Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Ratanaruang como explorador de los efectos de la invasión del “otro”


 

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Pen-Ek Ratanaruang – Ploy (Ploy, 2007)

El panorama cinematográfico actual gira en gran parte en torno a un grupo de cineastas orientales con un talento indiscutible y que, aunque tienen señas de identidad comunes, (que parece que bastan para hacer soñar a Hou Hsiao Hsien con un cine “pan asiático“) su originalidad individualmente hablando no tiene discusión. Me estoy  refiriendo no solo a los ya consagrados Wong kar wai, Hou Hsiao Hsien, Kim Ki-Duk, Kore-eda o incluso Jia Zhang ke. Hablo de directores como Apichatpong Weerasethakul, Shinji Aoyama, (el infravaloradísimo) Shunji Iwai, por supuesto Ratanaruang, Royston Tan y un largo etcétera.

Este cine se ha hecho con una importancia indiscutible en cualquier festival europeo o mundial que se precie. Pen-ek Ratanaruang es uno de estos personajes destacados y en 2007 presentó en la Quincena de Realizadores de Cannes su cinta “Ploy”. Ploy es una película en la que nos situamos en un hotel de Bangkok al que llega una pareja en un estado de su relación aburrido y monótono que incluso toma la forma de una relación hermética, angustiosa, no sin síntomas de ansiedad y de incertidumbre, en el momento en que Daeng (Lalita Panyopas), encuentra un papel con un número de teléfono y un nombre femenino.

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El viaje (que por cierto es para asistir a un funeral) paradójicamente, va a traer otro problema a la pareja, y es el problema de la posesión, la posesión, en el sentido más animal. Es decir, el cambio de espacio que incluye en sí mismo un viaje, parece que normalmente nos hace concebir una situación o tomar conciencia de ella de manera más objetiva, como si ese cambio de espacio, en el que por cierto, el tiempo, como es normal, también tendrá una manera de concebirse diferente, nos librara de las cadenas de la  estricta cotidianidad con el que observamos todo cuando el espacio siempre es el mismo.

Aquí, los personajes no se ven atados, se ven asfixiados, y todo por la intrusión del extraño, por la invasión que ejerce el Otro en el espacio que uno considera suyo. Hay que decir que la que se siente asfixiada es Daeng, una asfixia que es el efecto de la impotencia, del descontrol de su propia posesión, de su propio espacio, pero este sentimiento irá contagiando a los demás personajes creando una atmósfera de un hermetismo casi insoportable.

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Daeng tiene algo en su interior que no deja de robarle el aire, pero sin embargo ella no puede manifestar sus sentimientos hasta sus últimas consecuencias de otra manera que en sueños, y es que este es otro aspecto del filme muy interesante. Ratanaruang  ejerce un gran manejo de las escenas oníricas. Las maneja tan magistralmente que no se llega a diferenciar la vigilia del sueño (casi como si estuviéramos leyendo a Strindberg).

Lo verdaderamente interesante es que para lo que Ratanaruang quería expresar no había otra manera que manejar toda la película entre el sueño y la vigilia. Entendiendo el sueño, como el espacio donde la situación  psicológica del personaje se hace realidad. De hecho la película narra una acción en un tiempo muy escueto, y todo de madrugada, un tiempo en el que los personajes o bien duermen como Ploy (ella es la invasora) la invasora no se preocupa y precisamente eso es lo que más duele normalmente al dueño de lo que está siendo arrebatado, la inconsciencia que tiene el invasor de lo que está haciendo con su presencia.

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Ploy se mueve y actúa con una inocencia que duele a Daeng, pues está se siente cohibida, o mejor dicho invadida, por alguien que no cree estar haciendo nada, pero es que ¿no es acaso verdad? Ploy es totalmente inocente, Ploy va a dormir invitada por un hospitalario Wit que no pretende otra cosa que ser amable ¿o no? Y es que aquí se da otra cuestión central: la colérica Daeng se siente invadida y el espectador ve coherente y justificable  su sentimiento hostil hacia la visitante por la nota sospechosa. Uno siempre tiende a identificarse con el dañado, aunque ni siquiera estudie detenidamente por qué lo está.

