Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Dos Perdedores sin Nada Nuevo que Contar


 

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David Wain – Un Par Nada Ejemplar (Role Models, 2008)

La comedia estadounidense desde hace un tiempo viene transitando por un periodo de renovación que busca dejar la risa fácil y los clichés gracias a nombres que tratan de imprimirle una personalidad propia. Es así como Jude Apatow, Steve Carrell, Will Ferrell, Kevin Smith, Adam Sandler y los nuevos Seth Rogen o Evan Goldberg ofrecen originales alternativas para sacarnos carcajadas.

La celebrada Superbad (2007) y la divertidísima Pineapple Express (2008), por citar dos comedias realizadas en los últimos años, concitaron el interés del público y obligaron a la crítica a mirar con mayor seriedad y respeto a un género tan venido a vemos que se había apoyado en las situaciones extremadamente abyectas y en la escatología como únicos argumentos para intentar hacer reír. 

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Un par nada ejemplar (2008), lamentablemente, se transforma en una película más sin agregarle nada nuevo al género, desperdiciando un reparto interesante con un guión trillado y personajes fórmula que no hacen más que adelantarnos con cada encuadre un final que ya todo el mundo espera.

Se trata de la historia de dos perdedores, los que han pasado las tres décadas viviendo vidas vacías y actuando en la mediocridad. Danny (Paul Rudd) trabaja promocionando una asquerosa bebida energizante en las escuelas públicas junto a su inseparable amigo Wheeler (Seann William Scott), quien debe enfundarse el disfraz de un minotauro. El primero de ellos está harto de su vida y un día decide explotar, mientras que el segundo trata de controlarlo y hacerlo aceptar que siga con esa rutina a la que él ya está habituado.

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Pero Danny no se resigna y la única manera de darle un giro a su existencia es desafiando a la autoridad. Tras un lío con la policía que termina con un patrullero destrozado, ambos son apresados y condenados a pasar varios días en una institución ayudando a muchachos con problemas de autoestima. Es allí donde cada uno de los protagonistas encuentra un nuevo partner y desarrolla el clásico aprendizaje producto de la interacción con una persona totalmente opuesta.

Danny entra en la vida de Augie (Christopher Mintz-Plasse), el típico nerd que vive metido en el mundo fantástico de los juegos de roles, el único mundo en el que parece tener sitio; mientras que Wheeler conoce al pequeño bribón Ronnie (Bobb’e J. Thompson), un niño huérfano de padre que le hará la vida imposible.

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Ambos muchachos se transforman en un bálsamo para estos loosers, quienes con cada día loco que pasan afrontando su condena empiezan a comprender y a querer a estos nuevos compañeros. La reivindicación es un tema muy presente en el filme y tanto Danny como Wheeler comprenden que sus vidas podrían adquirir un nuevo sentido si, a su manera, ayudan a dos chicos solitarios que sólo necesitan un rato de compañía.

Asimismo, Danny, quien es el eje de la historia, vive atormentado por recuperar el amor de Beth (una exquisita Elizabeth Banks), una exitosa abogada que ya no soportaba el comportamiento desalentado del hombre al que había amado.

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Más allá de algunos gags divertidos, el director David Wain nunca otorga solidez al relato, más allá de la fluidez tan necesaria para que la película se haga soportable. Rudd y William Scout están bien, se trata de dos actores que conocen su oficio y que han logrado asentarse con cada nuevo largo, sin embargo lo plano de sus personajes torna insalvable su labor, además que nunca llegan a convencer del todo como una dupla que se haga habitual en el futuro.

Mención aparte merece otra nueva aparición de Christopher Mintz-Plasse, el recordado McLovin de Superbad, que tiene todo para convertirse en uno de los mejores actores cómicos de Hollywood en la actualidad. Su teatralidad y ritmo se imponen desde su primera escena jugando en la azotea, aunque esperemos que no se encasille en los papeles de nerd.

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Otra actriz de comprobado talento, pero que en la película parece realizar cualquier otro personaje que ya haya interpretado antes como en Virgen a los 40, es Jane Lynch, quien da vida a la directora de la institución social a la que los personajes han sido confinados. Hay escenas logradas como la batalla final en el juego de roles donde los personajes llegan a la guerra maquillados al mejor estilo de Kiss, en uno de los pocos momentos verdaderamente originales. 

En suma: el ingreso de dos adultos sin rumbo al mundo de los adolescentes solitarios, el entrecruzamiento de dos generaciones y el aprendizaje mutuo en una comedia bastante ligera, que se deja ver, pero que no se preciará de haber contribuido a la fundación de la nueva comedia americana.

 

Por Fernando Vega Jácome

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