Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Amores imperfectos


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Sam Mendes – Solo un Sueño (Revolutionary Road, 2008)

Sólo un sueño (Revolutionary Road, 2008) le arranca unas cuantas máscaras a las relaciones de pareja. Tal vez por eso necesite de una progresión gradual. Va tomando cuerpo poco a poco, por acumulación… Estados Unidos, los años cincuenta. Los Wheeler son un matrimonio joven que afronta una pelea de las que hacen pensar las cosas dos veces. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, revivan la relación con la idea de mudarse a París, un engañoso sueño de juventud que acabará por destruirlos. Su relación transcurre por tres periodos diferenciados marcadamente, incluso en su tratamiento.

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Los Wheeler

El primero muestra a la pareja en crisis. Luego de una breve introducción en la que Frank (Leonardo di Caprio) y April (Kate Winslet) se enamoran, aparecen como un matrimonio que colapsa. Después de la pelea del carro, parece que no queda más que recordar el comienzo o sacar los pies del plato.

Aquí es donde proliferan los flashbacks, pues son uno de los motivos recurrentes de este periodo. April reacciona recordando los buenos momentos, que describen el amor que hubo y que al mismo tiempo le proporcionan la idea para recuperarlo: mudarse a París y empezar de nuevo en ese lugar con el que soñaban cuando eran jóvenes.

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Frank, por su parte, le saca la vuelta con una secretaria de Knox, donde él mismo trabaja y con muchos otros forma parte de la gran masa homogénea que se viste con terno y sombrero, toma el tren y sale a trabajar todas las mañanas idénticas: el asalariado de la era industrial. Aunque el otro tema no es la sociedad de consumo, sino la desmitificación de la idea de que cada pareja es especial.

Existe un dibujo de Quino en el que en la primera viñeta aparece una pareja diciéndose que su amor es único y especial, y en la segunda vemos a muchas parejas iguales repitiendo exactamente lo mismo. Los Wheeler no son especiales ni diferentes, sino al contrario: podrían ser cualquiera, pero porque cualquier amor es igual a cualquier otro. (Que no lloren los románticos). Romeo y Julieta luce como un gran amor porque justamente se trata de un arquetipo. Por eso el amor vende tanto, pues con él nos identificamos todos.

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París

El sueño de mudarse a París genera y comprende el segundo periodo. April convence a Frank y ambos viven en una fantasía que en principio nadie entiende. Todo parece irreal, pero no en un sentido onírico, sino en el de una atmósfera idealizada, típica de la perfección del Hollywood productor de sueños que tanto glorificó el american way of life. Hasta la música y el tratamiento comparten lo vaporoso. Ante los ojos del espectador, se encuentra la pareja perfecta, aquella del suburbio en Connecticut con los dos hijos chicos.

Al comienzo, el único que les da la razón es un loco: John Givings (Michael Shannon) un ex-matemático más bien quemado, hijo de la mujer que les vendió la casa, Mrs. Helen Givings (Kathy Bates), quien también ve en los Wheeler la encarnación de la pareja perfecta. Solamente este hombre alienado parece entender los motivos idealistas de los que la pareja está profundamente convencida. ¿Por qué no dejarse llevar? ¿Por qué no seguir el camino de las pasiones? Y lo curioso es que poco a poco, deja de parecer una idea absurda. Los protagonistas creen de tal manera en su sueño que gradualmente se antoja como una solución posible.

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En este periodo, se reúnen varios paradigmas de la perfección de pareja que luego serán destrozados. Por eso Sólo un sueño se encuentra lleno de símbolos: la época es la más idílica de los Estados Unidos, un momento de bonanza en que las vidas de molde de suburbio florecían; Connecticut, el estado de la tranquilidad familiar por excelencia; Leonardo di Caprio y Kate Winslet, la parejita de Titanic; todo ese idealismo será desmitificado en el tercer periodo. Con razón que el único que verdaderamente les daba bola era un loco.

El amor

Al último periodo lo caracteriza la discusión. Si bien ésta se encuentra presente a lo largo del film, en este tercer periodo alcanza su momento culminante. La cámara ahora se encuentra en mano, la iluminación gana expresividad, ha anochecido. Y Frank y April se harán pedazos con palabras. Han despertado a la cruda realidad: a Frank le ofrecen un ascenso, April queda encinta. París vuelve a lucir como lo que siempre fue, una ilusión. Cuando el sueño se rompe, la relación se resquebraja. Se descubre que el amor mismo también era sólo un sueño.

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Entonces es cuando el film cobra mayor fuerza, cuando se muestra el lado crudo de las relaciones de pareja. El camino recorrido fue el requerimiento imprescindible para tumbarse el mito. Ahora todo queda claro. Salvando las distancias, la tesis recuerda a Bergman y a Cassavettes: ¿qué es al amor? Cualquier cosa, menos perfecto.

Por Eugenio Vidal

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Una respuesta

  1. Me gusta mucho esta reseña, muy bien elaborada y estructurada. Para mí Revolutionary Road es una excelente pelócula, muy infravalorada, pero realmente potente y energizante. Kate Winslet y Leonardo DiCaprio brindan actuaciones dignas de aplausos y la dirección, guión, música y ambientacion del film es sin dua gratificante.
    La película me encantó. Gracias por el artículo, repito, está muy bien hecho.
    Saludos!

    febrero 23, 2010 en 10:42 pm

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