Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Wolverine Inicia


 

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Gavin Hood – X-Men: Orígenes (X-Men: Origins, 2009)

 

Tengo una confesión: soy un fanático irredimible de los cómics. Desde niño me han gustado y si bien ya no los leo tanto como antes – desde que los dejaron de vender en idioma original para ofrecer las horrendas traducciones mexicanas – me sé la historia de varios personajes de memoria.

Por ello, me fue casi imposible ver X-Men Orígenes: Wolverine sin compararla a su fuente original. Y hay cosas que la película hace bien, otras mal.Desde el primer film de Bryan Singer, Wolverine fue el personaje principal. Y es que entre todos los niños bonitos uniformados que conformaban el alumnado del profesor Charles Xavier, el tipo desgarbado, peludo y malgeniado de las garras llamaba más la atención.

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Sus orígenes eran un misterio que ni él parecía saber (y por un largo tiempo, los lectores de cómics tampoco – recién hace algunos años Marvel se dio la tarea de explicar todo) y eso fue suficiente para hacerlo memorable.

Tenía sentido entonces darle su propia película. Y en explicar de donde viene el Lobezno, se mantiene bastante fiel a su fuente: Logan creció en el siglo pasado en Canadà, donde descubre un poder mutante que cura cualquier herida y lo hace prácticamente inmortal.

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De ahí pasa a formar parte del programa militar Arma X, donde su cuerpo es fusionado con el indestructible adamantio. Se nota que el film quería contar una historia épica o de largo aliento; para una muestra, los excelentes créditos iniciales, que muestran a Logan participando en todas las guerras de los últimos cincuenta años.

El problema es que menos de dos horas es poco tiempo para contar una historia tan extensa; y como resultado, todo es apurado y simplificado. Lo que debería sorprender, es tan solo pasajero. Y el afán de introducir mutantes distintos en cada escena puede ser divertido para los fans, creativo para las escenas de acción, pero a ratos no era necesario.

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Gambito, por ejemplo, es un tahur que utiliza naipes como armas. Su aparición es divertida pero completamente gratuita: tras tres escenas, no tiene nada que hacer y sus pocas funciones pudieron recaer en cualquiera. Lo mismo con Wade Wilson, alias Deadpool, uno de los mejores personajes que ha dado el medio del cómic: un mercenario indestructible tan adepto para contar chistes como para matar gente, interpretado a la perfección por Ryan Reynolds, actor que ya demostrado aptitudes para patear traseros y hacer chistes sarcásticos/idiotas. Wilson domina sus escasos cinco minutos en pantalla, pero prometía mucho más. Y mientras menos se diga del joven Cíclope, mejor: su presencia es sólo un intento de enlazarla con los filmes anteriores.

Sin embargo, la estrella indiscutible es Hugh Jackman, quien a estas alturas ya es sinónimo con el papel. Guepardo es rudo, feroz y carismático y el actor se toma el papel en serio con poco esfuerzo. Si el film se mantiene entretenido, es por él. En el papel de su medio hermano Victor Creed, alias Sabretooth, Liev Schreiber logra darle personalidad y motivación a un personaje que hasta ahora era recordado como el casi autista catchascanista pelucón de la primera X-Men, un simple lacayo de Magneto que aquí cobra vida propia. Y Schreiber, normalmente un actor atrapado en papeles blandos, parece estar divirtiendose como nunca. La relación antagonistica entre Creed y Logan es el alma de este film – cuando la dejan desarrollarse, eso sí.

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El sudafricano Gavin Hood, autor de dramas como El Sospechoso o Tsotsi, puede parecer una mala elección para una película así, pero cumple con cabalidad. Hood empezó su carrera como actor en filmes de serie B con títulos tan auspiciosos como Proyecto Shadowchaser II, Kickboxer 5 o Fuerza Delta 2 y 3. Al parecer, este pasado de películas de acción le sirvió.

La pirotecnia y destrucción a gran escala está presente y hacen de Wolverine otro blockbuster veraniego que no cumple sus propias expectativas y a ratos cae en la estupidez (¡Mágicas balas que borran la memoria!) pero cumple con entretener. Los fanáticos del cómic más acérrimos tendrán razones para aplaudirla u odiarla en simultaneo.

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Lo que sí queda demostrado es que los X-Men son numerosos y aún quedan muchas historias por contar. Por ello uno no se explica la idiota decisión de la Fox de “reiniciar” toda la serie (una práctica que se viene haciendo común desde Batman Inicia), cuando aún quedan muchos mutantes esperando su turno en pantalla.

 

Por Ernesto Zelaya

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