Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

amores surrealistas


 

Luis Buñuel – La Edad de Oro (L’Age d’Or, 1930)

 

En La edad de oro, del gran Luis Buñuel, se pueden reconocer dos historias generales: la historia de amor fou entre un hombre y una mujer, y la historia de una familia burguesa que busca organizar una gran fiesta, y cómo los modelos de esa familia reprimen el amor de los protagonistas.

 

Sin embargo, la historia comienza con la fundación de Roma por parte de unos mallorquinos y acaba con la liberación de unos encerrados en un castillo por parte de un grupo de sátiros, uno de los cuáles tiene una gran semejanza a Jesús Cristo. Como se puede ver, narrativamente la película no tiene mucho orden, a pesar de que se pueden captar ciertas líneas narrativas que trazan la dirección de la cinta.

 

 

Lo que le interesa a Buñuel con la cinta es generar un nuevo orden narrativo, un sistema en el cual no importe el paso del tiempo y en el cual las relaciones entre las escenas no impliquen una lógica narrativa de deducción, sino que se guíen a partir del pensamiento, los sueños y los deseos de los personajes.

 

El primer gran desfase temporal lo tenemos al principio del film, donde el protagonista es detenido durante la fundación de Roma por parte de los que encontraron el cuerpo de los mallorquinos por intentar violentar a una mujer. Inmediatamente después, pasamos a estar en la Roma del siglo XX, donde aparece el protagonista siendo llevado por la policía. La escena de la fundación de Roma, con los individuos que encuentran los cuerpos y los curas a un lado tiene una fuerte carga onírica, en tanto la disposición de los personajes, el ambiente ceremonial o ritual de la escena y el trabajo con la música dan la impresión de algo demasiado calculado, que no podría venir de este mundo.

Aquí tenemos el primer desfase entre realidad y sueño, el primer gran momento en el cual damos el salto del sueño a la realidad, en el cual Buñuel trata de captar el flujo del pensamiento. Lo mismo de puede decir de los momentos en los cuáles la mujer, encerrada en su cuarto, imagina al protagonista: la película pasa de la imaginación de la mujer a la situación del hombre, que está siendo llevado por la policía: ¿lo que vemos es la realidad o es un sueño de la mujer? ¿Cuál es la diferencia entre ambos estados de la narración? Buñuel, n la Edad de oro, entrelaza escenas que van saltando y que son unidos por los deseos, las pasiones y los sueños de los personajes. La narración externa no existe dentro de la película: lo que va guiando la historia es lo que los personajes sienten y desean.

 

La edad de oro recoge, además varios de los tópicos más importantes de los surrealistas, comenzando, claro está, con el amour fou: las historias de amor que van contra todo, ya sean las reglas sociales o la lógica misma de la racionalidad. Aquí, los protagonistas se ven presionados por sus contextos sociales: ella es una joven burguesa y él es un individuo medio desadaptado, y ambos buscan expresar su amor de la forma más pura y genuina posible.

 

 

Es ahí donde la sensualidad de la película juega un rol importantísimo: el trabajo con el cuerpo resulta esencial dentro de la obra de Buñuel, y en especial en La edad de oro. Los besos, las caricias, las sensaciones y los deseos de los personajes son resaltados por Buñuel, dándole una especial importancia al trabajo con el sonido, lo que le da un mayor realce a lo físico, a lo palpable.

 

El erotismo, gran tema surrealista, está presente a partir del trabajo con el sonido que le da un ambiente palpable y carnal a la cinta. Recordar, sino, la escena del intento de violación al principio, o la escena de la cateada del protagonista en la cena.  Lo mismo se puede decir de las demostraciones de amor de los personajes, que son desmesuradas, en comparación con la cena de los burgueses, filmada siempre en planos quietos y distantes, como un mundo impenetrable, que parece seguir siempre las mismas pautas.

Y los deseos, además de ser el elemento que hila la narración, se ve también en hechos concretos, físicos, como el extraordinario momento en el cual la mujer le chupa el dedo del pie a la estatua. El interés de Buñuel en resaltar los actos físicos o fetichistas de los personajes tiene que ver con la i9mportancia del erotismo para la vanguardia, un erotismo que se ve, que se siente y que resulta ser el motor principal de la película.

 

Otro elemento que es necesario destacar es la mirada que se tiene sobre la burguesía en general. Buñuel filma las escenas de fiesta de forma lejana como si fueran espacios cerrados, rituales, en el cual no es posible penetrar, ni siquiera a partir de la violencia. Es genial el momento en el cual el jardinero asesina a su hijo por haberle apagado el cigarrillo. La fiesta se paraliza un segundo, pero después todo sigue igual,  como si nada hubiera pasado. A la burguesía no le importa lo que hagan sus lacayos parece querer decirnos el gran Buñuel, y lo hace filmando la matanza como una cosa banal, de todos los días. El asesinato del niño no altera para nada el ritmo de la película: está ahí, presente, como si fuera algo común, que pasara todos los días.    

 

 

Sin embargo, cuando el desorden viene de adentro, si hay problemas: la escena en la cual el protagonista le da una cachetada a la reina de la fiesta por haberle echado un poco de vino encima es filmada por Buñuel a partir del suspenso, señalando todos los elementos que hacen posible esa reacción: desde el acercamiento de la mujer con el vino hasta la reacción de furia del protagonista, pasando por la gotita de vino en el saco. El director filma los detalles, cambiando el ritmo de la narración, haciendo que el estallido de violencia del protagonista de vuelva algo maximalista. El protagonista realiza su gran acto de rebelión ante la clase burguesa con esa cachetada, y Buñuel hace que la situación tenga el relieve que merece.

 

La violencia es otro elemento a notar en la filosofía surrealista: la violencia como elemento liberador, como algo que no se puede (ni se debe) reprimir. El personaje masculino es alguien que jamás reprime sus ataques de violencia, lo que lo hace un ser claramente políticamente incorrecto. Mucho de eso hay en la cachetada a la dueña de la fiesta, pero hay otra escena que resume muy bien este planteamiento: la de la patada al ciego.

Y la patada al ciego, además de ser un acto de incorrección política genial, es un excelente gag visual. La importancia del humor para los surrealistas se basa en burlarse de las reglas, de lo que ha sido establecido por una moral burguesa. Y el cuidado hacia el discapa-citado es algo que tiene una gran importancia dentro de esa moral. Buñuel decide romper las reglas y subvierte esa moral, burlándose de ella a partir de la violencia, una violencia que por súbita y por políticamente incorrecta resulta divertida.

Rodrigo Bedoya

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