Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

iron man: héroe industrial


Jon Favreau – Iron Man (Iron Man, 2008)

 

El mundo de los cómics siempre ha sido una fuente de fantasía, la oportunidad para que la gente pueda soñar con aquellas cosas que no pueden tener en el mundo real, como los superpoderes. Sin embargo, un buen cómic también se preocupa de sus personajes, recordando que detrás de los trajes y los poderes, existen seres humanos.

 

Al hacer el salto al cine, muchos de estos personajes perdieron su humanidad; las películas se convirtieron en meros vehículos para la pirotecnia y el espectáculo, como lo sucedido con el Batman de Joel Schumacher, hasta que Christopher Nolan tomó las riendas y trajo a Bruce Wayne a un contexto mucho más realista. Spider-Man empezó de la misma manera, enfocándose en las inseguridades adolescentes de Peter Parker y su crecimiento como héroe.

 

Iron Man se una a este reducido grupo de filmes-historieta que cuentan con una buena historia que va de la mano con sus aspectos más vistosos. A su vez, le da el protagonismo a uno de los personajes más interesantes que tiene la editorial Marvel, un héroe atípico dentro de lo que se espera del género.

 

El Actor Ideal

 

Tony Stark (Robert Downey Jr.) es un millonario fabricante de armas, con pasión por las mujeres, las fiestas y la vida fácil. Hasta que es secuestrado por un grupo de rebeldes afganos y obligado a armarlos con sus propias creaciones. Usando su ingenio, Tony construye una armadura que le permite escapar. Una vez de vuelta en casa, resuelve usar todos sus recursos para hacer el bien.

 

Tony Stark no está interesado en ser un héroe, al menos al principio. Es un playboy decadente que vende armas a todos los rincones del mundo, sin pensar en las consecuencias. Su cautiverio basta para abrirle los ojos ante lo que verdaderamente significa su trabajo: financiar guerras y pérdidas humanas y materiales.

 

La película es entonces acerca de la conversión de un magnate, de comerciante despreocupado a justiciero. El tener a un actor tan talentoso como Downey Jr en el papel principal es uno de los principales aciertos de esta historia: la búsqueda de redención de Stark no sucede de un momento a otro, es pausada y el trabajo del actor la hace totalmente creíble. Downey se divierte con el personaje, dándole a Stark un aire noble pero despreocupado, con mucha ironía y buen humor. Al igual que Bruce Wayne, Tony se esconde detrás de su imagen de millonario descarado, una pantalla para su sentido de la justicia y ganas de hacer el bien.

 

Algunos dirán que este rol es un encaje perfecto para el actor, quien también ha tenido sus roces con drogas y la vida fácil en el pasado; y ciertamente se hace difícil imaginar a otra persona como Tony Stark. Downey hace suyo el papel y crea un personaje creíble, lo que le da una oportunidad también de volver a las grandes ligas en Hollywood como uno de los mejores intérpretes de su generación.

 

En Contexto

 

A pesar de tratarse de un cómic sobre un hombre en un traje de hojalata, Iron Man está situada en otro contexto. Tony Stark está inmerso en un mundo industrial. Es el mundo de las grandes corporaciones, donde el dinero manda y nadie tiene lealtades. Esto está personificado en el personaje de Obadiah Stane, interpretado con bastante malicia por Jeff Bridges: es el arquetipo de empresario corrupto y frío, capaz de cualquier cosa por su propio beneficio.

 

No es difícil pensar que el mundo de los negocios está plagado de personas así y por ello, la figura imponente de Bridges en traje resulta mucho más amenazante y lógica dado este particular universo: Iron Man no tiene porque enfrentarse con extraterrestres o monstruos, sino con algo más acorde a su realidad.

 

Tratándose de un superhéroe, la película tampoco deja atrás el espectáculo visual. La armadura cobra vida gracias a unos buenos efectos especiales propios de un blockbuster hollywoodense, pero que menos mal no son la razón de ser de la película ni tratan de llamar mucho la atención sobre sí mismos.

 

Estos elementos ensalzan lo que es en esencia una historia “de origen”, no muy distinta a las miles que hay en el cómic. Iron Man es así un buen comienzo para otra franquicia de superhéroes, madura y con suficientes atractivos para llamar la atención de los que no leen historietas. Falta ver que no caiga víctima de sus propios excesos y Tony Stark acabe empequeñecido por la pirotecnia y los efectos especiales, como ha sucedido con tantos otros.

 

Ernesto Zelaya

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