Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Doble knockout: La mafia del cine – La mafia del box


El boxeo ocupa un lugar destacable en la historia del cine norteamericano. Y la mafia ha sido una protagonista ineludible de sus películas. ¿Dónde se origina esta fascinación de Hollywood por los aspectos más polémicos y delincuenciales de este deporte?

La típica imagen cinematográfica de un encuentro de box: dos cuerpos atléticos, vistiendo solo un par de guantes rojos y diminutos shorts, se baten a golpes dentro de las cuerdas de un ring. El local donde se realiza la pelea es ruinoso y maloliente. Como en un sótano, domina la claustrofobia. Un agudo campanazo marca las pausas y el reinicio de las acciones. En la penumbra, los aficionados están eufóricos, lanzan vítores, fuman y maldicen. Un colorido cartel, enarbolado por una señorita de figura curvilínea y pocas prendas, indica el número del asalto. Algunos periodistas junto al ring toman fotografías del encuentro; los resplandores del flash se confunden con los golpes brutales que caen sobre el rostro y el cuerpo de los contrincantes.

 

Sin lugar a dudas, el boxeo es el más teatral de todos los deportes: su práctica implica en sí misma una complicada puesta en escena. Sin embargo, en esta descripción arquetípica de una velada de boxeo falta un personaje crucial, el hombre que maneja los hilos tras el negocio, organiza las peleas y se lleva casi todo el rédito económico: el manager. Su presencia gravitante es lo que distingue al tratamiento que le ha dado el cine estadounidense a este deporte. Otras filmografías (como la italiana), si no lo han ignorado por completo, han preferido enfocarse en lo humorístico o lo melodramático. Para Hollywood, en cambio, el manager de porte gallardo, traje de gamuza, sobrero de copa y cigarrillo humeante, se ha mimetizado perfectamente con el rol del villano, de gangster. Y ambos personajes, con la estética del film noir.

 Primeros jabs, primeras imágenes

Estadísticamente, el box ha sido explorado por el cine más que por cualquier otro género artístico. Uno de los primeros cortometrajes de los hermanos Lumiere, los inventores del proyector cinematográfico, registraba un encuentro de boxeo amateur. Se trataba de una pelea ya coreografiada, con los luchadores en un ring de cartón piedra. La década siguiente, cuando la tecnología lo permitió, se trasladaría la cámara a los escenarios reales para capturar las peleas a modo de documental. Lo importante aquí es destacar el equívoco que surgía al comparar un encuentro verídico con uno ensayado para las cámaras: la teatralidad del deporte es tal que la distinción entre realidad y simulación se cancelaba.

 Dentro de la industria de Hollywood, el boxeo sería enfocado desde varias perspectivas, siendo la más importante, de tradición más consolidada y logros artísticos descollantes, el espectáculo decadente y pesimista del film noir. No obstante, en un principio dominaría un tono más risueño y despreocupado, deliberadamente farsesco y lúdico. Los dos genios de la comedia del periodo, Buster Keaton (Battling butler, 1926) y Charles Chaplin (City of Lights, 1930), filmarían las peleas de boxeo como un espectáculo de torpes marionetas, con golpes enrevesados, volantines y caídas desternillantes. La cruda violencia dentro y fuera del ring quedaba omitida, o sólo era exhibida en su aspecto más melodramático.

 

El upper cut del cine negro

Precisamente esos elementos oscuros y atroces ocuparían el primer plano en las películas posteriores, que cancelarían todo el humor para ofrecer, a partir del boxeo, un diagnóstico moral de la corrupta sociedad de la época. El cine negro de mediados del siglo XX habría de delinear todos los matices de la imagen arquetípica del boxeo.The Set-Up (1949) y Body and Soul, (1947) son las obras emblemáticas de este periodo. Robert Ryan y John Garfield interpretan a dos hombres de destino trágico, que bregan por salir adelante en un ambiente corrupto del cual es casi imposible salir redimido sin perder el pellejo. La mafia que se encargó de abrirles el camino hacía el éxito deportivo, les exige cuentas que ninguno de los dos podrá pagar sin ceder a la autodestrucción. Los sobrevivientes quedan relegados a las estercoleras de la sociedad, tal y como lo describió John Huston en su magistral Fat City (1972)

Medio siglo después, en los 80, Martin Scorsese se remitiría a esa vieja estética para filmar en un blanco y negro implacable las mejores escenas boxeo de la historia. En Toro Salvaje (Raging Bull, 1980), más allá del ring solo hay un fondo negro desolador, con un humo ligero que se eleva desde las graderías, configurándose así una atmósfera lúgubre y surrealista. Robert de Niro ganaría el Oscar al mejor actor por su caracterización de un personaje real, Jake la Motta, el campeón de pesos mediano de los años 50. El personaje no solo le otorgaría la consagración definitiva al actor, sino también a toda una serie de películas con temática similar: el biopic, la biografía fílmica de un personaje célebre.

