Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

BAFICI 2009: ECOS DE UN FESTIVAL (Crónica)


 

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Once ediciones ya y, sin la menor duda, el festival de mayor peso dentro de los que se realizan en América Latina. El BAFICI es uno de los festivales que dependen del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y, afortunadamente, la administración de Macri no ha afectado su perfil ni orientación que antes tuvo a Andrés di Tella, Eduardo Antín (Quintín) y  Fernando Peña como directores, y que tiene ahora a Sergio Wolf en esa función, con una notable continuidad en las propuestas, con pequeñas variaciones en el diseño de la  programación. El bloque central del Festival sigue dedicado a las expresiones más avanzadas del cine actual y eso está cubierto en las secciones oficiales competitivas, en las muestras,  retrospectivas y focos. Se ha reducido la atención que Fernando Peña le otorgaba al cine del pasado, pero eso no afecta en lo sustancial una línea dominante que hasta ahora se mantiene incólume y que cuenta, como no contaría en ninguna otra ciudad capital de la región, con una impresionante asistencia.  Este año y durante ocho de los once días del Festival, las doce salas del complejo Hoyts, en el Centro Comercial Abasto, sede del Festival, estuvieron cubiertas desde horas de la mañana por la programación del Festival y prácticamente no hubo función que no tuviera una enorme concurrencia, incluso en las películas del norteamericano James Benning que muestran sólo ríos, carreteras o trenes en metrajes de larga duración.

Una vez más, las muestras del BAFICI se aproximaron a varios  de los autores más valiosos del cine de las últimas décadas. Uno de ellos el francés Jean Eustache, del que se vio el íntegro de su filmografía, cortada por el suicidio del cineasta en 1981. Otro,  la pareja Jean-Marie Straub-Danielle Huillet, de cuya copiosa obra  se exhibió una parte. También nombres desconocidos en nuestras latitudes como la documentalista checa Helena Trestiková, la norteamericana Su Friedrich o la letona Laila Pakálnina que, mostraron sensibilidades distintas a las habituales. De manera  especial, Trestoková fue una revelación por su rigor en la observación documental.

Otro acierto del BAFICI es el espacio creciente concedido al  género documental. La no ficción, que atraviesa un periodo de una abundancia no vista en décadas anteriores, puede confrontarse de igual a igual (no en cantidad, pero sí en calidad) con los relatos de ficción en una programación que se acerca a los 400 títulos.

América Latina va tomando mayor peso, aunque este año la producción peruana estuvo ausente. Como siempre, la representación argentina fue mayoritaria y, a diferencia del año anterior, de menor calidad en promedio. Es verdad que no se puede mantener un  nivel parejo todos los años, pero luego del mejor año de la década para el cine argentino en términos de logros expresivos que fue 2008 (La mujer sin cabeza, Leonera, Liverpool, Historias extraordinarias, Los paranoicos), la impresión que se tiene de lo mostrado en la última edición es de un cierto agotamiento creativo, exceptuando  Excursiones, de Ezequiel Acuña y algún otro título. Los nombres consagrados estuvieron ausentes, pero una cinematografía no se puede sostener en un puñado de nombres y menos, como en el caso de la argentina que produce alrededor de 70 largos por año. Veremos cómo sigue el curso de un cine que ha dado buena parte  de los mejores títulos en lo que va del nuevo siglo, pero ya se cuestiona la idea de una permanencia de ese nuevo cine argentino que desde la segunda la mitad de los 90, y especialmente a> partir de Pizza, birra y faso, supuso un cambio marcado en la historia del cine argentino y se constituyó en la corriente más destacada en el conjunto de las cinematografías de América Latina.

Por lo demás, la salud del cine de autor de otras latitudes sigue  firme (desde veteranos como Skolimovski y Kiarostami hasta jóvenes como la alemana Maren Ade o el portugués Miguel Gomez, cuyo Aquel querido mes de agosto fue una de las mayores revelaciones de la undécima edición, en la que además siguió dando  que hablar el pujante cine del Oriente. Además de Cuatro noches con Ana, del polaco Skolimovski, Shirin, del iraní Kiarostami, Aquel querido mes de agosto, los mejores títulos del cine más reciente fueron 35 Rhums, de la francesa Claire Denis, La vida moderna y Un cuento de navidad de los también franceses Raymond Depardon y Arnaud Desplechin. Además de varios otros> films de esa misma nacionalidad: Las playas de Agnes, de Agnes Varda, No toques el hacha, de Jacques Rivette, La frontera del amanecer, de Philippe Garrel, Los amores de Astrea y Celadón, de Eric Rohmer y Ningún lugar es la tierra prometida, de Emmanuel  Finkiel. También la japonesa Aquiles y la tortuga, de Takeshi Kitano y la alemana Nube 9, de Andreas Dresen, una de las sorpresas del último BAFICI.

Por Isaac León Frías

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