Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

la humanidad destruida


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Francis Ford Coppola – Jardines de Piedra (Gardens of Stone, 1987)
La guerra de Vietnam es un tema siempre complicado de tocar por el cine americano. Generalmente visto como un grave error, las películas que tocan este tema tienen siempre un tono más bien apagado, sombrío, donde no hay lugar para el triunfo ni para la gloria.

Si bien en su momento este hecho fue apoyado, el tiempo le dio la razón a aquellos que consideraron que siempre fue un error, y el cine americano ha sabido mostrar ese fracaso. Quizá Francis Ford Coppola pensó bastante, al momento de realizar jardines de piedra, en la muerte de su hijo Gian Carlo, quién falleció en un accidente de moto acuática.

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Ese tono testamentario, triste, casi terminal, se siente en casi todos los fotogramas de la cinta, que es la reflexión del director sobre Vietnam pero a partir de pequeños hechos, de pequeñas relaciones. Aquí no importa el combate o la guerra en sí, sino importa omo sufren aquellos seres externos, aquellos que ven la guerra desde lejos.

La cinta nos cuenta la historia de dos militares, uno de ellos muy escéptico en todo lo que tiene que ver la guerra (James Caan), y que reciben en su escuadrón a un joven inteligente, pero decidido a ir a luchar en el frente de batalla. El cariño que nace entre los dos militares y el joven es casi parental, por lo que tratan de evitar que vaya a la guerra, algo que finalmente no consiguen.

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Hay algo que resulta apasionante en la cinta, y eso es el tono. Resulta difícil imaginar una película que se desarrolle en el mundo castrense que no tenga entre sus elementos el destacar rudeza o la jerarquía. Eso es exactamente lo que evita Coppolla: aquí no importan los momentos en los cuáles de despliega los clisés del mundo militar (incluso el único momento en el cual hay una inspección de cuarto termina con humor, demostrando la autoconciencia del director al hacerla de esa forma.)

Sino más bien todo lo que no se suele ver de la vida militar: el lado más amable, amical, amoroso y fraternal de los militares. “jardines de piedra” es una película que se mete en la vida de los militares a partir de su intimidad, de sus propias dudas, de la manera en la cual van creando relaciones entre ellos mismo pero también con gente de fuera, que pueden ser mujeres como amigos.

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Lo que le interesa a Coppola es mostrar el lado que no vemos: las comidas familiares, los lazos amicales, las maneras de acercarse a una mujer. Lo que vemos es la vida civil de los militares, lo que no resulta muy común de observar en el cine americano ni en ninguna otra cinematografía que se dedique a trabajar el mundo militar.

Y el director, al mostrar esa cotidianidad, decide darle un tono seco a su film: la cámara simplemente observa como los personajes se van desenvolviendo en los espacios, como conversan y se van relacionando.

La acción física (tan cara a las películas sobre militares) no está casi en ningún presenta: importan más las relaciones entre los personajes, y Coppola, a partir de su puesta neutral, nos va metiendo y haciendo que buenos acerquemos cada vez más a un mundo de seres honorables, que resultan humanizados. Hay una cierta ritualidad en los actos tan cotidianos como el comer con amigos, o el tomarse una cerveza, o salir con una chica, y que se va construyendo a partir de la precisión en la forma de filmar del realizador. Sin embargo, como ya lo hemos dicho, hay algo que separa a los personajes, y es justamente la voluntad de luchar. Mientras el personaje de James Caan es un escéptico y no cree en la guerra, el joven no puede esperar para ir a luchar.

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La contradicción que plantea la cinta es apasionante en tanto su puesta en escena nos ha ido metiendo a las relaciones entre los personajes, que son cálidas y hasta fraternales, pero nunca nos olvidamos de esa división que marca, al final, la realidad del mundo castrense: la necesidad de ir a pelear para ser alguien.

Es casi como si las muestras de cariño y la calidez mostradas antes no importaran en tanto el joven  necesita pelear para ser alguien. La dureza de la mirada de Coppola radica en el hecho de que uno siempre es conciente de que en ese mundo que nos ha parecido tan agradable y honorable la humanidad aparece en un segundo plano, y lo que de verdad importa es el pelear en la guerra.

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Y es así como el joven va a pelear, y en uno de los más desoladores finales que se pueda recordar, éste fallece. Coppola filma la noticia y el entierro de la misma manera en la cual ha filmado todo lo anterior: a partir de una ritualidad que hace que todo aparezca más triste, como si no hubiera diferencia entre los momentos de placer o el dolor. Es así que Coppola cierra una película testamentaria, hecha a partir del dolor de saber que uno ha perdido a alguien que quiere.

La guerra de Vietnam no es un tema desconocido para Coppola antes de “Jardines de piedra”: ahí tenemos la gran “Apocalipse now!”. Pero aquí se la jugó por un film de tono mucho más intimista. Sin embargo, el sabor que dejan es el mismo: el dolor es igual ya sea dentro como fuera del campo de batalla. Y ambas, además, son grandes películas.

Por Rodrigo Bedoya

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