Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Pequeños romances de barrio


 Varios Directores – París, Yo Te Amo (Paris Je´aime, 2007)

El legendario París inspirador de centenares de novelas, películas, poemas, revoluciones, funciona como un frondoso y exquisito escenario para presenciar dieciocho historias distintas, pero unidas por esa sensación singular y mágica que infunde la amalgama de míticas acuarelas que es París. Un mundo globalizado y una Europa en que convergen las culturas todas se ponen de manifiesto en París, yo te amo, la original película colectiva que agrupa a estrellas cinematográficas de todos los continentes y que cuenta historias de todas las latitudes, historias que al final son una sola: la del amor en París.

En París, yo te amo se hace presente la figura que todos nos formamos de la ciudad luz: el amor. El amor que está en bares, cafés, la torre Eiffel, Montmartre, el Sena y en cada resquicio de ese paisaje calurosamente cosmopolita en que se convierte la capital francesa.

MONTMARTRE

De Bruno Podalydès

Aunque no es famoso como director ni como actor, Bruno Podalydès dirige y escribe la primera de las historias de París, yo te amo. Transcurre en el barrio de Montmartre, donde un sujeto siente que el mundo lo aplasta, despiadado. Accidentalmente conoce a una mujer quizás como él; su rostro aparece luminoso, y su manera de tomarlo de la mano y lo insólito del momento trastocan el triste sinsabor del pobre hombre. Y su día cambia, y, acaso, también su vida.

Como todas las restantes pequeñas historias de París, yo te amo, ésta dura sólo unos pocos minutos, pero los suficientes como para sumergirnos en su atmósfera y motivarnos, y aunque el espíritu de París no está aún presente del todo, hay una anunciación, un preludio que es como la puerta de entrada al París profundo que respiramos en esta cinta.

 

Debemos remarcar, eso sí, que quizás no era ésta la historia con la que debió comenzar París, yo te amo; la primera debió funcionar a lo mejor como prólogo, y condensar de forma más conjunta la esencia de lo que viene más adelante.

QUAIS DE SEINE

De Gurinder Chadha

A las orillas del Sena, París no es más el que Cortázar retrató en Rayuela. Esta vez, asistimos a un París que ha digerido los cambios del nuevo milenio y se ha puesto en sintonía con el postmodernismo. Siguen siendo, no obstante, las orillas del Sena. Tres jovencitos tienen los apetitos carnales propios de su juventud, y sentados lanzan frases lujuriosas a las mujeres que pasan por su frente.

Uno de ellos, François, causalmente socorre a una muchacha, Zarka, y a partir de ello se desata una intensa búsqueda del joven, que queda hechizado con las facciones y las palabras de esta bella mujer musulmana. La consigna de François es alcanzarla, y en el afán, aunque la historia es también breve, nos conmueve a todos. Lo que viene es un choque de culturas y el chisporroteo del amor.

 

La dirige el keniata Gurinder Chadha, la mismo de Quiero ser como Beckham, y es una fábula tierna, donde muchas cosas son supuestas y donde se respira el candor de una juventud que cree en los sueños, mientras suena el tumulto del resto del mundo.

LE MARAIS

De Gus Van Sant

Gaspard está de visita en un taller de pintura donde conoce a un muchacho y se le acerca, conversa, le explica sus ideas y trata de establecer un extraño vínculo místico entre ambos.

Aunque bien podría ser catalogada como sólo una situación, esta historia, ambientada en Le Marais, el tradicional barrio parisino, encierra un elemento cómico particular, que entre risas alude a la incipiente comunicación entre personas que se supone insertas en el mismo engranaje social, pero que en el fondo son tan paradójicamente distintas.

Luego del éxito de películas como Elephant, Descubriendo a Forrester o Mala noche —película esta última que lo catapultó a la fama—, Gus Van Sant dirige esta historia, de desencuentro y de búsqueda. Una vez más, el choque de dos culturas.

TUILERIES

De Joel & Ethan Coen

El recordado actor Steve Buscemi hace aquí las veces de un paranoico turista norteamericano que, con su guía de París en la mano, se encuentra en la estación del metro, anonadado de estar en la Ciudad Luz, y delira mientras va leyendo cómo son aquí las cosas, qué es lo legendario de esta tierra, qué la hace tan encantadora.

Ésta es la loca historia del extranjero que hace el ridículo en una ciudad que le es ajena, pero que, por sus complejos e incertidumbres, se hace caótica.

Dirigida por los emblemáticos hermanos Coen —autores, entre otros grandes films, de No es país para viejos, El hombre que nunca estuvo allí, Fargo y muchas otras—, Tuileries es la caricatura de un americano en París.

