Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Libertad con Moderación


 

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Saul Dibb – La Duquesa (The Duchess, 2008)

 

¿Qué pretende La Duquesa (The Duchess, 2008)? ¿Escoger un personaje histórico ejemplar, para hablar de libertad en su aspecto menos tomado en cuenta en un momento en que ésta se encontraba en boca de todos? Porque la libertad implica también los derechos de la mujer… O, más bien, Saul Dibb, el director, quiso darle en la yema del gusto al público femenino de la manera más trillada, narrando una historia que posee la emoción y los clichés de una telenovela… O las dos cosa.

 

El periodo histórico es el de la Ilustración. Las ansias revolucionarias resuenan en el ambiente. A ideas innovadoras como los derechos humanos las respalda el sentir popular. Sin embargo, la mujer no vota. La frase “Libertad para todos los hombres” no incluye a las mujeres. Y Georgiana (Keira Knightley), esposa del Duque de Devonshire (Ralph Finnes), poco a poco y traumáticamente, lo va confirmando.

 

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Para empezar, su misión en la vida es parir un varón, un heredero. Poco importan su opinión o sus sentimientos mientras cumpla con su único cometido en la vida. Es lo que se espera de ella, es lo que su madre, profundamente anclada en las costumbres, espera de ella. Cuando el Duque la obliga a cuidar de su hija bastarda, ella agacha la cabeza y finalmente le agarra cariño a la niña. Cuando el Duque la engaña con su mejor amiga y acto seguido le quita la ropa, ella se deja, paciente. Cuando se le prohíbe enamorarse, intenta rebelarse pero acaba cediendo.

 

Resulta paradójico, y en eso se funda la capacidad persuasiva del film. Porque así como a la Duquesa la ama todo el mundo menos su propio marido, en el momento del surgimiento del concepto de libertad para todos proclamado por la Revolución Francesa se muestra que ésta no era para nada absoluta. Más bien, se trataba de una serie de convenciones con las que había que vivir. La libertad no es sino un mecanismo.

 

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El Duque siempre lo supo, Lady Spencer (Charlotte Rampling), la madre de Georgiana, también. Es la única manera. Por eso, el final no será del todo esperanzador. La Duquesa no se redime ni alcanza la pretendida libertad, únicamente se le permite un cierto margen para esquivar las normas con moderación y precaución.

 

Tal vez quede un resabio agrio, pero no se puede negar que se trata de una solución funcional. Algo afortunadamente alejado de la idealización romántica de Hollywood, que, por cierto, nadie dijo que dejara de ser una valerosa conquista.

 

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La Duquesa es un film ambivalente. El acierto de su planteamiento decae frente a la pobreza de su tratamiento, que en sus mejores momentos recuerda a esos melodramas de protagonistas increíblemente sufridas, y en los menos felices, el acartomaniento de los personajes resulta demasiado complaciente con sus propias ideas de vindicación femenina.

 

Los hombres son clichés de telenovela: de una parte tenemos al Duque, como el malvado e insensible, y viejo, y de otra al joven Charles Gray (Dominic Cooper), atractivo, con futuro, cariñoso, idealista y enamoradizo como una chiquilla.

 

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La película opta por el camino del melodrama. Georgiana es una mártir. El mundo está contra ella. El problema es que cada personaje de este mundo representa un lugar común, que le resta consistencia al conflicto de la protagonista. Porque si uno es recontra malo y el otro recontra bueno, no resulta difícil escoger.

 

Si las desgracias están planteadas para confirmar lo que hace muchos años todo el mundo acepta, ¿de qué sirve, aparte de para sentirnos mejores e innovadores por pensar como ya casi todo el mundo piensa? Quizá la idea consista en que te identifiques con la Duquesa, pero mediante este método la empatía se da por simplificación, más que por comprensión. De esta manera, la tesis del film —la libertad como mecanismo, como negocio— pasa desapercibida.

 

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O las dos cosas… La coexistencia de ambas intenciones no beneficia al film estéticamente, pero tal vez sí comercialmente. Las finalidades pueden oponerse e incluso meterse cabe entre sí. Lo que importa es el nuevo sentido que adquieren. La cuestión, pues, se refiere otra vez a la conjunción. A esas dos cosas. Porque al mismo tiempo que presenta un melodrama con pinta telenovelesca, La Duquesa también desmitifica la noción idealista de una libertad total.

 

 

Por Eugenio Vidal

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Una respuesta

  1. Rosa

    MUYYYY WENA LA PELICULAA ME ENCANTHAA XD

    octubre 25, 2010 en 6:31 pm

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