Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

vengativa ilusión


 

Mike Barker – Máxima Traición  (Butterfly on a Wheel o Shattered)

 

La premisa de la que parte el thriller que vamos a comentar, y que dio pie a su título original, Butterfly on a Wheel, es acaso demasiado profunda para ser explorada a satisfacción en una película de género; sin embargo, Shattered (2007) es un acierto como explicación o demostración virtual de lo que tal frase significa.

 

La audiencia no asiste precisamente al más autónomo de los filmes, pero si se deja llevar por su capacidad de envolvimiento, en la mayoría de las situaciones que nos presenta casi irresistible, terminará por tener al menos cierta idea de la realista motivación de sus personajes, lo bastante humanos como para disfrutar por anticipado de unos planes tan calculados como los de cualquier villano de pesadilla.

                                                               

Una familia perfecta, según todos los indicios, ve su estabilidad destruida en tan sólo un segundo, cuando una pistola detrás de la cual se halla nada menos que Pierce Brosnan sorprende su rutina, poniendo en evidencia unos mecanismos que invisiblemente ya han sido puestos en marcha. La aparición de un Brosnan que no tiene mucho que ver con el legendario 007, salvo que ya se le nota la edad, es la primera de las sorpresas de una película que las ofrece en número considerable, más allá de la constancia de su impacto.

 

Víctimas de Brosnan son la pareja de esposos interpretada por el protagonista de la taquillera épica 300, Gerard Butler, y Maria Bello, la actriz de A History of Violence. Al igual que en la notable cinta de David Cronenberg, en Shattered se trata de una trama que por encima de la intriga criminal que sirve de eje para el desarrollo de la acción, en el fondo y todo a través de la montaña rusa de emociones desesperadas es el sentimiento o más bien la certidumbre de que hay razones que nunca acabamos, como seres humanos, de comprender detrás de las relaciones más íntimas y las apariencias más cotidianas, como si estuviesen al acecho.

 

En esta película, lo están, y si no siempre, si nos permitimos ser persuadidos a través de las desventuras de los sufridos personajes nos daremos cuenta de que sí muchas veces lo que desconocemos está marcado por nuestras propias conductas, aun cuando no lo hayamos percibido.

 

Falsas superficies, como de ilusiones o espejismos, pueblan Shattered convenientemente, porque se trata de las ilusiones y los espejismos de los que está formado el sueño material de éxito social y personal de mucha gente, en ese orden: primero y sobre todo, aunque se lo pueda negar, el éxito de muchos pasa por el tamiz de sus ambiciones sociales, y se queda allí. Es lo que sucede en la película que comentamos.

 

La familia aparentemente perfecta no lo es, pero esa fachada ideal ha sido construida a base de sacrificios personales que, al fin y al cabo, fueron en vano. Si algo queda de todo aquello es una lección moral que, mal que bien, no muchos de los títulos de acción y suspense que se ruedan en estos días podrían reconocer como algo familiar a sus atmósferas, que no ya a sus tramas. Mucho menos se podría pedir que tal lección hubiese sido llevada a buen puerto, como en cierta buena medida, y aun con todas las reservas del caso, debe ser reconocido que se ha logrado en la presente oportunidad.

 

Para beneplácito de los amantes del ritmo sin tregua, y en lo que es una de las cualidades de Shattered siendo al mismo tiempo uno de sus mayores defectos, mucho más que la intriga de filigrana manipulada por David Fincher en The Game –cinta a la cual la que comentamos recurre permanentemente como fuente de inspiración–, la tortura a la que se ve sometida la pareja, con el secuestro de su pequeña hija como factor fundamental, fluye con el carácter absurdo de una historia de Kafka –digamos, su fuente más noble—sobre ruedas.

 

El estilo del director Mike Barker es premonitorio, pero no tanto como para poder evitar que la tensión se diluya en determinados tramos en los que el golpe de efecto reina y la confrontación se observa acaso lastrada por sus tendencias más vulgares y premeditadas. Tiempos muertos de un relato/tren que hemos visto descarrilarse tantas veces y que, de todas maneras, no obstruyen la sensación satisfactoria del espectáculo de un accidente tan eficientemente dispuesto, que no por previsible es en absoluto menos disfrutable que los anteriores.

Christian Doig 

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