Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Un pasado traumático


 

 

Craig Gillespie – Enemigo en Casa (Mr. Woodcock, 2007)

 

Con una escena de introducción, en la cual un grupo de niños y su instructor de educación física comparten un gimnasio con el fin de desarrollar una clase de baloncesto, Enemigo en casa (Mr. Woodcock, 2007) inicialmente recuerda mucho el drama o incluso los ribetes trágicos que matizan el contenido de algunas de las mejores comedias de la historia del cine.

 

El señor Woodcock del título aparece desde el principio como una suerte de vuelta de tuerca a la caricatura surrealista que magistralmente lograron R. Lee Ermey (actor) y Stanley Kubrick (director) en Nacido para matar (Full Metal Jacket, 1987), aquella cinta sobre el conflicto del Vietnam en cuya secuencia introductoria se hacía patente de un modo impresionante el infierno en el que consiste no ya cualquier guerra, sino el propio microcosmos bélico en el seno del ejército, como una bomba de tiempo o una corriente violenta en ebullición. Tal es el caso de lo descrito por Enemigo en casa en términos de una hilaridad sobria, con una puesta en escena concientemente esquivando los momentos irresistiblemente serios del asunto, mientras se apoya, irónicamente, en la seriedad de las interpretaciones del trío protagonista.

 

 

Si la película es considerada como un comentario a tener en cuenta acerca de los abusos cometidos por parte de los adultos responsables en contra de los niños que les han sido confiados, en particular acerca de los abusos cometidos en contra de los estudiantes con peor fortuna por parte de sus profesores y otras autoridades escolares en centros educativos alrededor de todo el mundo, es entonces que el tratamiento de su tema puede ser puesto en tela de juicio, desde una perspectiva que de manera inmediata incluso podría descartar el enfoque del género como carente de la validez necesaria para considerar lo delicado del conflicto real con alguna garantía ética.

 

John Farley (Seann William Scott) es un celebrado escritor de libros de autoayuda que recibe la noticia de que su pueblo natal desea hacerle el honor de su máxima condecoración. Luego, John viaja no solamente en un regreso a sus orígenes, sino también en una jornada que lo hará reencontrarse con su pasado. Y no estamos hablando de la dulzura de su madre (Susan Sarandon), precisamente. Nos referimos al novio de su madre: nada menos que el Sr. Woodcock, la pesadilla de su infancia.

 

 

El veterano entrenador, interpretado en gran forma por Billy Bob Thornton, no ha cambiado un ápice, por lo que su antigua víctima emprenderá una cruzada para separarlo de su madre. Conforme se sucedan los eventos, lo único que será evidente es que hacer que eso ocurra es prácticamente imposible.

 

La multitud de malentendidos y las torpezas de los personajes secundarios como el de Ethan Suplee (American History X) y Amy Poehler en el papel de la venal agente de John parecen obstaculizar los propósitos de nuestro protagonista mucho menos que la idiosincrasia de los ciudadanos y la propia inteligencia del viejo zorro.

 

 

En el marco del festival local, conocido como Mazorcarnaval, las diferencias entre Woodcock y un ya desesperado John consiguen que éste llegue a perder los papeles, y a tocar fondo, literalmente, ante el beneplácito de aquél y el desconcierto y la decepción de su aún inocente madre. Lo que sigue es una serie de escenas que atentarán con transformar el sentido de lo expuesto, y de alguna forma lo harán, aunque si se lo mira bien no será tan malo como puede parecer en un principio, ya que la eficacia de esta película se basa en su fluidez cómica, no en su mensaje psicológico o de lo que sea.

 

Enemigo en casa muestra que pese a lo tópico o convencional, un género tan difícil como es en verdad el de la comedia puede ser acometido con oficio y destreza, de tal forma que aun a veces las superficies equívocamente negativas de su ideal ligereza desaparezcan.

 

 

Dirigida por el prometedor Craig Gillespie (Lars and the Real Girl) con comedimiento, Enemigo en casa exhibe sus mejores virtudes, cómo no, en su reparto. El joven Scott no lo hace mal en el rol de John, pero son los ganadores del Oscar quienes predeciblemente se lucen en papeles que, al menos, no los conducen a hacer un ridículo imperdonable, como ha sido el caso en anteriores oportunidades de similares características. Ambos conservan su respetabilidad, y con holgura –hay que decirlo.

 

Christian Doig  

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