Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

crónica de un aborto


 

 

Cristian Mungiu – 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días (4 Luni, 3 Saptamâni si 2 Zile, 2007)

 

 

La producción rumana 4 meses, 3 semanas y 2 días (4 luni, 3 saptamâni si 2 zile, 2007), dirigida por Cristian Mungiu, es un drama que documenta en imágenes lo que significa el aborto para dos amigas estudiantes de universidad en una localidad y en una época en las cuales el costo ético resultará ser mucho mayor que el material.

 

Y la crudeza de las situaciones que la película muestra sugieren una observación infinitamente objetiva, aunque sutilmente persuasiva, que guía al espectador en la busca de su propia opinión al respecto, tan inevitable como la apariencia cotidianamente áspera y el aire progresivamente decadente que se imponen hacia el final.

 

 

 

 

Durante los últimos días de la Rumania comunista liderada por el otrora héroe popular Nicolae Ceausescu, una de las más irónicas y trágicas épicas políticas de la historia contemporánea, se sucede una épica verdaderamente íntima, sórdida y banal, y sin embargo capaz de conmover a quien se aproxime al espacio vital de sus jóvenes y vulnerables protagonistas.

 

Ellas son Otilia (Anamaria Marinca) y Gabriela ‘Gabita’ Dragut (Laura Vasiliu), instaladas temporalmente en una residencia estudiantil o dormitorio que la narración nos indica posee similitudes sorprendentes con la atmósfera opresiva y carcelaria que entonces signaba fatalmente a un régimen y a una sociedad.

 

 

 

 

En ésta, entre otras muchísimas restricciones, el aborto es ilegal. El problema es, en el caso de una muchacha universitaria de cualquier lugar en el mundo, doblemente angustioso. La gravedad de sus implicaciones escapa a las casuales, ordinarias heroínas y al espectador mismo, quien las sigue, y con ellas a sus destinos, de la mano de una cámara nerviosa y solemne a partes iguales, con una mirada tan personal y un sentido de la oportunidad artística tan elegante, que nada queda por decir a pesar, o precisamente por, las elipsis y las palabras que dejan el verdadero quid del asunto entre líneas. Y qué asunto: uno que forma parte de la realidad universal de las mujeres, inmersas en el devenir de una existencia que a veces parece haberles concedido una libertad superflua, limitada por su naturaleza generosa y egoísta a la vez.

 

4 meses, 3 semanas y 2 días no solamente es la crónica lacónica e intransigente de la desventura de estas dos jóvenes mujeres, sino que es también y muy especialmente la crónica o la ilustración de su amistad, una relación auténtica entre dos seres humanos como pocas veces se atestigua, o intuye, en una pantalla de cine.

 

 

 

 

Lejos de los sentimentalismos a los que uno se ha acostumbrado en la descripción de tales avatares –incluso debido a cintas comerciales bastante buenas, como Thelma y Louise (Thelma and Louise, Ridley Scott, 1991)–, la amistad femenina, que según Shakespeare es la única relación amical verdadera, brilla con la oscuridad de sus últimas consecuencias en una serie de escenas que le brinda una calidad de sacrificio inusitada.

 

Lo sorprendente es que, dada la capacidad del cine para hacer que la audiencia experimente por sí misma cosas que ya han ocurrido como si fuesen nuevas, del momento, la anticipación o el carácter de previsibilidad que cada uno de los momentos cumbre o picos dramáticos posee es, paradójicamente, de un tipo que recuerda el efecto que tiene la audición de muchas piezas de Mozart, o, sin salir del ecran, el visionado de muchos thrillers de Hitchcock. La naturalidad con que todo transcurre es incontestable, y la experiencia del momento es ineludible en su impacto visceral y discreto, como una implosión subterránea.

 

 

 

 

La actuación de Otilia, quien sólo piensa en el mejor modo de ayudar a su amiga embarazada, exhibe las características de fortaleza, independencia y ánimo que se esperan de nuestro mejor amigo en tales circunstancias. Es a ella a quien precisamente le corresponde el rol de protectora y madre de una jovencita al parecer demasiado irresponsable, quien ni siquiera asume la responsabilidad de las consecuencias de sus actos en pleno.

 

Ante la conducta desamparada, inútil de Gabita, Otilia enfrenta el problema como si fuera el suyo propio o, mejor dicho, como si ella misma se lo hubiese buscado. Es una hermana legítima de Gabita, algo que ésta debió de intuir al presentarla como tal al contactar telefónicamente con el enigmático abortista Domnu’ Bebe (Vlad Ivanov en sólida interpretación).

 

 

 

 

En un intercambio de palabras que semeja más un conflicto de intereses materiales, que no morales o éticos, la estrategia de Bebe cierne su cada vez más ominosa sombra y termina por engullir vivas a las figuras de ambas, que se encuentran ya en un callejón sin salida alguna.

 

Es por eso que el punto de vista de Mungiu y compañía hacen de la presencia de Otilia un eje, el objeto de carne y hueso privilegiado de esta jornada ajena al sensacionalismo. La apuesta formal de 4 meses, 3 semanas y 2 días se arrincona en el extremo opuesto del de otras películas que han tratado a la feminidad y su condición vulnerable y vulnerada, tales como las notables El silencio de los inocentes (The Silence of the Lambs, Jonathan Demme, 1991) y especialmente Irreversible (Irréversible, Gaspar Noé, 2002).

 

 

 

 

La mirada triste pero resignada, casi indiferente en cierto sentido, de este largometraje, incita la introspección y el compromiso del espectador con algo que se halla en cualquier calle de cualquier ciudad, y que no es exclusivo de la distorsión legítima pero en este aspecto incongruente de la que las imágenes en movimiento se han jactado por lo general desde su advenimiento a finales del siglo XIX. 4 meses, 3 semanas y 2 días es una especie de susurro desesperado, un grito de auxilio en medio de la nada y a oídos de todos.

 

Por Christian Doig

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