LOIN DU 16E

De Walter Salles & Daniela Thomas

A contrapelo de todas las demás historias, ésta se ocupa del amor de un modo distinto, con una perspectiva que trasciende respecto del amor de pareja, tema recurrente en casi todas las otras fábulas que conforman París, yo te amo.

Aquí contamos con la valiosa presencia de Catalina Sandino, la colombiana que se hizo célebre y sorprendió al mundo con su formidable papel en María, llena eres de gracia.

Se trata esta vez de una madre que debe dejar a su bebita en una guardería, pues, como las miles de latinas que pululan por miles en Europa, debe dedicarse a tareas «poco decorosas», ésas que los europeos ya no se animan a realizar. Por eso Loin Du 16, en alusión a uno de los más lujosos barrios parisinos.

El amor maternal es quizás la frase en que puede resumirse esta historia, que, aunque breve, encierra una profundidad que la convierte en una de las más notables de todo el conjunto de París, yo te amo. Catalina Sandino encarna a esa mujer pujante y chambeadora que le hace frente a los embates, con una dulce tonadita que brota de sus labios.

Claro, no se podía esperar menos de la dirección de Daniela Thomas y de Walter Salles, autor, entre otras, de la entrañable Diarios de motocicleta y de la notabilísima Estación central. Y es que estos dos visionarios cineastas brasileños han empezado a realizar juntos proyectos de suma importancia, como la recientemente ovacionada Línea de pase. Y muestra también de ese fructífero complemento es esta sensible y conmovedora historia.

PORTE DE CHOISY

De Christopher Doyle

Los ángulos desde los cuales París, yo te amo enfoca el amor son diversos; los hay desde delirantes, como la protagonizada por Steve Buscemi, hasta socialmente contestatarias como la de Catalina Sandino.

Esta vez, sin embargo, la historia se reduce sólo a un relato surrealista y lleno de enigma. Un anciano vendedor de productos para el cabello se une con la dueña de un spa en el barrio japonés de París. A partir de ello, se suscita una extraña vinculación entre los dos, que, sin más ni más, entre el ritmo musical que los envuelve, termina.

Al final, el resultado de Porte de Choisy es irregular, y sólo es lo que fue desde siempre: un juego surrealista.

BASTILLE

De Isabel Coixet

Un hálito literario, cultivado en las canteras del cine clásico francés —con Truffaut, Godard, Chabrol como mentores— se respira en el estilo y el tratamiento que la gran Isabel Coixet le imprime a este intenso drama amoroso de cinco minutos. Bastille está narrada solamente como una secuencia, y aunque sería inexacto afirmar que alcanza un hondo nivel de profundidad, logra lo que se propone.

 

 

Sergio, un hombre que vive desencantado de su rutina y su relación marital, redescubre el sentido de la vida en el adulterio, hasta que una situación inesperada le obliga a ubicarse en el mundo y reafirmar sus sentimientos.

Así, el pobre hombre tendrá que enfrentar una dura encrucijada, donde, con sabiduría, debe saber qué decisión tomar. Vemos aquí a Miranda Richardson como el eje de Bastille, y brevemente a Leonor Watling.

Claro que el tono de la película no está planteada con esa solemnidad del melodrama; tiene más bien alegorías de humor y ocurrencia, y un primoroso homenaje a Truffaut con el tarareo de «Le Tourbillon», la canción emblemática de Jules et Jim.

Así, Bastille se convierte en un tributo al amor, un bello relato que, en clave de humor francés, nombra a la lealtad en su expresión más fatal.

PLACE DE VICTOIRES

De Nobuhiro Suwa

Borges decía que una novela es un cuento alargado. Si es cierto que la diferencia entre una novela y un cuento es la misma que entre un largo y un cortometraje, lo dicho por Borges queda comprobado en esta historia.

Un niño amante de los vaqueros se ha extraviado misteriosamente, y sus padres lloran su partida, aunque su madre, Juliette Binoche es la que más sufre. En un delirio de su imaginación, una madrugada, como un brote de su anhelo maternal, Juliette Binoche escucha la voz de su hijo gritando afuera. La escena que sucede cuando ella sale a la calle en busca de su pequeño es una de las más sorprendentes e impactantes que se haya podido conseguir en tantas películas sólidas y de de grandes propósitos.

Muchos directores se esmeran durante horas para alcanzar un momento clímax que condense el núcleo de sus historia, algo que aquí, con la versatilidad de Juliette Binoche y la sabiduría del director japonés Nobuhiro Suwa, se ha logrado con gran maestría y en pocos minutos.