 A partir de entonces el interés de muchos actores apuntaría a interpretar un boxeador, pues la exigente preparación física y emocional que les demandaba el papel se vería recompensada con el beneplácito y el Oscar de la Academia. Denzel Washington y Will Smith seguirían sus pasos en la caracterización de boxeadores reales, Rubin Carter y Muhammad Ali, respectivamente, pero sin obtener los mismos resultados. Carecían en la dirección de una autor de polendas como Scorsese, un ítaloamericano especialista en filmar la violencia urbana. Toro Salvaje es, en un sentido amplio, un melodrama, pero entre los personajes cabía encontrar al mafioso de poca monta y al manager de boxeadores novatos, que con el talento de Scorsese adquirían perfiles complejos y deudores del film noir.

 El boxeo mass-media

Para entonces, sin embargo, el mayor baluarte mediático del boxeo en el cine lo constituiría Rocky (1976). Esta película es interesante por varios motivos. Todo el proceso de escritura y filmación de esta cinta reprodujo la historia clásica del héroe de boxeo: pequeño presupuesto (1 millón de dólares), pocas aspiraciones y un éxito sin precedentes de público y crítica. Rocky obtuvo ganancias, solo en EEUU, de 115 millones de dólares y ganó tres premios de la academia, entre ellos el de mejor película y mejor guión.

La silueta del boxeador subiendo al trote las interminables escaleras del Museo de Arte Contemporáneo de Filadelfia al ritmo de una efusiva banda sonora (Gonna Fly Now), constituye una figura de proyección global. Casi todo el mundo tiene en mente esta película cuando se le habla de boxeo en el cine. Gracias a su papel del torpe pero bonachón Rocky Balboa, Silvester Stallone (de una manera análoga a Robert de Niro) se convertiría en celebridad.

 La idea básica del guión se encuentra en un hecho real, la pelea entre Muhammad Ali y Check Wepner: el campeón de los pesos pesados es retado a duelo por un novato sin experiencia. El personaje de Apollo Creed, un boxeador ostentoso y fanfarrón, es una clara alusión a la dislocada personalidad de Mohammad Ali. En pleno auge de la industria del entretenimiento, los códigos de la época han cambiado y el boxeador participa del proceso dejando en el desván su habitual mutismo y hosquedad. Ahora forman parte de un espectáculo televisado, y como tales deben ofrecer una imagen más farandulesca, con bravatas y escándalos varios para mantener entretenidos al público.

 Debido al éxito de la primera película, Rocky se convertiría en una franquicia y se llevarían a cinco secuelas. El recinto de peleas, antes marginal, lúgubre y decadente, se colma de luces de neón, de parafernalia chirriante, de publicidad y masiva convocatoria. Sin embargo, los personajes siguen siendo los mismos, aunque hayan debido mudar su aspecto para adecuarse al espíritu de la época. La imagen tradicional del mafioso también habría de cambiar: los viejos empresarios elegantes, de saco y corbata, serían reemplazados por escandalosos showmans como Don King, que llevan peinados estrafalarios, costosos abrigos de pieles y joyas pavorosas.

Pero los modales de delincuente avezado son los mismos. Este mismo personaje tendría su aparición especial las últimas películas de la saga de Rocky, en las que además vemos un regreso al escenario primigenio de las peleas de box: en la quinta secuela de la franquicia, Rocky se enfrenta a su rival en las calles de Filadelfia. No obstante, el éxito de taquilla se esta cinta fue nulo en comparación con sus predecesoras.

Doble knockout

Pese a todos estos antecedentes, ningún director de prestigio ha explicado su relación con el cine a partir de alguna metáfora sacada de la práctica del boxeo. Sin embargo, si uno observa detenidamente la industria fílmica, sobre todo en su faceta hollywoodense, encontrará más de una analogía inquietante con la industria que maneja el boxeo profesional. Puestas al frente una y la otra, se destaca un indudable juego de espejos. Hollywood fue llamado “la fábrica de los sueños”, el escenario de la realización personal de los hombres y mujeres de a pie, quienes guardaban un innato talento artístico a la espera de ser exhibido al mundo. Empezar desde muy abajo, desde la marginalidad y la pobreza, para alcanzar la cumbre y los oropeles del estrellato. Ya en la cima del éxito, descubrirían los costos y las llagas profundas que han recibido a cambio.

 

 El mismo proceso, paso a paso, se repite en las trastiendas del boxeo. El semillero de este deporte se encuentra en los estratos más bajos de la sociedad, jóvenes de familias disfuncionales, sin educación ni empleo, rodeados de un ambiente ruinoso y delincuencial. Alguien descubre en ellos un talento innato para batirse a golpes con el rival, y empieza la fulgurante carrera al éxito. Como en el cine, la gloria solo les deparará una soledad y una frustración gigantescas. ¿Pero quien es el responsable del desbarajuste?

Los hilos del negocio fílmico, y los hilos de las federaciones de boxeo, son manejados a la sombra por organización que no dudan en sacrificar la vida y la integridad de cientos de personas para conseguir mayores réditos económicos. La mafia que actúa detrás de Hollywood tiene su correlato, su reflejo inverso pero exacto, en la mafia del boxeo.

 Javier Muñoz Dìaz

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