Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

dos creyentes atormentados por el problema de la fe: Kierkegaard y Dreyer


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El tema que trata Ordet es la fe, un aspecto al que dedico la mayor parte de mis reflexiones.

Este trabajo me da la posibilidad de reunir lo que a mí más me interesa: cine (Dreyer es uno de los mejores directores de la historia), la filosofía de Kierkegaard (muy reflejada en el filme), y el problema de la fe hasta llegar a los límites sobrenaturales de aceptar un milagro.

“La Palabra” es una armónica conjunción entre forma y contenido, entre el excepcional dominio de la técnica cinematográfica y su dimensión semántica, repleta de una profunda significación metafísica.
La puesta en escena es muy abstracta, es en la escena final (el milagro) donde más se percibe, ya que es una secuencia de una estilización extrema. Nada es gratis en el cine de Dreyer, todo está por algo. La disposición del encuadre y la sobriedad ornamental están en conjunción con el contenido profundo de la película.

La cámara se desplaza en función del punto de vista del alma del espectador, a cuyo interior sólo se dirige el artista, cómo si la cámara fuese nuestros ojos, nuestra mirada (lo que quiero todo amante del cine, mirar y todo lo que conlleva, sentir y experimentar lo que ve, en definitiva, un voyeur de historias).

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No hay ni un plano-contraplano algo totalmente innovador en el cine de la época. El uso del plano circular también es revolucionario, demostrando ser el mayor maestro de la historia del cine en este aspecto, gracias a la escena prodigiosa entre Johannes y la pequeña Maren, donde la niña pide a su tío que si su madre muere, éste la despierte, lo extraordinario está en el movimiento circular de la cámara alrededor de ambos personajes y en el ritmo del plano, tan pausado y acorde al tema que trata.

Sólo unos pocos además de Dreyer, (tal vez sólo Sokurov o Angelopoulos) han sabido darle un uso tan inteligente al plano-secuencia (la cámara se mueve creando una toma donde se muestran diferentes acciones de los personajes conservando las unidades espacio-temporales). La cantidad de planos-secuencia contrasta con el ínfimo uso de primeros planos (sólo tres). Como toda obra maestra de cualquier tipo de arte, es intemporal (sólo el teléfono y un coche, que ni siquiera vemos, sólo percibimos la iluminación de sus faros, son sus referencias al presente).

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En la obra no hay acción, pero sí conflicto, situado en una tensión entre calma y tempestad (algo íntimamente relacionado con la fe). El milagro que vemos en la película, sólo es comprensible desde la fe, esa fe inocente, que sin ser consciente posee Maren (la pequeña de la película).

El reparto de personajes nos ofrece un mosaico de actitudes ante la religión, no sólo representa a un individuo, sino la posición de una colectividad, cada personaje representa una forma de conciencia. El médico, con su actitud frente a la religión, usa la ciencia como “tapa-agujeros” del hueco que deja su ateísmo, le da un carácter que no debe ser propio de la ciencia, afirma en la película: “Yo sólo creo en los milagros que nos da la ciencia.”

El personaje de Morten me fascina, se considera un creyente acérrimo (en el buen sentido de la palabra), pero vive convencido de no haber sabido atraerse los dones de Dios con sus oraciones, se siente desgarrado entre sus anhelos religiosos y la realidad que los niega; su deseo era ver a Johannes convertido en un gran reformador religioso. Pero esta gracia no le ha sido concedida, ¿o es que Johannes es más que un reformador religioso? Evidentemente no es casualidad que Morten tenga tantas semejanzas con el padre de Kierkegaard.

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Mikkel, el primogénito de Morten se confiesa ateo sin ningún tipo de duda. Anders, el hijo menor, no está muy preocupado por la religión, con su silencio se entiende que es agnóstico.Inger es el ejemplo de un ser humano limpio de corazón (recordemos Mt 5,8). En su bondad es comprensiva y acepta con sufrimiento las tristezas de Morten y los desvaríos de Johannes, lo hace no porque siga a pies juntillas una actitud religiosa concreta, sus actos tienen como fin propiciar que el amor prevalezca por encima de todas las creencias con la máxima generosidad y desprendimiento.

Maren, la más pequeña de la obra, representa esa fe inocente y tan bella, “Dejad que los niños se acerquen a mí” (Mc 10,14).
El sastre representa la fe dogmática y equivocada, esa fe que tanto critica Kierkegaard, fundamentada desde la colectividad, una colectividad hipócrita, no desde el individuo, una concepción de la religión intransigente y fundamentalista.

