Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

la sensibilidad como ímpetu vital


 

 

Kirsten Sheridan – August Rush: El Triunfo del Sueño (August Rush, 2007) 

August Rush: El triunfo de un sueño cuenta la historia de Evan Taylor (Freddie Highmore), un niño a cuyos padres, Louis (Jonathan Rhys Meyers), un músico roquero que casi por accidente se enamora de una adinerada muchacha violonchelista también amante de la música, llamada Lyla (Keri Russell), el destino los separa y los lleva por rumbos diferentes. Evan crece en un orfanato, en New York, mientras sus padres, que nunca han vuelto a verse tras enamorarse y pasar la noche juntos, no saben de la existencia del niño.

 

Pero August Rush es más que eso. Es una fascinante película que —aunque valiéndose de recursos estereotipados y códigos que incurren en el facilismo— adopta el tema de la música en el sentido más esencial del término. Es decir, la música como esencia y fuerza redentora que rige y domina la existencia. August Rush nos dice que la música está ahí, en todos lados, sólo necesitamos escucharla. Y nos quiere dar una lección sobre eso.

 

 

En el orfanato, Evan Taylor pasa penurias y vive con la angustia de no conocer nada de sus padres, aunque dentro de sí guarda una esperanza vital y poderosa sustentada en la música, pues nunca deja de soñar con que quienes lo trajeron al mundo lo hicieron inspirados en la música, y la música será, en todo momento, su razón de vida.

 

Evan tiene, además, un talento intrínseco para la música, un dote asombroso para crear armonía con los sonidos del mundo, una capacidad de sublimarse tal, que, sin haber tenido en sus manos jamás un instrumento, lo llevará por caminos para él inimaginables.

 

 

La película goza también de la entrañable presencia del gran Robin Williams, que, aunque tiene un papel secundario y su presentación es un tanto opaca, verlo tiene siempre su importancia. Él es —pocas veces se ha visto a Robin Williams en esta faceta— un vividor inescrupuloso que se beneficia del trabajo de los niños de la calle. Lo llaman «El mago», y los avatares de la vida llevarán a Evan hasta este hombre perverso.

 

La estructura temporal de August Rush intercala el presente con el flash back: está Evan en el orfanato o fuera de él, y están Lyla y Louis, sus padres, once años antes, cuando se conocieron, o más adelante, cuando se separan y hace cada uno su vida. En el momento que se rompe ese paralelismo es cuando la película cobra mayor fuerza y se va anunciando el clímax.

 

 

Muletillas hollywoodenses

El tema del amor está también presente en August Rush, pero en eso la película tiene fallas ostensibles. Las intenciones de la cinta son positivas, el tema es llamativo y apasionante, y tiene secuencias para el recuerdo; pero a menudo recurre a frases hechas, al romanticismo facilista, o le da un tratamiento pobre a situaciones claves, como al sentir de la madre que busca angustiada a quien es su hijo.

 

La película atina en el tema, en algunas escenas en que traduce la sensibilidad delicada de Evan, o en las texturas finas que le imprime a ciertas secuencias; también es un acierto la actuación de Evan, el novel actor Freddie Highmore que anuncia desde ya un especial talento que, de seguro, perfeccionará en posteriores cintas.

 

 

En lo que no ha acertado August Rush es, pues, en el performance posmoderno, en la tenaz urgencia por darle una etiqueta de marca. Pues ésta debiera ser algo así como una secuela de Amadeus, claro que sin las pretensiones históricas ni culminantes que tuvo esta magistral súper realización de Milos Forman. Pero una cinta como August Rush, con la creatividad y sublimación que alcanzaba, no requería de esas muletillas hollywoodenses que terminan por restarle solidez. A causa de ello, pues, el desenlace se torna flojo, previsible, anodino. Aunque ello quizás se deba también al irregular trabajo de los actores. La dirige Kirsten Sheridan, y ésta es su ópera prima.

 

Podemos mencionar, eso sí, la carismática presentación del muchacho negro que se gana la vida como músico callejero, y a quien Evan conoce casualmente. Junto con un par más de personajes con piel de color, él juega un papel que bien podría situarse en la sección de denuncia de la cinta, representando tal vez la exclusión versus la solidaridad.

 

 

August Rush es una película que, finalmente, entretiene y conmueve, y quiere ser un mensaje para contagiarnos de la pasión que el protagonista tiene hacia la música, que es su razón de existir, y lo logra, aunque sea medianamente.

Por Tito Jiménez 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Una respuesta

  1. Anónimo

    super padre

    enero 6, 2010 en 2:13 am

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