En Place de Victoires se apela mucho a la sensibilidad del espectador. No hay abundancia de detalles, y la sobriedad y los elementos son necesarios para transmitir con plasticidad y limpieza todo ese caudal de emociones que suscita la película, en la cual —no lo pasemos por alto— Juliette Binoche sale airosa. De lo mejor que se ha hecho en el conjunto de París, yo te amo.

TOUR EIFFEL

De Sylvain Chomet

El título que más emblematiza a París, yo te amo es el de esta entrañable historia, una de las más divertidas de todo el conjunto, pero sin duda la más onírica y mágica.

Cuenta la historia de un niño, Jean Claude, de cómo se conocieron sus padres, dos mimos que circulan por la ciudad contagiando su buen humor a todo el mundo, hasta que, por un azar, ambos van a parar a la cárcel; luego se desencadena entre ellos un juego fantasioso y soñador, pleno de invención e ilusiones, las ilusiones que de seguro tienen los mimos.

Porque detrás de esta historia, que difunde imágenes chistosas y ensoñadoras, subyace un discurso más profundo, más crítico, un lamento por los incomprendidos, un clamor por aquellos que ríen y hacen reír a los otros, pero que a menudo nadie ríe con ellos. Un mundo donde cada vez se precariza la comunicación interpersonal, y donde somos absorbidos por nuestras propias falsedades. Un mundo que no concede resquicio alguno para el humor, la risa, el goce, que es por lo que aboga Tour Eiffel.

PARC MONCEAU

De Alfonso Cuarón

París sirve de escenario para describir el conflicto de Claire con su padre, un americano que ha venido a visitarla y va a cuidar al hijo de ella, su nieto.

Dirigida por Alfonso Cuaron, el mismo de Y tu mamá también y Harry Potter y el prisionero de Azkabán, Parc Monceau es una historia sin fuerza ni enganche. Una película que se pierde en el relato de la historia y no se detiene a examinar ningún detalle, ni le da un tratamiento inteligente a lo que sucede; es más bien convencional y, en ese sentido, no aporta en nada.

QUARTIER DES ENFANTS ROUGES

De Olivier Assayas

Lo más bello de Quartier des Enfants Rouges es la fotografía, de las secuencias en la noche y de Liz mientras va fumando marihuana, pero sobre todo las imágenes del París nocturno, colorido, expresión genuina y total de la auténtica Ciudad Luz.

La historia cuenta la estadía en París de Liz, una actriz americana que tiene a Ken como «proveedor» de hierba. Ambos retienen un amor tácito, inconfesable, que Ken, al final, le pondrá corona.

Quartier des Enfants Rouges se presenta como una historia ambiciosa, por la banda sonora, la fotografía, lo enunciativo de las escenas; al final, sin embargo, parece extraviarse dentro de sus propias pretensiones y no se traduce en algo interesante.

PLACE DES FÊTES

De Olivier Schmitz

Si las dos anteriores, Parc Monceau y Quartier des Enfants Rouges, no convencían, con Place des Fêtes, París, yo te amo en definitiva cobra fuerza, formidablemente. Sin duda, una de las mejores de todo el conjunto.

Un simpático joven de raza negra se enamora de una muchacha que es también de color, y en su afán por conquistarla ocurre un hecho que marcará la vida de ella para siempre.

El ingrediente de denuncia está presente de forma contundente en esta historia, además del notorio y saludable cariño que Oliver Schmitz, el director, tiene por la raza negra, que lo hace notar con fuerza.

Place des Fêtes conmueve, pues, casi hasta las lágrimas; la banda sonora se entremezcla con el relato trágico del joven que, desde su lecho, está viendo a la mujer que ama mientras con los ojos entornados le invita a tomar un café, acaso el postrero.

La película reclama del espectador muchos lamentos, por la cruel realidad del amor que llega tarde, por el racismo que está en todas partes, por la tristeza que nos da que una historia tan bella termine tan pronto.

PIGALLE

De Richard LaGravenese

Tras largos años de desgaste matrimonial, el barrio parisino donde florece el negocio del sexo es el ambiente que una pareja madura proveniente de Norteamérica escoge para una singular reconciliación, la de la casualidad forzada, la del disfuerzo, la de jugar a enamorarse por accidente.

Pigalle es una historia que en su momento provoca un factor de sorpresa, y es lo que genera interés. Se convierte en un relato de dos desencantados que, como si de un hechizo se tratara, descubren la magia que, sin advertirlo, puede tener la capital de Francia, y la atmósfera se torna cálida, y reina la calma y el encanto.

La dirige Richard LaGravenese, el mismo de PD, Te amo (que comentamos hace unas semanas), aunque aquí su estilo es distinto y, a diferencia de aquélla, ésta convence más.

