Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Metaficción y Metafísica


 

mary_ver2poster

 

Abel Ferrara – Mary, 2007

¿Existe Dios? Y si existe ¿cómo se relaciona el significado de nuestras pequeñas existencias con su esencia? Y lo que es más importante ¿De qué método o métodos disponemos para llegar a él? Los personajes de Mary (2005) la espléndida película del director norteamericano Abel Ferrara están alcanzados por incertidumbres, dudas, certezas y justificaciones de la Fe cristiana, que los llevan a elucidar de modo denso y emotivo las posibilidades de la felicidad.

 

A partir de un rodaje en Tierra Santa sobre la Pasión de Cristo, Ferrara desarrolla un argumento atractivo y complejo: la figura central de María Magdalena -doblemente interpretada dentro y fuera de la pantalla por Juliette Binoche- y un atribulado periodista a cargo de un inmenso Forrest Whitaker, exponen las luces y las sombras del Jesús encarnado por Mathew Modine así como las que acompañaron al auténtico Rey de Reyes. Todo, a partir de fogonazos de atención audiovisuales que articulan un complejo discurso metafísico (transmitido por el Mesías a la mujer de Magdala).

 

033

 

El artificio metaficcional establece un juego de espejos perfecto donde la película dentro de la película reproduce discursos y nudos de reflexión inquietantes; en el contexto de un corpus dramático y audiovisual terso y fluido, de resonancias argumentales complejas, absorbentes, está claro que Abel Ferrara plantea la imposibilidad existencial de hablar de Dios, de creer en su existencia o no existencia, sin pasar previamente por una experiencia de cambio interior radical y profundamente fenomenológica.

 

Inspirándose de la figura mítica de María Magdalena, seguidora de Jesús, la obra pone en escena tres personajes a los que cautiva el espíritu y el misterio del personaje. Marie Palesi, actriz, encarna a María Magdalena en el cine y desde entonces vive iluminada por ella. Tony Childress, cineasta, hace de Jesucristo en su propia película. Ted Younger, periodista famoso, dirige una emisión sobre el tema de la fe. Su fascinación por Maria Magdalena y su sed espiritual hace que sus destinos se crucen.

 

015

 

Sobre esa base argumental se advierte que Abel Ferarra, un director independiente, traficante y transgresor de las formas dramáticas, así como de las posibilidades expresivas del cine, pone al día su universo mental y metafísico. Y deja Nueva York, su geografía natal, por un momento. Refuncionalizando los asuntos centrales de su cine: la violencia urbana, la corrupción policial, la delincuencia como otra modalidad de actividad social productiva, la diversidad racial como trama de sus conflictos, el vampirismo como metáfora de la modernidad.

 

Y sin discrepar con la estupenda imagen compuesta por Christopher Walken en El Rey de Nueva York como un zombie o muerto en vida, en nada sujeto al más elemental y primario instinto de conservación, se advierte que Ferarra utiliza Mary como un cable a tierra. Como un interregno para consolar su espíritu trastornado y sufriente. Para proyectar a través del personaje de Juliette Binoche su impenitencia y sus preocupaciones.

 

062

 

Dado a tratar formas no ortodoxas de la religiosidad, su moral es la de un católico ítaloamericano que vive oprimido por la omnipresencia del pecado y la culpa y el escaso alivio proporcionado por el perdón. Sus influencias palmarias son Scorsese, Peckinpah, Siegel y el cine de gangsters de la Warner. Sin los grandes momentos de violencia nocturna de sus filmes de los noventa, en Mary el director arriesga su reputación cuidando en exceso el curso del relato. Deja el camino sinuoso transitado en El Funeral, Adicción o Rxmas, conducente a la coreografía de violencia en cámara lenta o de los fulgurantes estallidos de pólvora para procurar Mary, una cinta ni nocturna ni violenta. Tampoco operática.

 

Más bien una gran representación de la moral religiosa de los hombres y las mujeres de hoy, consumidos por el individualismo y la postmodernidad. Para lo cual cuestiona de manera excéntrica el status quo y la relación causal de esa insatisfacción espiritual, desplegando a sus personajes en rumbos distintos, tortuosos, peregrinos, registrando sus pulsaciones en la gran aldea global, post 11 de septiembre.

 

04

 

 

La disposición de la cámara mantiene una frontalidad impasible, hardcoriana respecto de la religión y sus esencias. Existe una visceralidad en sordina, una vocación negra por encontrar las trazas de la conversión espiritual. No existe aquí el razonado cálculo comercial de El código Da Vinci ni el cálculo estético de La pasión de Cristo. Tan solo actitud.

 

A diferencia de Scorsese, Ferrara se conserva como un director del subsuelo –innegociable-. Por lo que sus asuntos y procedimientos estarán siempre a disposición de los transgresores capaz de adquirir sus preocupaciones. Mary reivindica a la proverbial prostituta, sugiriendo que era una de las discípulas más preparadas de Jesús.

 

12

 

El argumento imbricado (pero no absurdo) con la nueva literatura revisionista del cristianismo (léase los libros de Dan Brown), la estética estridente y personajes que provocan rechazo y atracción (pero no indiferencia) son el sello de un director que, a tres décadas de su primera película, recupera la capacidad de incomodar a su espectador.

 

Nacido a principios de los años 50 en el Bronx, Ferrara es uno de los grandes poetas de las “malas calles” de Nueva York. A lo largo de los años, en compañía de un grupo de amigos que siguen siendo sus colaboradores, ha filmado los rincones más secretos de Manhattan. Pero, tras los sucesos del 11 de septiembre Ferrara extrapola sus angustiasyculpasconsentidocosmopolita.

 

11

 

Su primera película “comercial” -“Driller Killer”- fue un gran éxito cuando se estrenó en 1979. Después rodó “King of New York” en la que Christopher Walken dio vida a un magnate de la droga con un código moral muy particular mientras que en “Bad Lieutenant” Harvey Keitel encarnó a un corrupto agente de policía. Abel Ferrara, que nunca ha sido objeto de consenso, obtuvo el Gran Premio del Jurado del Festival de Venecia por Mary que dividió las opiniones, a partir de una exploración espiritual y religiosa de una violencia latente que genera una tensión incómoda, perturbadora, que no dudamos en ponderar a través de éste texto.

 

Óscar Contreras

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s