Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

un ejercicio, nada más


 

 

 

Luc Besson – Angel-A (Angel-A, 2005)

 

 

 

 

Un ángel sexy, nada celestial, de fisonomía espectacular, lisuriento, grosero, que viene a la tierra para salvar de la muerte a un endeudado ladrón es la idea que desarrolla Luc Besson, en la que considera su última película.

 

 

 

Recuerdo al mejor Luc Besson en Subway, aquella película sobre un ladrón de cajas fuertes de poca monta que se ve forzado a ocultarse en las instalaciones del subway en Paris de mediados de los años 80. Culturas pop, patinadores, punkies, como parte de la vida común de los homeless que viven en este subsuelo y que reflejan un Paris de pobladores bizarros en este policial con ribetes de comedia.

 

 

Veinte años más tarde Besson nos vuelve a acercar a la ciudad que le gusta, con Angel- a, a través de un blanco y negro impecable, gracias al trabajo de su fiel Thierry Arbogast, con el estilo publicitario que lo caracteriza, para decirnos que es el lugar indicado para hacer caer ángeles del cielo y para convertir a tipos perdedores en seres un poco más afortunados.

 

 

 

 

Angel- A era un proyecto personal postergado desde hace diez años, pero que recién Besson realizó en el año 2005. El director ha confesado que se trata de su último filme, puesto que se dedicará por completo a su rol de productor (Arthur y los minimois, El Transportador, entre otras). El cierre de su carrera es un filme que remarca los patrones clásicos de la comedia excéntrica: dos personajes opuestos y que en apariencia se llevan mal, viven una serie de sucesos que los van acercando hasta hacerlos inseparables.

 

 

Un tipo mentiroso, amenazado de muerte por unos mafiosos, al no pagar algunas deudas millonarias, intenta suicidarse pero en ese momento aparece una esbelta mujer que evita que cumpla su cometido: ella, Ángela, un ángel rubio con pinta de modelo, desenfadada, con licencia para matar bajo el permiso de Dios y él, André, un emigrante de baja estatura, timorato, desencantado de la vida.

 

 

 

Angel-A tiene el encanto de las screwball comedy, pero que se desinfla al evocar una historia de amor a la manera de Las alas del deseo de Win Wenders. El ángel caído que se enamora de un humano y pone en tela de juicio su condición celestial. Proponer la realización de una nueva pareja con diálogos melosos opaca las intenciones por mostrar a un ángel procaz, tosco, con figura de top model, que desentona con gracia con los otros tipos de ángeles que poblaron la historia del cine: meditabundos, educados, políticamente correctos.

 

 

Con este filme, Besson agrega una nueva tipología a su imaginario femenino a través de este “ángel”, que tiene la misma tozudez y voluntad que su Juana de Arco, que su Mathilda, que su Leeloo o que su Nikita. Mujeres decididas (aunque algunas hayan tenido que aprenderlo), que trastocan el entorno provocando el cambio cueste lo que cueste.

 

 

 

 

Paris, el otro personaje del filme, aparece casi desierta, y es el lugar que da pie a la aventura, a lo no estático. André no tiene casa, está deambulando y es una suerte de flaneur fallido, quien pasa por las calles sin más ni más, su cotidianeidad esté gobernada por la casualidad sin mayor asombro. La ciudad se construye para el espectador en una función diferente a la que propuso Richard Linklater en Before sunset por ejemplo, o a la que vimos recientemente en Paris, te amo.

 

 

La realidad urbana de Paris está formada por la mixtura de culturas (son ácidos los diálogos que tiene que ver con la migración), por una hibridación de experiencias, de imágenes, como ejemplo del modelo occidental racional de la gran metrópolis, pero donde hay cabida para la magia y la superstición.

 

 

 

 

André es uno de los que vive en los intersticios de Paris, el de las minorías, no sabemos su nacionalidad a pesar que ha mencionado varias veces que es estadounidense o francés, al igual que Ángela, que se hace pasar por sueca o argentina. Sin embargo, bajo la mirada de Besson, André es un representante de este nuevo entorno urbano que se va consolidando.

 

 

Es el Paris tradicional, el turístico, el de los paseos en barco por el Sena, con sus paseos por los Campos Eliseos o con la omnipresencia de la torre Eiffel, donde André establecerá una suerte de zapping espacial en plena urbe, armando escenarios para su experiencia personal atípica.

 

 

 

 

En suma, Angel-a muestra a un Besson en buena forma, que no teme a las referencias explícitas (sino recordar a Angela yuxtapuesta con una versión de la Venus de Milo), que se ajusta al blanco y negro para contar una historia de polaridades, físicas y espirituales, donde el mayor logro está en retratar un Paris casi despoblado, silencioso, que se puede ver quizás como una suerte de nostalgia por una capital que vale por sí misma, más allá de las personas que lo habitan. Sin embargo, como toda comedia romántica que se precie, tenía que darse el final feliz, la tregua que merece el mundo del cielo y el infierno.

 

 

Por Mónica Delgado

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Una respuesta

  1. JD Sarrin

    Angela no se yuxtapone con una versión de la Venus de Milo, sino con una copia de la Victoria de Samotracia

    abril 4, 2011 en 12:47 pm

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