Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

La Importancia de llamarse Juno


 

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Jason Reitman – Juno, Embarazada por Accidente (Juno, 2007)

 

La gracia de Juno (2007) es, precisamente, Juno McGuff. Tal vez el mayor logro de la película sea la creación de este personaje. Si la historia oscila entre el drama dulce y la comedia ácida, es por su culpa. Lo que el personaje de Ellen Page tiene de sarcástico, le sobra también de sentimental.

 

A la vez que reacciona más o menos impasiblemente cuando queda embarazada, se conmueve al oír a una amiga decir que lo que lleva en la barriga ya tiene uñas, al punto que desiste de abortar y opta por tener el bebe y darlo en adopción. Así empieza la historia. Juno parece muy madura para su edad.

 

 

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Sin embargo, no lo es. De lo contrario hubiera usado condón y no habría quedado embarazada. Incluso la película habría tenido que desarrollarse de otra manera. Porque Juno, además de una entrañable protagonista, resulta un excelente mecanismo narrativo: permite quitarle todo lo de dramón que podría tener la historia, pero sin volverla seca, porque Juno sufre, pero por otras cosas.

 

El filme se zurra en la polémica del aborto, de la adopción y de las madres adolescentes, importan en su lugar los distintos caminos que pueden tomar las relaciones de pareja. Ya se trate de Juno y Bleeker (Michael Cera) o de Mark (Jason Bateman) y Vanessa (Jennifer Garner), los padres adoptivos.

 

 

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La película funciona justamente porque esquiva los grandes temas. Habla de sentimientos, pero desde la ironía, para que no suenen demasiado sentimentales. Todo gracias a su protagonista, cuyas decisiones son lo que impulsa el argumento, sus comentarios ácidos le dan ese toque al film, pero siempre con una dulzura de fondo, que la ruda Juno quizá no vea, pero el espectador sí.

 

A partir de esa personalidad de niña grunge autosuficiente, que de inmediato genera empatía, la trama misma evoluciona. La presencia de la onda de Juno se percibe desde la dibujada introducción hasta en cada una de las canciones indie que conforman la banda sonora.

 

 

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La decisión de Juno de cargar con las consecuencias de sus acciones no sólo es lo que impulsa la trama, sino únicamente podría haber sido tomada por ella, un personaje como ella “debía” actuar así. Juno simplemente se desenvuelve naturalmente, pero la naturalidad de ese personaje es completamente funcional. Por un lado, el personaje queda consecuentemente delineado; por otro, la historia avanza siguiendo su particular estilo, que captura de inmediato.

 

El conflicto con Bleeker, una de las líneas argumentales más importantes, es asimismo todo su culpa. El pobre Paulie Bleeker no hace nada más que ser un buen tipo —además tener sexo definitivamente no fue su idea—, cosa que Juno descubrirá poco a poco. Es decir, ella es el tema, porque asistimos a su aprendizaje, a cómo de todo este asunto aprende algo nuevo de la vida.

 

 

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Juno parece madura y responsable a su estilo, pero en realidad simplemente intenta afrontar la vida de la mejor manera que puede. Por eso la progresión argumental sorprende, porque Juno no tiene todas consigo, duda: como ella dice, se ve obligada a afrontar problemas que exceden su nivel de madurez. No sabe qué sucederá, y en consecuencia, el espectador tampoco.

 

Por esta misma razón es capaz de cambiar la vida de Mark, de ayudarlo sin querer a tomar una de las decisiones más importantes de su vida. Juno hace mucho más que prestarle su nombre a la película. Casi sin darse cuenta, es la que determina el camino que seguirá el film, y precisamente en su propia ignorancia de su estilo es donde se encuentra lo que la hace entrañable, como esa gente extraordinaria que lo es justo porque no se percata de ello.

 

 

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Y si la película alterna entre un drama dulce y una comedia ácida, si es la dos cosas en un solo movimiento —en lo cual radica gran parte del atractivo de la película—, se debe a que su protagonista también: una adolescente ruda, lisurienta, que habla sin pensar y que escucha punk, pero también capaz de sacrificarse nueve meses y de enamorarse como la niña que finalmente es. Un personaje redondo, en suma, al que se puede mirar desde más de una perspectiva, que por eso sorprende y fascina, y que encima cae bien.

 

Jason Reitman, el director, junto con Diablo Cody, la guionista, y Ellen Page, han hecho una película entrañable, con una protagonista que genera, si no identificación, al menos simpatía con el público, pero van más allá, porque Juno McGuff también termina siendo de lo más útil a la narración.

 

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Es todo un logro. Gracias a este personaje, una historia que fácilmente pudo haberse desviado por el sentimentalismo o por la sentencia moral se convierte en un relato fresco y dulcemente desenfadado sobre el amor. El tema es tópico, está bien, pero lo que importa es cómo se cuenta, y de eso se encarga Juno.

 

 

Por Eugenio Vidal

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