QUARTIER DE LA MADELEINE

Vincenzo Natali

Surrealista como ninguna de entre todas las historias que París, yo te amo agrupa, Quartier de la Madeleine es entretenida y distinta de las otras. Si bien el tema del amor está más presente que nunca, los escenarios, los móviles del amor, los dramas personales, cobran un giro nuevo.

Elijah Wood, un joven turista americano que pasea por las nocturnas y desoladas calles del barrio de Pigalle, encuentra a una vampiresa, de la que se enamora y con quien quiere ir a beber, sangre, claro está.

La vampiresa es joven y bella, y su idilio se concreta entre colmillos, charcos de sangre y mordeduras de cuellos entre ellos mismos, como reemplazo de sus besos.

En Quartier de la Madeleine se le da un tratamiento particular a la estética y la fotografía. Es dirigida por Vincenzo Natali, autor de Cube, donde da muestra de una técnica propia, que en esta historia repite, pues Quartier de la Madeleine sí convence.

PÈRE-LACHAISE

De Wes Craven

Dos jóvenes americanos están de luna de miel en la Ciudad Luz. Emily Mortimer es romántica y soñadora, y camina por entre las tumbas de hombres célebres que descansan en el cementerio que da título a la película; Rufus Sewell, refunfuñón y racionalista, no entiende su afición inútil de avanzar por entre gente muerta.

Aunque la historia es medio bobalicona, vale la pena comentar la aparición de un Oscar Wilde en medio del panteón, vestido de la forma como sus más célebres retratos lo recuerdan. Su presencia hace hilarante la historia y la dota con algo de original, pues cabe pensar que, si no fuera por Wilde, sería sólo un cliché sin argumento.

FAUBOURG SAINT-DENIS

De Tom Tykwer

La forma, el estilo narrativo, es quizás lo más atractivo de Faubourg Saint-Denis: la manera como transcurre la historia, la voz en off de Melchior Beslon, las imágenes superpuestas, los protagonistas en medio del tumulto que va y viene, del mundo que no se detiene.

Melchior Beslon es ciego, y accidentalmente se enamora de Natalie Portman, ciudadana norteamericana, una aprendiza de actriz que empieza a debutar en el conservatorio de París y se enamora también de Melchior Beslon. Su relación es narrada a ritmo acelerado, con el dinamismo que genera la entremezcla de un joven ciego y sensible y una actriz desenfadada y extrovertida.

El sabor que deja al final la historia es el de un candoroso alivio, aunque también de la duda. En Faubourg Saint-Denis —qué duda cabe— Natalie Portman está formidable, por el brillo y la plasticidad en su papel, por su belleza, su aspecto, su carisma.

QUARTIER LATIN

De Gerard Depardieu

Dos ancianos esposos norteamericanos para los que la vida ha dado demasiadas vueltas deciden encontrarse en un café parisino. La oportunidad de que puedan reanudar su matrimonio está sobre la mesa donde aguardan brillantes dos copas de vino. El destino, sin embargo, les ha dado un mensaje claro: el no.

Gerard Depardieu, director de Quartier Latin, aparece también en la película, además de la siempre querida Gena Rowlands, que en este papel hace lo que debe, y lo hace bien.

Quartier Latin funciona, así, como una reflexión sobre lo que es realmente importante en el amor, y sobre cuándo vale la pena seguir amando

14E ARRONDISSEMENT

De Alexander Payne

Si Montmartre, la historia con que inició París yo te amo, no era quizás la más apropiada para ponerla al comienzo, 14 Arrondissement en definitiva sí es la que debe estar al final, por su fuerza persuasiva, porque es emotiva, rica e interesante.

Una mujer cuarentona viaja sola a París, desde Norteamérica, con la intención de sentir eso que tanto se dice de París. Su figura, personalidad, modo de pensar, no trazan, pues, el perfil de un amante de la Ciudad Luz, alguien más bien con perspectivas distintas, quizás intelectuales, artísticas, visionarias. Y eso hace interesante al personaje que muy bien interpreta la actriz Margo Martindale, porque sirve para reforzar que en París todos aman, que esa ciudad mítica, cuna de escritores y gente memorable, es donde se ama realmente, donde se vive en realidad. París no era sólo una leyenda inventada por franceses; París siempre es París.

El resultado final de París yo te amo es un mosaico variopinto donde se da cita una pléyade inconfundible de actores y directores que sin duda aman la Ciudad Luz, donde se encuentran todos —hartos norteamericanos, eso sí—, donde todos buscan algo, en conjunto, y donde la respuesta a todo parece ser una sola: el amor. En París.

Tito Jiménez

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