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Tony Gilroy – Duplicidad (Duplicity, 2008)

 

“Duplicidad” es la segunda película del director Tony Gilroy  -el mismo que sorprendió con su debut detrás de las cámaras con la aclamada “Michael Clayton” (2007)-  quien desarrolla un entretenido ejercicio de denuncia contra las grandes corporaciones manejadas, en muchos casos, por tipos de doble moral, cínicos y torpes.

Gilroy vuelve a mostrarse como un realizador con bastantes recursos al momento de narrar una historia. Jugando con los tiempos, utilizando los giros inesperados con un guión bastante recargado en un inicio, pero que logra ir ganando en emociones conforme avanza el metraje, “Duplicidad” tiene una carga humorística que se torna bastante atractiva.

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Desde el inicio mismo de la historia podemos apreciar la forma en la que el director se tomará la cosa: presenta un grupo de personajes amorales, con la careta muy bien puesta. Es graciosa la forma en la que los presidentes de las dos grandes corporaciones rivales se enfrentan en cámara lenta y se enfrascan en una pelea poco menos que ridícula, como si de dos niños engreídos se tratase.

El agente del MI6 Ray (Clive Owen) y la agente de la CIA Claire (Julia Roberts) se conocen de la forma en la que sólo dos espías podrían hacerlo. En un inicio su relación se basa en el odio y la desconfianza, pero poco a poco nos daremos cuenta que los dos desarrollan una historia de amor poco convencional que se funda en el aprovechamiento.

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Ambos agentes logran infiltrarse en dos corporaciones rivales con el único objetivo de robar la idea revolucionaria que tiene una de ellas, la misma que es guardada bajo siete llaves.

A partir de aquí, y luego de un inicio denso, somos testigos de la intrincada trama que goza de la suficiente capacidad ideada por el director para ir ganando en emoción, con el virtuosismo de los filmes de intriga de antaño.

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A pesar de las críticas negativas que recoge Clive Owen (el nuevo tipo duro de Hollywood), su trabajo es bastante sólido y forma una pareja muy atractiva con Julia Roberts, quien parece ir ganando con los años la clase que sólo las divas pueden conseguir. Verla actuar es un disfrute que no tiene precio, no sólo por su capacidad histriónica sino por la seducción que logra destilar en los instantes precisos.

La buena química es evidente y repiten el plato luego de su participación en Closer (2003) de Mike Nichols. La historia de amor de ambos –cuya base sólida es el engaño- se entrelaza con los golpes bajos y los trucos fuera de la ley que ejercen las grandes compañías para hacerse de las ideas clave que marcan la creación de los nuevos juguetes que la sociedad de consumo devorará llevándose todo a su paso.

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Por encima de los protagonistas principales destacan las actuaciones dos extras de lujo: Tom Wilkinson, es el jefe de una de las compañías y el principal titiritero de la historia; mientras que el genial Paul Giamatti se torna en el rival, un bufón histérico, caricatura del capitalista que no cree en nadie.

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En tiempos de crisis económica es muy oportuno este alegato de Gilroy quien prefiere no hacerse hígado y, en base a la careta de una cinta ligera y llena de humor, dejar en claro que los dueños del mundo son más ridículos de lo que nos imaginamos.

 

Por Fernando Vega Jácome

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