Toda la pelicula es una mirada al Otro, pero siempre se mantiene una barrera, una reserva con respecto al de enfrente, hasta que Ploy rompe esas barreras, pero sin saber que las está rompiendo, pues lo paradójico es que lo hace invitada por aquel que Daeng quiere defender.Es decir, a Daeng se siente invadida por una intrusa que no lo es por su propia voluntad, sino por la voluntad de quien ella misma quiere proteger. Aquí está lo paradójico.Ratanaruang está magistral al hacer que Ploy, la invasora, lo primero que hace al entrar al espacio que Daeng considera suyo (pero no sabe como defender) es defecar.

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Pero ¿qué problema tiene Daeng? El problema de Daeng es la impotencia. En primer lugar, porque esta intentando defender un territorio neutral, pues ni siquiera se puede decir que está en su hogar (es un hotel), y en segundo lugar, porque ella quiere que el “enemigo” sea echado por aquel que le ha invitado, es decir la paradoja extrema.

La mejor escena de la película, es el momento en el que vemos que Daeng se despierta y camina hacia el sofá (donde duerme Ploy) con una almohada, vemos rápidamente que su intención es asfixiar a la intrusa. Cuando va a hacerlo, Ploy hace un movimiento y abre los ojos; Daeng mantiene la compostura y, gracias al ambiguo uso del instrumento que lleva en las manos, dice llevársela para que se encuentre más cómoda.

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Hay un momento de incertidumbre en el que parece que Daeng se da cuenta de que está soñando (como si el propio personaje de repente fuese consciente de que en el terreno onírico en el que se halla puede llevar hasta sus últimas consecuencias todo aquello que ha deseado hacer desde que la ha visto invadir “su territorio” todo aquello que ha rondado por su mente).

Como si en este terreno, todo lo que hace el personaje no tuviese consecuencias en la ficción que a continuación va a seguir representando. Hay una frase muy buena que dice uno de los dos asesinos de la película “Funny Games” de Haneke casi al final de la cinta. Dice algo así como ¿Por qué es más real la vida real que lo que sucede en una película? (lo cito de memoria).

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La única diferencia entre lo que sucede en una película con respecto a la vida “real” es que todo lo que sucede tras la pantalla no va a tener consecuencias en ésta.  Es decir, se acaba la película, se acaba lo que cada personaje representaba en el filme. Lo que pasa en la escena en la que parece que la propia Daeng s da cuenta de que está soñando, es que se establece una especie de doble filtro.

 Es decir está la “vida real”, la ficción que representan los personajes en la pantalla como primera capa respecto a lo “real” y luego un segundo filtro dentro de esta ficción donde todo lo que haga el personaje que está soñando no va a tener consecuencias “reales” dentro de la propia “ficción” que ese mismo personaje representa. Simplemente es una manera que Ratanaruang da a su personaje de dar rienda suelta a lo que piensa o siente sin que éstas acciones tengan consecuencias visibles en la película, pero sí en la manera que tiene el espectador de percibir ésta.

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El final de la película se centra en una especie de sacrificio de Daeng. Dándose cuenta de que si lo que quiere es que su marido sea consciente de su vulnerabilidad, la pelota está en su tejado y no en el de él. Daeng contacta por teléfono en la cafetería del hotel con un fan (antes era actriz). Vemos que reniega de su matrimonio y afirma no estar casada ni tener ningún amante, de esta manera iba a descubrir que la única manera que tenía para conseguir lo que quería era poniendo en riesgo su vida, pues el hombre con el que se encuentra la agrede e intenta violarla. Daeng consigue así lo que quería, que Wit temiera perderla, es decir hacerle daño.

Lo que quería comprobar era si Wit era vulnerable por su pérdida, muy inteligentemente, ya que sólo el vulnerable puede amar y ser amado. Lacan tiene una frase muy interesante “Te amo , pero hay algo más que tú mismo que amo, por lo tanto te destruyo”. Zizek lo interpreta como la fórmula elemental de la pasión destructiva de lo Real, como el empeño por extraer de uno mismo el núcleo real de su ser.

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Acaba la interpretación argumentando que esto es lo que hace aparecer la ansiedad en el encuentro con el deseo del Otro: lo que el Otro (en este caso Daeng) busca no es sencillamente a Wit, sino a ese núcleo real, eso que es en Wit más que él mismo, y lo que Daeng quiere es destruir a Wit para poder extraer ese núcleo, porque lo ama, lo ama demasiado.  

 

Por Alejandro Matesanz Pineño

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