Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

la arcadia recuperada


 

Richard Linklater – Antes del Atardecer (Before Sunset, 2004)

 

Al final de Before Sunrise (1995), cuando ya ha amanecido y el tren está a punto de partir, los dos jóvenes amantes se lanzaron la promesa de reencontrarse seis meses después en el mismo punto, la ciudad de Viena, para retomar su relación. La película concluía así con una nota ambigua, de un romanticismo ligero, que no contradecía el espíritu lúdico (algunos dirían snob) del film. Todo pudo haber acabado allí, y el resultado habría sido una modesta y simpática comedia romántica al estilo del francés Eric Rhomer.

 

Pero nueve años después el director Richard Linklater decide continuar la historia y presentarnos qué ocurrió con esos jóvenes amantes tras la separación. La nueva película no abandona la temática, el estilo ni el tono del original, pero los lleva a un nuevo nivel, a una confrontación consigo misma. El romanticismo de la primera película está puesto contra las cuerdas y contra el reloj.

 

 

El logro de Before Sunset es que, pese a citar constantemente los eventos de la primera película e indagar sobre el impacto que han tenido en el tiempo, es una obra autosuficiente y cerrada en sí misma. La trágica ley de las secuelas se ha roto aquí: Before Sunset es claramente superior a Before Sunrise. La relación entre ambas películas es paralela y especular en varios sentidos.

 

Desde el mismo título, que solo modifica el sufijo alusivo al amanecer y al atardecer. Pese a ser un cambio tan pequeño, casi imperceptible y no libre de confusiones, modifica sustancialmente el destino del argumento y del estilo. El amor adolescente e idealista de la primera parte ya sido transformado por acción del paso del tiempo y la decadencia inminente.

 

 

Otro punto a favor de Before Sunset es la capacidad de síntesis. El metraje de la película dura 80 minutos, exactamente el mismo tiempo en que transcurre la acción del filme. En decir, todo el argumento ocurre en tiempo real delante de los ojos del espectador, sin elipsis temporales de ningún tipo. Solo al inicio se incluyen pequeños fragmentos de la primera película, la proyección de los pensamientos del personaje de Jesse (Ethan Hawke), quien ha escrito un libro basado en la aventura original en Viena y se encuentra de gira por toda Europa promocionándolo. Su última parada, antes de regresar a su rutina en New York, es la cuidad arquetípica del romance: París. Precisamente ahí empieza el film, en horas de la tarde, con el escritor respondiendo las preguntas de la prensa en una librería.

 

En el universo del film, el libro que ha escrito Jesse es equivalente a la primera película, consigna exactamente los mismos datos y el mismo estilo. Además disuelve las fronteras entre obra de ficción y experiencia vital. En el momento en que le preguntan por su nuevo libro hace su aparición el personaje de Celine (Julie Delpy). Aquí es notable el manejo de la edición, que reemplaza las imágenes de la primera película (evocadas por la memoria de Jesse) por el propio rostro de Celine en la actualidad. El argumento imaginado por el escritor se realiza en su propia vida y ahora deberá escribirlo: la vida se ha convertido en literatura, o más precisamente, en cine. Esa es la película que ahora estamos viendo.

 

 

Tras el reencuentro, los personajes salen de la librería y caminan por la ciudad para ponerse al tanto de sus vidas en esos largos nueve años. Entonces aparece el primer dato del nuevo libro de Jesse: la cita en Viena seis meses después nunca llegó a realizarse. El dato de que Jesse sea escritor es un lugar común que funciona a la perfección en el argumento: integra los datos de la primera parte de la historia sin provocar quiebres en el estilo y ofrece un cuadro definido del mismo personaje. Durante el recorrido harán constante referencia a los sucesos en Viena consignados en el libro, el cual ha reemplazado cabalmente al primer film y evita la inclusión de flashbacks. Toda la película se sostendrá en la conversación fluida y sin pausas de los amantes, quienes son miembros de una cierta élite intelectual, egresados de la universidad con un bagaje cultural más o menos amplio. La existencia de un libro permite que ese contexto verbal y erudito no se pierda. Solo que ahora las palabras de los amantes ingresan desde el principio al terreno privado y conservan poco del carácter lúdico del primer film.

