Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

La Revolución Distante


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Steven Soderbergh – Che, el argentino (Che: Part I, 2008)

Steven Soderbergh es alguien que tiene la capacidad de pasar de un proyecto a otro con una facilidad envidiable. Sus intereses son muy variados: pasa del thriller político y ambicioso (Traffic) al filme de ladrones cool (La gran estafa como a proyecto baratos y hasta experimentales (Bubble). Imposible de encasillar, cada nuevo experimento del director genera un interés especial, ya que es capaz de moldear la maquinaria hollywodense casi a su antojo.

De esta manera, le llega el turno a la vida de Ernesto El che Guevara. De por si, ya llamaba la atención que se produjera la historia del guerrillero con aun actor tan importante como Benicio del Toro en el papel protagónico. Pero lo que mas llamaba la atención era de que forma iba Soderbegh a abordar la historia, teniendo e cuenta que el estilo cool y relajado de muchos de sus proyectos anteriores poco tenian que ver, en teoría, con l vida de alguien tan mitificado por el buen Che.

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Mucho mas llamo la atención el hecho que se decidiera dividir la película en dos partes, debido a su larga duración. Es así que ha llegado a la cartelera la primera de ellas: Che, el argentino. La cinta nos narra la historia del che Guevara desde el momento en que se hace Guerrillero hasta la victoria de la revolución en Cuba, alternando momentos en los cuales el protagonista, ya como ministro cubano, hace un discurso ante la ONU.

Lo primero que llama la atención del film es el tono que maneja. Como dijimos, uno no sabía muy bien que esperar: podía tratarse de un film más bien ambicioso como Trafico, lleno de filtros que varían el color según la situación, como de una representación relajada del guerrillero.

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Lo cierto es que ni lo uno ni lo otro: se trata de un film que mantiene una distancia frente a lo que narra (cosa común en Soderbegh, ya sea de forma cool como en La Gran Estafa como de forma más grave como en Tráfico) pero cuya distancia se basa en querer ser una crónica de lo que le ocurrió al he en su tiempo en la selva de Cuba.

De esta manera, la película nos va presentando diversos episodios que tienen que ver con la vida en el lugar: ya sea el reclutamiento, la vida cotidiana en el lugar, el compañerismo, la planificación de estrategias o la lucha misma. Incluso el ataque final, que en teoría es el momento de triunfo, está filmado con la misma distancia y sequedad que todo lo anterior.

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No hay en la película un momento que parezca más importante que otro: la distancia que mantiene la película con sus personajes y sus situaciones, registrándolos de forma neutral, hace que ningún momento resalte en importancia, que todo pertenezca mas o menos al mismo nivel de narración. No hay ni ampulosidad ni velocidad ni relajo: la cinta se toma su tiempo para mostrarnos lo que ocurrió por esos lares.

Lo que interesa en la propuesta de Soderbergh es justamente esa forma de desmitificar a uno de los íconos más importantes de Latinoamérica. Aquí no importa festejar o condenar al Che: importa que su vida y su pelea aparezca normalizada, humana. Vemos al Che como un individuo tan común y silvestre como cualquiera, un líder pero que va creando su liderazgo a partir de una puesta en escena que pone énfasis en la normalidad de las situaciones.

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Las situaciones aparecen así poco forzadas y van interesando y capturando. Ayuda la interpretación de Del Toro, sobrio como el personaje protagónico. El actor entiendo lo que quiere el director y no se deja llevar por el impulso de hacer un show a partir del icono político más importante que tiene América Latina.

Sin embargo, pareciera que Soderbergh respetara demasiado al personaje. El che es un individuo que no muchas veces tiene que tomar decisiones morales complicadas (el momento de la ejecución de dos de sus ayudantes por traición, por ejemplo), en los cuales el estilo distanciado le da mucha fuerza a las imágenes.

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Pero llega un punto en el cual ese estilo comienza a sentirse un tanto mecánico, como si se debiera no tanto a una decisión de puesta en escena sino a no saber como enfrentar al personaje. Quizá faltarle el respeto un poco al Che no hubiera caído tan mal.

Sin embargo, el saldo termina siendo positivo: El Che consigue dotar de poder humano a un personaje discutido pero que muchas veces aparece idealizado y edulcorado en sus presentaciones cinematográficas (recordar Diarios de motocicleta). Soderbegh no hace el facilismo, y eso hay que agradecerlo.

Por Rodrigo Bedoya

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