Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

El Miedo a lo Conocido


 

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Masayuki Ochiai – Infección (Kansen, 2004)

 

La tercera película del director japonés Masayuki Ochiai, a decir de sus seguidores viene a ser una suerte de mezcla temática de sus dos trabajos anteriores (Parasite Eve – 1997 e Hypnosis – 1999); comparte los lugares comunes de la mayoría de producciones asiáticas del género de terror de los años recientes, a saber:

          Discreta fotografía y manejo de escena únicamente encaminados a la consecución de un ambiente macabro, opresivo, acorde a los hechos sobrenaturales que se pretenden narrar (efecto en muchos casos plenamente conseguido)

          Protagonistas que resultan casi siempre sobreactuados (aspecto que para quien escribe correspondería más a un particular estilo o escuela del cine asiático, que a defectos reales de dirección o interpretación)

          Un argumento plano y simple en extremo, casi prescindible.

 

 

El sentimiento buscado en la audiencia, a diferencia del desechable suspenso de molde hollywoodense,  se suele conseguir con imágenes sugeridas más que explícitas. El enfoque en la expresión del protagonista es más importante que la visión de las heridas inflingidas o el rostro del asesino.

Argumento:

Una extraña dolencia, manifiesta en agentes invisibles que licúan los órganos de la víctima, ataca a los protagonistas de la historia, mientras éstos intentan encubrir las consecuencias de una mala praxis médica. La fuente de contagio aparenta ser un enfermo moribundo abandonado en un hospital falto de recursos y de personal competente.

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La primera media hora del metraje describe en detalle el entorno y constituye el punto mejor logrado del film. Médicos y enfermeras se desplazan a través de pasillos de tenue iluminación, la desesperanza se hace patente tanto en el rostro de los pacientes como en el del personal insomne, no se ven por ninguna parte equipos o aparatos médicos modernos, y el panorama en general define al hospital como una institución al borde de la quiebra,  insalubre y contaminante, gracias asimismo a una inteligente fotografía de tonos ocres y óxido, donde tiene un sitio preferencial el color verde.

Los personajes son profesionales fracasados, o cuando mucho resignados a laborar sin las mínimas condiciones para ello. Es así que cuando se suscita la muerte de un paciente por un error terapéutico durante una situación de estrés, es difícil culpar a los protagonistas, más cercanos a la condición de víctimas de un medio que los hace responsables de sus propias deficiencias.

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Una vez presentada la trama, y salvo el desenlace del film, por completo inesperado, los sustos fáciles y la música efectista que precede a la muerte sistemática de los personajes nos hacen recordar cientos de producciones con idéntico esquema, la gran mayoría de ellas, con resultados poco afortunados, perjudicando el resultado final.

Es poco más que un cuento de miedo con los estereotipos del género en su procedencia, que a pesar de sus falencias, percibo de mucho mayor interés que su muy probable remake gringo, y que incluso, tal vez de manera no intencionada, funciona hasta a dos niveles:

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Proyectada en un medio de regular desarrollo económico y social, es más dable que las carencias del hospital y de su personal resulten exageradas, caricaturescas, lo suficientemente alejadas de la realidad como para que el miedo se centre en el ente asesino, o dicho en otros términos, el virus que convierte a la gente en gelatina de limón sigue siendo más creíble que una enfermera que no sabe sacar una insignificante muestra de sangre.

En la otra cara de la moneda, aquellos que hemos crecido en países en desarrollo, muy en especial, aquellos que hemos tenido contacto con el precario sistema de salud al que están obligados a acudir los menos afortunados, encontraremos estas imágenes desgraciadamente familiares.

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El abandono total de un servicio de salud por parte de un gobierno ineficaz, los enfermos con mínimos recursos puestos en manos del profesional aprendiz o mediocre; se nos antojan realidades apenas exageradas en la pantalla, y es precisamente éste el origen del miedo, más escalofriante que la misma infección por el agente mortal, que se nos antoja mucho más fantástico que el entorno.Y es que, ya sea encarnado en un germen letal, o en un estado indolente del bienestar de sus ciudadanos, la conclusión final es que el mal existe. Y da miedo.

 

Por Gonzalo Del Carpio Bellido

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3 comentarios

  1. Enrique Silva

    Es errada la información al inicio del artículo, que sostiene que la película no se estrenó en el circuito comercial. Sí se exhibió en varios cines de Lima hace algunos meses, entre ellos el Cineplanet Risso. Y hace poco la exhibieron por cable.

    noviembre 12, 2008 en 7:19 pm

  2. No conocía esta joya oriental que nos presentas. Siempre es bueno descubrir este tipo de filmes. Saludos!

    noviembre 13, 2008 en 1:57 am

  3. John Campos Gómez

    Y es que esto no es una joya, sino, mal parece, un live action de un anime de nivel menor al promedio.

    noviembre 13, 2008 en 2:37 pm

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