 

El impecable trabajo de fotografía permite que la edición del film no quiebre la impresión de continuidad en la historia. La luz del atardecer a veces se cuela por el lente y entra directamente al encuadre en planos-secuencia bastante logrados. Los personajes caminan tranquilamente por el centro histórico de la ciudad, y la arquitectura, rebosante de jardines, ofrece un escenario apacible y armónico para que la charla se lleve a cabo sin contratiempos.

 

 

Pero la ciudad solo aparece marginalmente, aludida por la palabra de los amantes y destacando apenas en los márgenes del encuadre. No se ofrece ninguna versión paisajística o turística de la ciudad. Tampoco intervienen otros transeúntes curiosos que harían más variopinto el recorrido. Los amantes están sumidos en su propio diálogo, en la necesidad de saldar cuentas. Y la clave aquí es el tiempo, reducido considerablemente a apenas una hora antes que el vuelo hacía New York despegue.

 

Aquello que juzgamos como defecto en la primera parte, aquí ha sido superado satisfactoriamente. La película sigue una misma línea y no se complica en divagaciones innecesarias, en apelar a una nueva curiosidad intelectual o un personaje pintoresco para seguir manejando un tema de conversación. Todo el metraje se concentra en el ajuste de cuentas con el pasado, en los que no pudo concretarse antes y en la posibilidad latente de realizarlo hoy. La película es más breve pero concentra mayor cantidad de picos dramáticos, con temas complejos como la frustración sexual y la carencia de aspiraciones pese a un bienestar aparente.

 

 

A pesar de tocar estos temas espinosos, la película no cede al estallido emocional. Los momentos de crisis son sugeridos por leves movimientos y juegos de luz en el transcurso de su caminata. Por ejemplo, ingresar bajo un puente de cemento, elegir una banca para sentarse o que el automóvil se detenga en un semáforo justo cuando Celine le confiesa sus verdaderos sentimientos a Jesse. Acorde con este tono general de la película, de datos alusiones y sutilezas, es el final de la película, completamente abierto, ya en el departamento de Celine escuchando un disco de Nina Simone y con Jesse a punto de perder irremediablemente su avión.

 

¿Habrá tercera parte? Quizá Linklater deba revisar por completo la factura de sus dos filmes anteriores. Resulta complicado (este comentarista lo ve difícil, pero espera equivocarse de lleno) otra vuelta de tuerca sobre los mismos motivos y el mismo estilo, sin con ello repetirse y caer en lo trillado. ¿La tercera película tendría una estructura paralela y especular a las dos anteriores? No olvidemos que en inglés después de Sunrise y Sunset viene Nightfall. Quizá ese cambio total en la palabra implique otros muchos cambios más.

 

Por Javier Muñoz Díaz

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4 comentarios

  1. Me muero por ver esa película, creerás que hasta ahora no lo he hecho?

    te dejo mi blog a ver si nos comunicamos, saludos
    http://www.cinemismo.blogspot.com

    julio 28, 2008 en 9:24 pm

  2. Javier Muñoz

    Esta película debe verse un viernes o un sábado por la tarde. Entonces queda la necesidad de aprovechar cada minuto de la vida, y la noche del fin de semana nos es propicia.

    septiembre 7, 2008 en 10:30 pm

  3. negra

    antes del amanecer y antes del atardecer…
    amo estas peliculas…
    cada vez que la veo , vuelvo a creer q alguna ves tendre al frente
    a la persona que alguna vez ame…las recomiedo por que ambas son bellisimas

    febrero 1, 2009 en 10:18 pm

  4. Gabo

    Definitivamente una película excelente en todo aspecto con una actuación fuera de este momento, por momentos se alcanza a percibir el sentimiento mismo de los actores, y se vuelve a creer en un amor verdadero que transcurre que no se borra con el tiempo.

    febrero 8, 2010 en 3:00 pm

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