Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

El Doble Sentido de los Coen


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Ethan y Joel Coen – Quémese Después de Leerse (Burn After Reading, 2008)

En Quémese después de leer (Burn after reading, 2008), las líneas argumentales se cruzan con precisión de relojero. Cada cosa que ocurre responde a una causa. Aunque, claro, se trata de razones bastante estúpidas. La explicación: nos encontramos ante la nueva película del dúo dinámico, o sea, los hermanos Coen.


Si hubiera que definir el film, se hablaría de un relato espionaje, de chantaje, de infidelidad y traición, con la salvedad de encontrarse conducido por unos protagonistas de lo más ineptos. La intriga es lo de menos, porque los chantajistas, Linda Litzke (Frances McDormand) y Chad Feldheimer (Brad Pitt), se valen de algo sin valor: las mediocres memorias de un ex-agente de la CIA, que asumen como información ultrasecreta.


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Personajes que nada tienen que ver se relacionan entre sí merced a su propio absurdo: los chantajistas son simples trabajadores de un gimnasio que acosan a un agente retirado de la CIA. Su motivo: dinero para costear una serie de cirugías plásticas con las que Linda se ha obsesionado, pues, según ella, le permitirán conseguir el amor.


Tampoco olvidar la traición: los personajes se sacan tanto la vuelta entre sí que Harry Pfarrer (George Clooney), amante de Katie Cox (Tilda Swinton), esposa de Osbourne Cox (John Malkovich), el agente de la CIA, termina enamorado de Linda Litzke, la chantajista. Tan sólo un ejemplo.


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Joel e Ethan Coen saben que la comicidad nace de la sorpresa. Quémese después de leer va tomando fuerza poco a poco. Las historias paralelas gradualmente se entrelazan, pero como las causas que las ligan son absurdas, generan risa. Se trata de un film que parece no tomarse en serio, que se burla de sí mismo. Ni siquiera los superiores de la CIA que discuten acerca de la evolución de la historia pueden encontrarle el sentido. Se preguntan por qué esa gente se comporta así. Nada tiene sentido, todos parecen locos, personajes al estilo Coen.

Porque las actuaciones merecen resaltarse, incluso también la de Brad Pitt: Chad Feldheimer es un idiota, un personaje concebido para que Brad Pitt se divierta haciéndose el tonto, y justamente por esta razón funciona: es tan pero tan idiota que desentona, como el bufón del cuento, ese payaso que siempre provoca risas.


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O George Clooney, que se burla de sí mismo en un rol que le queda como anillo al dedo: instintivo, adicto al sexo, en el fondo débil de carácter. O John Malkovich, estirado y quisquilloso, y no tan moderadamente alcohólico; o Tilda Swinton, un témpano, calentada sólo por el dinero. O simplemente Frances McDormand: insegura, trágica y cómica al mismo tiempo. Un casting de estrellas donde las estrellas son el chiste.


En Quémese después de leer la consigna es la burla propia. Un film de intriga, donde la intriga la genera la estupidez, una trama de historias que se cruzan por motivos sin sentido, una película de actores donde éstos hacen el ridículo. Entonces su mayor virtud reside en mantener siempre el equilibrio.


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Si la narración no fuera tan precisa, si todo no se encontrara tan cuidadosamente encadenado, pues la película sería un desastre: un montón de historias sin sentido entrelazadas de cualquier manera, una burla donde el chiste importa más que la acción, un mamarracho incomprensible. Desde luego, se trata de lo contrario. El film no es absurdo, sino más bien bastante coherente y planificado, de un ritmo milimétrico y de un guión cuidado al detalle. Lo que ocurre es que la falta de sentido es el tema.


Por eso, ante la pregunta de de qué trata, resulta difícil esbozar una respuesta que no consistiera en contar todo el argumento. Ocurren un montón de cosas y todas son divertidas, pero nada tiene sentido.


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Es decir, sí hay mucho sentido porque todo se encuentra cuidadosamente engarzado, pero las causas, los fondos o son estúpidos o nunca existieron. Como si los hermanos Coen hubieran tomado la maqueta de un thriller, pero la hubieran llenado de personajes tontos, muy tontos, que toman las decisiones insensatas que finalmente guiarán la intriga.


El propio título hace referencia a las intenciones del film. Quemar después de leer recuerda a un cine de espionaje, a esos mensajes secretos cuyo único medio de custodia era la memoria. Eso por un lado. Por otro, luego del ver la película, se piensa más bien en algo tan idiota que su destino no debe ser sino el fuego, la desaparición, porque es tan tonto que no merece existir. Al igual que durante cada uno de los noventa y seis minutos que dura el film, dos significados se oponen y de su contradicción surge la sorpresa, lo diferente, lo idiota, lo incoherente, lo gracioso.


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El auto-escarnio y el doble significado son las bases del nuevo trabajo de Joel e Ethan Coen el absurdo se encuentra cuidadosamente planeado, la burla de sus protagonistas genera actuaciones y personajes entrañables, en suma, un thriller sin sentido que realmente captura.


Por Eugenio Vidal

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Una respuesta

  1. Qué buena película entonces y ahora que luego la disfruto más.
    Saludos,

    enero 10, 2009 en 3:52 pm

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