Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Man in the Screen


 

 

Kenny Ortega – This is It (This is It, 2009)

 

Ver cantar o bailar a Michael Jackson siempre me ha hecho caer en una irrefrenable hipnosis. Y aunque no guardaba ninguna expectativa sobre el film de Kenny Ortega, esperaba que por lo menos las exigencias de la pantalla grande me conectaran un poco más con este gran artista. De algún modo esto sí ocurrió.

No tanto por la habilidad fílmica del director –quien también se encargaría de la dirección artística de los 50 conciertos que Jackson presentaría en Londres– sino más bien por esa sensibilidad que sólo puede transmitir el autor de temas como Man in the Mirror o Heal the World.

Sin dejar de lado los argumentos monetarios que llevaron a los productores a rebuscar y entregar casi dos de las 120 horas grabadas para el uso personal de Michael, hay que reconocer que la película cumple con desbaratar aquel lienzo pintado por la prensa que mostraba a un desfasado Rey del Pop incapaz de brillar en el O2 Arena.

Es decir, además de darnos una pincelada de lo que pudo ser uno de los espectáculos más comentados de la década, “This is it” no tuvo más ambición que la de restaurar en el recuerdo de Michael el profesionalismo y la genialidad que muchos detractores quisieron arrebatarle. El filme no quiso ir más allá y tampoco hubiera podido. Esa es su ventaja.

De allí que las tomas, que precisamente le iban a servir a Michael para perfeccionar su puesta en escena –por lo que son en su mayoría contrapicados que reemplazan el punto de vista de los fanáticos– se convierten en grandes ventanas que nos permiten participar íntimamente (desde nuestras butacas) del armado de un espectáculo de primera, como si estuviéramos allí mismo, bajo el estrado del Staples Center de Los Ángeles, observando al lado del equipo técnico y de los bailarines, cómo (con una esencia delicada antes que prepotente) finiquitaba los últimos detalles de una gira que prometía, una vez más en su carrera, imponer su estampa en el mundo del espectáculo.

A manera de testimonio, “This is it” nos demuestra que para la gira londinense no sólo se habían grabado sorprendentes apoyos audiovisuales de títulos como Thriller (con efectos 3D y nuevos disfraces), Smooth Criminal (donde un excelente montaje le permite participar de escenas del cine de gangsters al lado de Rita Hayworth (en Gilda) y Humphrey Bogart) o The way you make me feel, sino que se habían incorporado algunas nuevas versiones que reflejaban la evolución del cantante de 50 años.

A esto se iban a sumar portentosas coreografías, sobresalientes participaciones de su corista principal y su guitarrista, y efectos especiales más imponentes que en su mejor época.

Con este material Ortega describe la gira como una gran promesa y a Michael como ese gran artista capaz de dirigir con sutileza (a-m-o-r) a un numeroso equipo de profesionales técnicos y bailarines, perfeccionar cada detalle sonoro, visual, vocal o acrobático, y seguir siendo el niño grande que sólo lograba completarse en los escenarios, frente a las multitudes que lo convirtieron en el Rey del Pop.

Michael tenía claro que era su tour de despedida, estaba más que ilusionado con el proyecto, por lo que no quería dejar nada a la deriva, incluso cuidaba su voz y, pese a ese perfeccionismo obsesivo, se le ve reservar algo de espontaneidad para el público que lo esperaba en Inglaterra.

Ortega lo admiraba y eso se nota en su selección de imágenes. Por eso, el resultado mueve algunas fibras tanto de seguidores como de no seguidores de Jacko. Lo que se ve en This is it es a un artista más vivo que nunca en los que fueron –sin que nadie lo supiera–  sus últimos días de vida, y a un hombre demasiado optimista con la tarea de “salvar el planeta”.

La película no se enreda en el boom mediático en que se convirtió su muerte, tampoco se ve un afán figurativo u omnipresente de Ortega (como sucede con otros directores), ya que su mirada es más bien paternalista. Esos aciertos y esa limpieza testimonial son los que le han dado un innegable peso a la película de Ortega, la cual, sin embargo, no hubiera tenido el mismo interés sin Michael Jackson.

 

Por Claudia Ugarte

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