Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

mujer a los cuarenta


 

 

Amy Heckerling – El Novio de mi Madre (I Could Never Be Your Woman, 2007)

 

Rosie, la protagonista de El novio de mi madre (I Could Never Be Your Woman, 2007), es una escritora de la televisión americana, especializada en comedias de corte juvenil al estilo de la serie Clueless, basada en la película del mismo título protagonizada por Alicia Silverstone en 1995.

 

Clueless, película y serie, fue el resultado de la inspiración de la ya por entonces celebrada Amy Heckerling, gestora de una de las películas cómicas sobre adolescentes más aclamadas por público y crítica desde su estreno en 1982, Fast Times at Ridgemont High, así como de la serie cinematográfica Look Who’s Talking. Heckerling conserva la frescura y empatía de un estilo que, en sus mejores momentos, es todo un lujo en su género.

 

 

La luminosa Michelle Pfeiffer interpreta a Rosie, que es casi como decir que representa a la cineasta en la pantalla. Además de encontrarse en una edad en la que las mujeres empiezan a sufrir crisis de índole tan diversa como particular, Rosie es, por supuesto, una mujer hermosa.

 

La realidad de lo que es calificado como decadencia, debido al paso del tiempo y sus consecuencias, es algo que podría haber pasado desapercibido para el espectador de haber sido la protagonista otra actriz: para comenzar, una mujer que ya dejó atrás su juventud y que debe afrontar con dignidad las dificultades que la sociedad le impone al respecto, debe de tenerlo mucho más difícil que las demás si es Michelle Pfeiffer. Quien ya tiene cincuenta años de edad, nada menos.

 

 

De ahí que el tema principal de El novio de mi madre no sea el proceso de la madurez sino cómo es éste asimilado; la oposición entre naturaleza y artificialeza en el mundo contemporáneo. Un ambiente donde el ser y mantenerse joven es lo que cuenta, sobre todo si se es mujer. Un lugar donde el vivir, de algún modo, está mal visto. No es nada extraño pues que el leitmotif  de los increíbles avances de la ciencia que se hallan al alcance de muchas personas en lo que concierne al cuidado estético, la cirugía plástica y lo demás, parezca ser el marco del trozo de vida que se nos relata. Un marco concientemente artificial.

 

Auto-referencial e irónica, la parodia del estilo de vida de los (ricos y) famosos y sus allegados es uno de los platos fuertes de esta amable comedia, plena de encanto en su inevitable superficialidad. La pequeña hija de Rosie, Izzie (efervescente Saoirse Ronan), es una notable intérprete de melodías de Britney Spears y Alanis Morissette que ha sabido transformar en bromas inteligentes acerca de la primera, o en abiertas críticas –inteligentes, cómo no—al gobierno de Bush en el segundo caso.

 

 

Y estamos hablando de la misma adolescente que hace travesuras tales como llamar a los números telefónicos registrados en la agenda de su mamá. El hecho de que las circunstancias permitan que una de sus víctimas sea el Fonz, también conocido como Henry Winkler, sólo enfatiza la inocencia de su conducta, pero también la normalidad de la que forma parte.

 

La trama central de El novio de mi madre involucra, por supuesto, la relación afectiva que surge entre la guionista y un nuevo actor, el prometedor Adam (Paul Rudd), mientras que paralelamente se desarrolla una más “normal”, más “natural”, entre Izzie y uno de sus compañeritos de la escuela. Por cierto, la película está absolutamente a favor de la noción de que tal romance, entre una señora de cuarenta años y un muchacho de veintinueve, es lo más normal y natural del mundo.

 

 

Lo interesante es, sin embargo, la consideración que de la mentalidad de los que lo atestiguan hace el filme; porque la opinión de la mismísima Madre Naturaleza parece estar en contra de una unión mal vista por la misma gente que no puede evitar el vacío de sus rutinas colmadas de un sentido plástico de la vida. “Plásticos” era precisamente la palabra que en aquella obra maestra de la comedia y del cine en general que es The Graduate (1967), resumía la sátira contra el microcosmos burgués benévolamente presentado en esta cinta. Sin el filo de Fast Times at Ridgemont High, El novio de mi madre se deja ver y escuchar.

 

Por Christian Doig      

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