Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

la caida de la casa usher


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Roger Corman – La Caída de la Casa Usher (House of Usher, 1960)
El despegue de Corman y su serie legendaria sobre Edgar Allan Poe

Quién haya leído los cuentos extraordinarios de Poe, sabrán que lograr la realización audiovisual de sus temas es un reto encantador que seduce a cualquiera. Y así fue para Roger Corman, director que empezó con producciones terroríficas de bajo presupuesto y  que en 1960 dio a luz la adaptación que hizo para el cine de uno de los mejores cuentos del escritor estadounidense “La caída de la casa Usher”.

Este cuento de Poe abarca sensaciones y detalles magníficos, en sí en la narrativa como también en los detalles psicológicos que junto con el inmenso toque fantástico, se vuelven en las pinceladas más barrocas de la historia. También en este cuento los elementos autobiográficos saltan a la vista como quizás en ningún otro: las relaciones familiares anormales entre situaciones macabras. Cada aspecto más espeluznante que el otro, aspectos que Corman tradujo a su propio lenguaje, el cuál utiliza con finura en la elaboración de sus personajes, los cuales en su comportamiento psicológico desarrollan todo el terror que para esa época era el peor monstro que  podía verse en la pantalla, además sin duda, de la propia casa Usher, personaje estático (casi) que en su magnitud gótica deslumbra y genera las sensaciones más aterradoras.

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El miedo a la muerte, la obsesión por las enfermedades mentales son asuntos pendientes que los personajes de Corman en su libre interpretación de Poe, tienen que sobrellevar en una casa llena de tristeza, donde todo sentimiento es agobiante. Corman decide utilizar la historia de Poe para recrear la película con una mayor participación de sus personajes, provocando aún más la interacción entre ellos para generar conflictos punzantes, tensiones y el suspenso adecuado para quién ve la película. Para eso Corman consiguió a nada menos que a Vincent Price, conocido desde los años 50 por sus íntegras participaciones en películas de terror, quién desde “La caída de la casa Usher” se convirtió en el actor predilecto para las futuras adaptaciones que hiciera Corman de los distintos relatos de Edgar Allan Poe.

Vincent Price es la pieza master de esta película, con una serenidad forzada por el propio pánico, la voz que con su matiz pausado da escalofríos que acompaña esa sensación de querer cerrar los ojos cuando en algunos primeros planos la mirada que Roderick lanza es insostenible por lo bien que este actor se involucra con el personaje. Roderick Usher es el eje, el cimiento de la casa, el que debe venirse abajo más no por él mismo y sus preocupaciones misteriosas, enfermizas e incestuosas. Ahí está Madeline, la pequeña y última dama Usher que genera entre su hermano y su comprometido quién llega a visitarla, una serie de debates tenebrosos  acerca de la casa y sus “deseos”, del mal que agobia a todo el perímetro y del cual no se ha salvado Madeline, quién en su alma anida todas las últimas malicias de la historia familiar.

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Corman aún así con el bajo presupuesto que consiguió logra con ingenio utilizar cada efecto necesario que hace de la película una de las mejores en su género y que cautiva por su lograda fotografía en colores un tanto psicodélicos por momentos, pero que consiguen un buen contraste con las imágenes en un casi blanco y negro o algunas otras en tonos oníricos. Ese es un detalle, lo cromático de Corman, que no sólo se limita a recrear paisajes y tomas. Lo está también en los personajes que forman un triángulo no sólo conflictivo en el guión, sino también en lo que se trata su interpretación psicológica. Para eso vemos desde un comienzo a un Roderick vestido de rojo intenso, a Madaline de blanco así como el tono de su piel y a un Philip Winthrop (el visitante) vestido de azul, el equilibro probable entre ambas cualidades opuestas. Sin duda esto fue bien utilizado por Corman porque con el bajo presupuesto no conseguía variedad de vestuarios como tampoco de escenografía.

Para ese tema Corman, en función también de productor, tuvo el gran ingenio de llenar los vacíos o tapar accesorios de rodaje, con el bien usado elemento de la neblina. Una neblina que en su insistente aparación sólo nos deja más sensaciones de misterio y angustia. Todos estos elementos encajan entre sí con el nerviosismo que produce al espectador con su juego de cámaras, movimientos simples de travelling o seguimiento exhausto de cada personaje, acercamiento a primero planos que rápidamente se entrecorta con la otra imagen, detalles que hace delirar en el terror de lo que aún no se sabe qué pasará. Pero en ese aspecto creo yo que hay dos momentos cumbres donde esos elementos y formas llegan a su cúspide. La primera en un seguimiento de Winthrop a Madeline, escenas que nos llevan al corazón de la casa Usher, con imágenes estremecedoras y bien logradas en ritmo y en línea narrativa. Y la otra la parte onírica por parte de Winthrop que ya sometido a las alucinaciones provocadas por tanta estimulación tenebrosa lo sumergen en un sueño aterrador y visionario donde las siluetas, formas y colores logran en nuestra reacción la irremediable desesperanza.

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La película fue mejor de lo que esperaba, sin duda hay que trasladarse a la época y sentirse un poco más indefenso y dispuesto a encontrar en detalles como sonidos fantasmales primarios o efectos entrecortados y simples, un momento de terror alejado a lo que puede haber sido leer el cuento primero, pues sin duda no hay que pensar que Corman traspasó el cuento a la pantalla. A la vez hay que dejarse seducir por esos toques de notas de suspenso, la musicalización de lo aterrador que nos puede sonar hasta sonso pero que están bien dispuestos en armonía con cada parte de la historia. Esta fue la primera que hizo Corman, como les dije, en sus adaptaciones de Poe, le siguieron muchas otras: El péndulo de la muerte (1961), El cuervo (1963) y la Máscara de la muerte roja (1964).

Corman es un director que conocí casualmente averiguando un poco más acerca de directores contemporáneos y sus inicios, pues Corman trabajó con muchos de los directores que empezaban su carrera y que ahora conocemos como grandiosos hacedores de películas, entre ellos Martin Scorsese quién hizo una de sus primeras películas por encargo de éste (Boxcar Bertha) así como también se inició con Roger Corman el en ese entonces joven Jack Nicholson quién interpretaba roles secundarios además siendo hijo de uno de los creadores de la A.I.P por sus siglas en inglés, la productora que accedió a realizar esta película con recelo pero que después con el éxito de Corman, ambos continuaron entusiastas con las siguientes producciones.

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Esta película no es para fans de Poe, lo es también, pero lo es principalmente para los que encontramos en el cine la magia de crear a pesar de todo y justamente por todo eso seguir creando. Una película de serie B que merece verse olvidándose la categoría más sí concentrándose en detalles del ingenio y el ojo para hacerte sentir tres cuartos de miedo mientras comes tu popcorn.

Por Beatriz Torres

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4 comentarios

  1. Anónimo

    ç

    mayo 3, 2009 en 1:05 pm

  2. carla

    aguante el romanticismo

    agosto 25, 2009 en 8:49 am

  3. Pingback: La Inglaterra grotesca: Robert S. Baker & Monty Berman, un nuevo viejo horror británico. La sangre del vampiro/La carne y el demonio « Esbilla cinematográfica popular

  4. nada q ver

    marzo 29, 2011 en 10:29 am

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