Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Luces al Atardecer


 

 

Aki Kaurismaki – Luces al Atardecer (2006)

 

El cine de Aki Kaurismaki es un cine de personajes solitarios, perdidos, que están en la  constante búsqueda de algo. Tanto en El hombre sin pasado, en Juha o en Nubes pasajeras, los personajes se enfrentan ante mundos adversos y complejos: el desempleo, el no conocer a nadie, el amor pérdida. Sin embargo, el tono que impone el director hace que las historias no resulten lo trágicas o lo dramáticamente cargadas que pueden parecer.

 

Los actores, por ejemplo, totalmente depurados de cualquier tipo de atisbo de emoción, siempre tienen el mismo rostro de piedra en los momentos cómicos como en los tristes. Esto les otorga una inocencia que genera una empatía automática hacia ellos, además de generar humor al ver a los personajes reaccionar de la misma formante cualquier evento que ocurra en sus vidas, lo que lidia con el absurdo. De la misma forma, los colores cálidos contrastan con el ambiente más bien frío y adverso del ambiente en el cual se desarrollan las historias. El humor es la clave del cine de Kaurismaki.

 

 

 

 

Se ha estrenado en Lima, de forma fugaz, su última película, Luces al atardecer. La cinta nos cuenta la historia de un guardia de seguridad solitario que, un día, conoce a una mujer con la cual comienza a salir. Sin embargo, la mujer es la enviada de una banda de ladrones que lo único que buscan es eliminar al guardia para poder entrar a robar una joyas que el hombre debe vigilar. Poco a poco, la historia irá tornándose cada vez más obscura.

 

Lo que venimos de escribir es la reseña de un clásico policial negro: el hombre que es enamorado para al final ser traicionado por una femme fatale, lo que lo llevará a la desgracia. Sin embargo, la tensión y el juego siniestro que se entabla en este tipo de películas (Pacto de sangre de Billy Wilder, por poner un ejemplo), no están presentes en Luces al atardcer.

 

 

 

Lo que le interesa al director es jugar con los mecanismos de film noir pero depurándolos, haciendo que cada uno de los elementos genéricos entren en su estilo propio; es decir, un estilo donde nada chirría, donde no existen sobresaltos, donde los actores parecieran no reaccionar y aceptar las cosas tal como vienen.

 

El personaje principal de la película, como quizá todos los personajes principales del director, es u perdedor: alguien al cual nadie respeta. Lo interesante es que Kaurismaki presenta a este personaje sin el menor atisbo de psicologismo: por el contrario, simplemente vemos su rostro siempre serio y melancólico al momento ya sea de recibir un puñete como de enamorar a la mujer que le gusta.

 

 

 

Es justamente esa inocencia la que hace que simpaticemos con el personaje: es alguien sufrido, incapaz de comunicarse, solitario. La puesta en escena de Kaurismaki, basada en ese estilo minimalista de actuación, genera una muy rápida empatía basada en la inocencia del personaje, el cual parece un niño incapaz de reaccionar ante como lo golpea la vida.

 

Sin embargo, si bien en otras películas de Kaurismaki existía una cierta esperanza para los personajes, aquí la cosa es distinta: Luces al atardecer respeta los códigos del cine negro y le da al personaje principal el final trágico que debe tener de acuerdo a los parámetros del género.

 

 

 

El encuentro con la mujer fatal, que lo termina llevando a la tragedia, es un recurso que Kaurismaki utiliza pero que despoja de su carácter tenso, donde la traición tiene que ser marcada: por el contrario, como en el cine del finlandés.

 

Aquí cada elemento aparece como la cosa más normal el mundo: cada uno de los eventos que presenta la película nunca son resaltados sino que aparecen normales, cotidianos, como si ya estuvieran escritos de antemano. Kaurismaki crea, en su cinta, un orden al cual los personajes pareciera que no pudieran escapar, y esto es lo que resulta lo más interesante de Luces al atardecer.

 

 

 

Esta debe ser, junto con La muchacha de la fábrica de fósforos, la película más pesimista de Kaurismaki. En sus otras películas (como El hombre sin pasado o Cambios de viento), los personajes conseguían sus objetivos, construían una cierta esperanza.

 

Acá todo parece estar calculado para que las cosas, de un u otra manera, salgan mal. Así como se puede interpretar La vie de boheme como la relectura que hace Kaurismaki del melodrama, podemos decir que Luces al atardecer es la relectura del policial negro, respetando cada uno de sus códigos.

 

 

 

Por eso la muerte final del protagonista resulta el cierre trágico necesario. Kaurismaki entiende el género y lo trabaja muy a su estilo, haciendo que todo lo que ocurra aparezca como algo normal. De esta manera, la conclusión final aparece como algo que deriva de forma muy natural por todo lo que ocurrido anteriormente. La tragedia es la regla de la vida del protagonista, por lo que el final resulta muy emotivo.

 

Por Rodrigo Bedoya

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