, de la que como sabemos fue uno de los iniciadores. Chabrol como en su primera película El Bello Sergio (1958) vuelve a la provincia francesa para desarrollar su historia. El Carnicero juega entre la película de corte criminal y de suspenso y el policial de investigación, sin embargo, es ante todo una película sobre dos personajes solitarios que se conocen en un pequeño pueblo y que empiezan a intercambiar inquietudes y secretos que los van acercando, haciéndolos empatizar.

Decimos que es una película sobre todo de personajes debido a que la historia gravita en mayor o menor medida en torno a aquellos así como los sucesos y circunstancias parten de ellos o se relacionan con ellos. Si bien hemos señalado los géneros a los que pertenece El Carnicero, éste tiene por momentos secuencias en las que se expresan sentimientos y se dan toques de humor, además de algunas secuencias en las que hay diálogos en los que se comparten vivencias que acercan a la película a cierto intimismo.

La película es sugestiva desde los créditos iniciales ya que muestra pinturas rupestres de figuras animales como bueyes, cabras y venados que, como bien sabemos, eran representaciones de las cacerías hechas por los hombres primitivos, especificamente los de Cromagnon, pero que ahora son cazados para vender sus carnes en cualquier carnicería. Este no es únicamente un contraste o si se quiere una paradoja anecdótica sino que se reforzará cuando hacia la mitad de la historia vuelvan a aparecer las cuevas que serán importantes para entender gran parte de la película. En breve retomaremos este asunto.

Popaul es una persona cortés, tranquila, querida y respetada por el pueblo, que aparentemente no tiene problemas y que su única ocupación es ser el carnicero del pequeño pueblo, empero sabemos que no es más que un ser inseguro y solitario que esconde tras su apariencia amable un lado siniestro que nadie se imagina que tiene. Este es un punto que obras cinematográficas y literarias han tratado, la personalidad dual que puede presentar una persona que se comporta ante la gente de una forma, pero en ausencia de ella se convierte en otra totalmente distinta, revelando un carácter extraño, aun monstruoso. El ejemplo clásico de esta dualidad es la novela El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson. Los más peligrosos criminales y psicópatas se esconden por lo general tras un aspecto que no llama la atención tratando de pasar lo más inadvertido posible para engañar a sus posibles víctimas y atacarlas cuando menos se lo esperan.

Por su parte, Helene es solitaria no porque haya quedado o la hayan dejado sola (a pesar de que hace unos años tuvo una relación amorosa en la que no le fue bien), sino por voluntad propia, porque no intentó después buscar algún tipo de relación afectiva, en otras palabras, es practicante de lo que se conoce como soledad activa, que es aquella que la misma persona busca (al estado de Helene se le puede aplicar el neologismo: solitaridad). A diferencia de Popaul que está inmerso en la soledad pasiva, que es la no buscada o la que es impuesta. Sin embargo, la manera que tiene Helene de sentirse bien es dedicándole todo su tiempo a la enseñanza, pareciera preferir ese modus vivendi y no ir en busca de alguna relación que la saque de ese estado de solitaridad. Tanto Helene como Popaul al conocerse muestran sus sentimientos y se sienten bien juntos, pero finalmente sus propias actitudes e incluso temores (sobre todo los de Helene) no permiten que puedan concretar algo importante.

Líneas arriba decíamos que la aparición de las cuevas prehistóricas y sus pinturas no eran anecdóticas. Esto se debe a que muestran a la vez una correspondencia y una paradoja. La exhibición de dichas pinturas y todo su significado primitivo (en cuya era de creación prevalecía lo rústico) nos habla de que sus artífices, pese a su estado primario, pudieron crear obras que demostraron su superioridad respecto de los demás animales con los que convivían. La correspondencia y la paradoja se expresan en El Carnicero desde que el hombre dominó a la naturaleza y alcanzó desarrollos científicos, tecnológicos y artísticos (prevalecimiento de la racionalidad) convive igualmente con actitudes primarias que pueden llevarlo a cometer actos criminales lindantes con la animalidad. Los actos de Popaul, que solo son sugeridos, demuestran el primitivismo que puede haber en cualquier persona pese a la llamada evolución; toda persona, por más racional que sea, conserva esos rezagos aurorales. Claro está que en algunas, éstos se manifiestan de manera más explícita y violenta.

Pauline Kael decía en una crítica sobre El Carnicero que: “Chabrol hace poemas tonales sobre temas de thriller”, esta opinión es correcta, y nos permitirá hablar del excelente uso que Chabrol hace de la música. El director construye su película, poseedora de una fuerte carga de Thriller, y la combina con música atmosférica que va creando sensaciones variadas según vayan dándose las situaciones. La música compuesta por Pierre Jansen se complementa cumplidamente con cada uno de las acciones, logrando sintonizar con algunos rasgos de la personalidad de los dos personajes centrales.

Sin duda los veinte minutos finales son lo mejor de la película, pues condensan todo el espíritu de la misma. En ellos encontramos secuencias notables de suspenso, como cuando Popaul se confronta con Helene; luego, las secuencias continuadas en las que vemos a Helene conducir su carro en plena noche, acompañadas por la música creadora de atmósferas de la que acabamos de hacer referencia. Estas secuencias del carro atravesando la oscuridad consiguen por momentos características oníricas o de pesadilla,  según como se perciba. Además, en las conversaciones que dentro del carro se producen entre Helene y Popaul, así como las frases y confesiones que Popaul le hace a Helene, los dos vuelven al asiento en el que está sentado,  una especie de sillón psicoanalítico en el cual el “paciente” Popaul cuenta todo lo que tiene dentro de sí.

En suma El Carnicero es una de las mejores películas de Claude Chabrol, y me animo a decir una de las mejores de la década del `70.

César Guerra Linares

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