Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Muchos Personajes en Busca de Autor


 

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Peter Hedges – Mi Hermano, Yo y Nuestra Novia (Dan in Real Life, 2008)

 

Cursi. Casi incomprensiblemente cursi. Si al comienzo cuando ves a Dan (Steve Carell) como un papá sobreprotector tipo sitcom familiar monse te aguantas, pensando en que el asunto mejorará, pues no. Sus tres dulces y arquetípicas hijitas (la intelectual, la putita enamorada y la niña dulce) desgraciadamente resultarán relevantes en la trama.

El amor adolescente de una servirá como metáfora y justificación del enamoramiento del propio Dan: te recontraenamoras en tres días, para siempre, como una niña de catorce años, y se supone que el amor funciona así, tan sencillo y práctico porque debe resultar funcional, porque el guión así lo requiere. Se fuerzan las situaciones para que el guión funcione.

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Los conflictos desaparecen como por arte de magia si complican la historia. Por ejemplo, Mitch (Dane Cook), el hermano de Dan, a quien éste le quitó la novia. Lucía despechado a morir, hasta que su conflicto empezó a estorbar el final feliz, con matrimonio incluido. De pronto, de la nada, se olvida de la mujer perfecta que le quitó su hermano y se va con otra, que está más rica y tiene un mejor carro, OK, pero ¿no decía que estaba enamorado como nunca antes?

El leit motiv de Mi hermano, yo y nuestra novia (Dan in real life, 2007) se asienta en las inconsistencias de su guión. Otra perla: esta familia numerosa realiza actividades todo el tiempo. Te preguntas por qué. Pues para que ocurra algo. La salida más fácil si tienes a un montón de gente buena onda encerrada en una casa es ponerlos a jugar.

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El problema reside en que esto no contribuye a nada más que a ocupar el tiempo, hasta que los giros simplistas del argumento hagan su aparición. No crea tensión ni ritmo, sólo ocupa tiempo.

Y los giros argumentales tampoco sorprenden mucho, como dije. Otro ejemplo. La situación es ésta: Dan conoce a una chica que le encanta, Marie (Juliette Binoche), quien resultó ser la novia de su hermano. ¿Qué ocurre a continuación? Él se muere de celos y dudas y empieza a actuar estúpidamente. ¿La creativa vuelta de tuerca? Le presentan una chica y ahora le toca a Marie sentir celos. El film se asemeja más a una sitcom familiar insoportablemente larga que a una comedia cinematográfica.

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Y los huecos del guión no dejan de sucederse. Cuando Marie deja a Mitch porque ama demasiado a Dan, y llama a Dan para que le dé el encuentro en el bowling, y bailan, y se dan su primer beso, ¿qué ocurre? Aparece de pronto toda la familia. La pregunta es: ¿por qué todos? ¿Decidieron ir en mancha a jugar Bowling justo en ese momento, cuando todos se hallaban deprimidos por la mala suerte con las chicas de Mitch? No. Se está forzando el guión.

La pareja prohibida debía ser sorprendida in fraganti por toda la familia, que es como un personaje más. Así se generaba en el público la impresión deseada. Pero no vale la pena sacrificar de esa manera la verosimilitud, pues justamente por este hecho la sorpresa queda desvirtuada.

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Peter Hedges, el director, subestima la comedia. Los gags funcionan cuando se inscriben en un contexto que los respalda. De lo contrario, sólo provocarán risas a media caña. No puedes pretender hacer una comedia poniéndoles en el camino una cáscara de plátano a todos tus personajes.

No obstante, si Mi hermano, yo y nuestra novia pugna alguna sonrisa se debe a Steve Carrell, quien pese a la falta de sentido de su personaje, conserva la presencia. El tipo tiene gracia, qué se le va a hacer. Pero sus payasadas se pierden entre los huecos y el facilismo del guión.

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No basta con una anécdota graciosa como el hecho de enamorarte de la novia de tu hermano. El tema podría haber dado para más, pero Hedges lleva el conflicto hacia la tesis de la simplicidad del amor y ahí es donde lo fuerza, porque prácticamente obliga a sus protagonistas a casarse.  

Peter Hedges escribió el guión de Un gran chico (About a boy, 2002), una película sencilla y también sentimental, que a diferencia de Mi hermano, yo y nuestra novia, cumplía muy bien una regla de oro: respeta a tus personajes.

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Ahora, en cambio, parece más preocupado en generar sonrisas o lágrimas que en llevar a cabo un producto sólido, una historia, que es mucho más que un argumento cumplidor. Tal vez, justamente por cumplir con lo necesario, se ha dejado llevar por el facilismo.

 

Por Eugenio Vidal

 

 

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