Representa la pervivencia del fanatismo incoherente y estúpido, sus convicciones se muestran fundamentalistas negando algo tan humano e inherente a la vida como es el amor. Johannes es el personaje más interesante de la película, es creyente, el más creyente de todos, tiene una fe próxima a la locura, pero es que la fe es así, esa fe a la que se refiere Kierkegaard (al que tanto lee) irracional, pasional “quien no se haya angustiado o desesperado no sabrá nunca lo que es la fe.“ ¿Acaso no fue Kierkegaard un nuevo “evangelista” iluminado por la Revelación, que, debido a su circunstancia histórica, la transmite en un lenguaje desesperado?

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No hay que olvidar que la película es la adaptación de una obra de teatro, Dreyer se situaba en la difícil situación de abstraer el teatro, y la mayor diferencia entre teatro y cine tal vez sea la misma que entre representar y ser. El teatro a diferencia del cine es el arte de lo falso, y recordando a Godard “el cine es verdad proyectada veinticuatro veces por segundo”.

Dreyer también declaró algo parecido:“la esencia más íntima del cine es una necesidad de verdad”. El director danés usó el teatro para llegar a un cine que nos ha hecho olvidar la cámara, respeta las leyes teatrales y cinematográficas.

Es decir usa lo mejor que ve en el teatro para aplicarlo al cine, como si el teatro en actitud de sacrificio, elimina todo lo que de falso contiene y acerca la verdad al cine concediéndole su espacio. Ciertamente el teatro con sus leyes establecidas pierde originalidad, ya es difícil sorprenderse, perdió todo el misterio, algo que el cine tiene, al igual que la fe.
Eric Rohmer, el gran cineasta de la Nouvelle Vague decía, que para André Bazin (gran crítico cinematográfico fundador de la revista Cahiers du cinéma) la presencia de una mota de tierra real, percibida subrepticiamente al pie de la laya del sepulturero, es lo que salva a “La pasión de Juana de Arco” de Dreyer (para mí una de las mejores películas de cine mudo) de la convención escénica.

Me gustaría analizar una frase de Ortega y Gasset que es muy pertinente en el contexto de la película: “Las ideas se tienen, en las creencias se está”.
Las ideas que son de verdad “creencias” constituyen los pilares de nuestra vida y por eso no tienen el carácter de contenidos particulares dentro de ésta. No son ideas que tenemos, sino ideas que somos. Son nuestro mundo y nuestro ser, pierden el carácter de ideas. Las ideas se tienen y sostienen, pero la creencia es quien nos tiene y sostiene a nosotros.

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Las ideas nos las encontramos y en las creencias nos encontramos y que parecen estar ahí antes de que nos ocupemos en pensar, no llegamos a ellas tras un trabajo de entendimiento, sino que actúan ya en nuestro fondo cuando nos disponemos a pensar sobre algo. Hay que saber esperar, como hace Johannes y ser conscientes al mismo tiempo de que no vamos a sufrir toda la vida y que el sufrimiento no es negativo, nos hace madurar.

Tal vez Clive Staples Lewis diera en el clavo con estas palabras:

“No creo que Dios quiera exactamente que seamos felices, quiere que seamos capaces de amar y de ser amados, quiere que maduremos, y yo sugiero que precisamente porque Dios nos ama, nos concedió del don de sufrir; o en otras palabras: el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos; porque somos como bloques de piedra, a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre, los golpes de su cincel que tanto daños nos hacen, también nos hacen más perfectos”.

Alejandro Mate Sanz Pineño

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4 comentarios

  1. Daniel Moreno

    Que buena critica! me encanta la pelicula y ha reflejado muy bien el caracter de Dreyer

    enero 11, 2009 en 5:51 pm

  2. ¡Gran crítica! “La Palabra” es una obra maestra absoluta, una película maravillosa.

    enero 19, 2009 en 9:45 am

  3. Daniel Payton García

    ¡Muy buena crítica!, y gran película. Me gustó mucho cómo se narró la temática de la película y su intrínseco fondo argumental. Gracias.

    enero 20, 2009 en 4:49 pm

  4. Felicitaciones a Alejandro, que arranca con pie derecho sus colaboraciones con la página!. Gracias por sus comentarios!.

    enero 20, 2009 en 6:06 pm

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