Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

¿cÓMO COMPONER UNA CERCENACIÓN?


Beto Brant – Crimen Delicado (Crime Delicado, 2005)

 

Crime Delicado (2005) es una película bastante extraña. Su director, el brasileño Beto Brant, desarrolla un relato pasional y postula un estudio profundo sobre el ideal de amor automático, liberado de condicionamientos intelectuales, prejuiciosos o aculturados en una ciudad –presumiblemente Río de Janeiro- donde las mentalidades positivistas, dieciochescas lo resisten.

 

Presentada y premiada en el Perú con ocasión del X Festival de Cine de Lima, Crime Delicado es una cinta de imágenes nocturnas -doradas y rojizas-, al interior de espacios cerrados, desvencijados, muy estrechos, donde ocurren representaciones teatrales a modo de tableaux vivants; cruces de miradas heterosexuales; encuentros amorosos y confesiones decisivas que componen una tecnósfera fílmica vital: donde la mutilación corporal y emocional transmiten sensualidad, en proporción directa a la pasión decimonónica y el culto al cuerpo. Que el teatro urbano postula. Y que el personaje de Antonio (Marco Ricca) al utilizar el ejercicio de la crítica desmonta metódicamente.

 

 

 

 

Luego de Os Matadores (1997), Acao entre amigos (1998) y O invasor (2002) que son policiales urbanos muy sólidos, Beto Brant se concentró en la adaptación personalísima de la novela de Sérgio Santanna Um Crime Delicado que constituye su punto más alto en la dirección a tenor del desastre de Perro sin dueño (2008) su último filme.

 

La historia reseña el oficio de Antonio luego de una representación teatral sádica con música de Schubert (el pobre Schubert, qué culpa tiene dice Antonio). Su voz magnética, describe un mapa mental: respecto de la obra sub examine y respecto de su propia vida. Seguirá una estancia en un bar nictálope y el encuentro con Inés (Lilian Taublib) una mujer en sus treinta -atractiva, risueña, tremendamente sexy- que fluirá sin prisa y sin pausa. Antonio e Inés entablan conversación, hasta que al momento de retirarse a un lugar mejor, ella toma sus muletas y comienza a caminar rengueando: ella tiene una prótesis.

 

 

 

 

Lo que sigue es una elucidación inspirada, pausada, muy rítmica respecto de cómo un oficio tan cartesiano como la crítica de teatro, llena de erudición y prejuicios, puede derivar –a través de Antonio- en un ejercicio afiebrado, lleno de deseo sexual. Éste se dejará llevar por la corriente hasta encontrarse lo más próximo a Inés y descubrir que es la modelo y la mujer del pintor José Torres Campana (notable Felipe Ehrenberg). Que habita en todos sus cuadros eróticos, llenos de desnudos y amputaciones.

 

Crime delicado, va alternando las representaciones de Woyzeck de Georg Büchner y Leonor de Mendonça de Gonçalves Dias a la vez que el trabajo de Antonio se va enturbiando más y su reporte sobre el teatro y sobre el mundo se enrarece. Asimismo el personaje de Inés va ganado en misterio. Es una mujer desinhibida, que junto a su mentor Torres Campana desafía todas las leyes físicas y plásticas para cargar sus sesiones de pintura con erotismo puro. Esta película también explora en las relaciones de dependencia amorosa, liberación a través del arte y sobre el peligroso tránsito a través de la frontera que separa la realidad de la representación (pictórica, teatral, cinética).

 

 

 

 

En cada crítica escrita, en cada encuentro amoroso, en cada agua fuerte y boceto pintado, pareciera como si los personajes pusieran de manifiesto su conocimiento de una manera desnuda: libre de compromisos, frontalmente, sin miedo al peligro. También es una película que gira alrededor del prestigio artístico y sobre como el status más encumbrado abjura de los preconceptos y puede socializarse con personalidades disminuidas en el sentido más lato de la expresión estableciendo relaciones biunívocas, integradas e integrales, homologando cuerpos, sentimientos, mentalidades.

 

Se trata de una película que distingue el arte de la reflexión. Y sobre cómo el personaje de José Torres Campana, rico en atributos dramáticos, tiene una estrategia de vida más rudimentaria que la de Antonio, pero a la vez más saludable. En ambos casos la cultura es el común denominador: en un caso es un medio civilizador, libertario; en el otro constituye un cacicazgo, un centro de dominio desconectado del mundo de los afectos.

 

 

 

 

Torres Campana se mantiene cerca de Inés pero sin utilizar métodos sadomasoquistas;  más bien construye una relación horizontal (de artista a modelo) donde ambos son importantes, complementarios; se desnudan, entablan relaciones vivificadoras, de respeto y no transgresión. En cambio Antonio, replegado en su Torre de Marfil, no sabe como administrar sus pulsiones y sentimientos respecto de lo distinto, de lo diferente. Cae en la cuenta -demasiado tarde- que está enamorado de Inés pero no sabe cómo expresarlo, a pesar que su prestigiosa pluma se aproxima y desmonta las más intrincadas piezas de avant garde casi cotidianamente.

 

Beto Brant hace suyo un cierto discurso postmoderno, antinewtoniano, antirrevolucionario. Recusando la proporcionalidad, la gravedad, la belleza, la igualdad, la fraternidad. Para Brant ese discurso no está más vigente. Ha devenido en un programa periclitado, al coexistir con varios otros programas sistémicos, interconectados, que desarrollan interpretaciones legítimas, opuestas, específicas de la vida en comunidad y del ideal de sociedad y poder.

 

 

 

 

Lo que reconduce su apuesta eligiendo esta vez actores no insertos en el starsystem brasileño, sujetos todos a términos de referencia muy definidos, para nada afectados ni tampoco aplicando un estilo naturalista. El filme experimenta permanentemente con la iluminación en clave baja, está dominado por el plano detalle –y excepcionalmente por el plano general- que pudorosamente muestra el drama de sus personajes inadaptados.

 

Quisiera referirme a los últimos minutos de Crime Delicado sin revelar el final. El speech del pintor Torres Campana, a partir de una imagen en blanco y negro, registrada por una cámara inmóvil, en primer plano, es una de serenidad bellísima: frente al horror de la muerte, la rapiña, la deformación, el sexo y el arte precolombino, Torres Campana da testimonio de vida y redondea esta gran disertación aplicada por el director Beto Brant.

 

 

 

 

Es muy difícil permanecer indiferente frente a un artefacto cinematográfico desconcertante que bajo cierta apariencia narrativa construye un discurso. Sin afectaciones ni hipotecas artísticas, el director mide el tamaño del desamor de sus personajes valiéndose del recurso del nudo -una transgresión mínima y por lo mismo delicada- que dispara la historia hacia dominios farragosos, donde la exploración pudo haber descendido hasta llegar a la procacidad o al hardcore. En tal sentido, merece mi respeto y mi más amplia recomendación para el lector.

 

Por Óscar Contreras

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Una respuesta

  1. Un interesante paseo por los trabajos de un realizador interesante. Saludos!

    septiembre 3, 2008 en 10:14 pm

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