Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

En torno a la dominación: Frost contra Nixon


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Ron Howard – Frost/Nixon (2008)

El desafío: Frost contra Nixon (2008) es, en definitiva, la más agradable sorpresa de la cartelera en lo que va del año. Y lo es dado que buena parte de las películas del irregular Ron Howard no se caracterizan por generar un interés mayor. De esta manera, Howard resulta uno de los directores más paradójicos de Hollywood: No logra definir una línea de producción competente, la mayoría de sus películas resultan sosas, previsibles y denotan una dependencia del guión.

Sin embargo y ocasionalmente, Howard desdice a sus detractores con películas logradas. Bastaría con recordar adaptaciones como Cinderella man (2005) o A beautiful mind (2001), o algunas fantásticas menos recientes como Willow (1988) o la poco reconocida Cocoon (1985). Todas estas, no obstante, recurren a la ‘guión-dependencia’ y son levantadas por sus destacadas actuaciones. Por ello, no resulta osado decir que El desafío: Frost contra Nixon se perfila como una de sus mejores películas (quizá la mejor). Veamos por qué:

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En principio habría que resaltar el profundo antagonismo expuesto en los preámbulos del histórico debate entre el periodista y el ex presidente. David Frost (Michael Sheen) se nos muestra como un personaje frívolo y arribista. Sus ansias por el reconocimiento trascienden el umbral convencional del sentido común y tal característica logra verse reflejada en las reacciones que suscita en su equipo de producción. Richard Nixon (Frank Langella) está muy bien.

Su caracterización de viejo dinosaurio político es notable: Lo vemos inteligente, manipulador y conservador, un rasgo compartido en ambos es su ambición y amor por el poder y esa es la clave de la construcción de una trama muy profunda, que le ha de deber bastante a Peter Morgan (adaptador de la pieza teatral). En cuanto a los actores habría que agregar que todo el reparto es lujoso: Kevin Bacon como asesor de Nixon y Rebecca Hall como compañera de Frost cumplen roles fundamentales en la constitución del perfil de los protagonistas.

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Howard, como acostumbra, nos muestra también un impecable modo de contextualizar la época: Imágenes de archivo y planos de detalle resultan una constante en los albores de la película, así también resultan interesantes las súbitas irrupciones de la ficción mostrando declaraciones de los protagonistas comentando sucesos acaecidos o venideros, estas contribuyen a la conformación de un ambiente tenso, manifestando sutilmente las atribuciones del encuentro.

Con todo y con ello, Howard se las arregla para distribuir muy adecuadamente el contexto de los antagonistas. Además, hemos de tener en cuenta la condición sucinta de tal distribución, esta contribuye a evitar la tan recurrente predictibilidad en el cine de Howard.

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La complejidad de los personajes es un tópico planteado abiertamente en la película: ¿Cuál es la cualidad discernible de David Frost? ¿Por qué Nixon lo escogió para este histórico intercambio? Las respuestas las encontramos a lo largo de la trama adornadas con ribetes irónicos. Ya planteamos que la interacción en el entorno de cada protagonista resulta fundamental para conocerlos pero, mejor aún, resultan las conversaciones entre ellos mismos:

Estos se analizan muy minuciosamente, van conociéndose, respetándose, nada debe quedar al azar. En este punto, podríamos decir que Nixon se muestra bastante más competitivo que Frost, en la secuencia de la llamada telefónica nocturna (¿soñada?, ¿imaginada?, ¿denegada?) parece incitar a Frost a que dé lo mejor de sí. Nixon busca un oponente que valga la pena para que diga lo que tiene que decir y, curiosamente, los anticipos del álgido encuentro (el coloquio se divide en cuatro sesiones) brillan por la sugerencia, aquella conversación nocturna se convierte, entonces, en la apertura del afecto por parte de ambos: El proceso de la revelación se va intensificando.

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El desafió: Frost contra Nixon, transcurre en torno a la dominación: La búsqueda del control resulta una constante en el periodista británico. David Frost es un arribista nato. El ex presidente Nixon, por su parte, se muestra más preocupado por la enorme oportunidad de reivindicación que tendría con el pueblo americano, sólo tendría que tomar las riendas del intercambio y para ello se nos muestra implacable: Un gran maestro de la evasiva.

La confrontación entre ambos se ve también matizada por el ejercicio del subtexto, por la pausa dramática, por detalles que no vienen al caso (cabe recordar la muy jocosa cuestión de la feminidad de los zapatos italianos de Frost). Es por eso que si tenemos en cuenta el marco referencial histórico de la película, comprobamos que el perfil expuesto de los antagonistas no resulta verificable, Howard no busca exponer lo que pudo haber pasado y acierta plasmando una historia que se funda en los pormenores del encuentro saliendo muy bien librada del sesgo de la historia.

Por Enrique Vidal

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