Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

LEYENDA GRIEGA


El mito ancestral que trata del príncipe cretense nacido mitad hombre, mitad toro, encerrado en un laberinto y alimentado con los cuerpos aún vivos de súbditos jóvenes, tiene una recreación bastante irregular en el largometraje del 2006 titulado Minotaur. Nada de lo que uno esperaría de una producción basada en la mitología griega, acostumbrados como estamos a las magnificencias provistas por Ray Harryhausen o a las sorpresas exquisitas de El narrador de cuentos, asoma la nariz, en términos de la imaginación y del sentido de la fantasía como espectáculo audiovisual que, contra todo pronóstico, virtualmente recupera de un prodigioso lugar en los confines del tiempo un mundo que, sin dudas, subraya la apariencia ordinaria de la realidad que nos rodea.

 

De comienzo a fin, la dramatización de la legendaria historia se pierde en recovecos argumentales que parecen hacer eco de aquellos del ominoso recinto del monstruo, pese a no ser muchos ni muy ajenos a la variación que de la historia se despliega en la pantalla. En realidad, tal vez el problema tenga que ver más con la dirección que con el guión. La historia del Minotauro, tal como se nos es sugerida, posee unos alcances trágicos que hacen todavía más frustrante la experiencia de observar cuánto peso significativo es otorgado, en cambio, a personajes y sub-tramas concebidas para la ocasión.

 

Por ejemplo, el héroe Teseo conoce a un residente del laberinto que, como el Ben Gunn de La isla del tesoro o el propio Robinson Crusoe, ha conseguido la verdadera proeza de sobrevivir durante todos esos años, estando como está a merced del Minotauro, y teniendo como única alimentación a las pobres ratas que pululan por sobre la superficie manchada de sangre de la roca subterránea. Este personaje sirve para distraer más que para otra cosa, puesto que el mapa del que hace obsequio prácticamente involuntario a Teseo pudo haber sido obtenido de alguna otra manera. Jonathan English, el director, parece creer que, apartándose lo más posible de los hechos y de ciertas convenciones consagradas, su versión del mito tendrá la misma originalidad o calidad, en algún nivel, de las versiones que lo formaron, tan diversas ellas mismas entre sí. Lo único discutible es, en todo caso, el mínimo beneficio que se efectúa en el resultado global debido a la exploración de tales posibilidades.

 

El mundo que se observa en esta recreación de la leyenda de Teseo y el Minotauro es, por lo demás, uno demasiado teatral o poco natural para ser tenido en cuenta como el espacio en el cual eventos prodigiosos de cualquier tono, menos aún del tono inmensurable de la mitología griega, se suceden con insólita cotidianeidad. Teseo y su gente son pastores, y el ambiente bucólico está bastante bien escenificado; la fotografía de acentos dorados y aquel horizonte que de pronto puede señalar la postrera jugada del azar o destino –tan caro a la idiosincrasia helénica, como es sabido–  en la negación de la luz y el dibujo caprichoso de sus nubes, complementan con suficiencia la atmósfera que se desprende además de las figuras de los actores, entre quienes sobresale (cómo no) un añejo Rutger Hauer en adecuado papel de líder tribal, padre de Teseo. Por eso, el primer tercio de la cinta es el mejor, porque es donde todo se da armoniosamente, en esa armonía formal que se nutre hasta de la calma previa a la catástrofe. Lo que no deja de ser curioso es que esa fugaz, grata proporción resulte ser aún más superficial que lo que la ya defectuosa puesta en escena permite vislumbrar.

 

Y esto es así porque los realizadores han apostado demasiado bajo, demasiado poco en comparación a lo que su proyecto exigía. Los motivos más sugerentes del mundo antiguo se encuentran allí, para que apreciemos una labor que no existe. Ninguno de los elementos que conforman la terrible historia del monstruo de Creta conserva la sensación de originalidad y trascendencia que los singulariza y los hace tan diferentes de los de otros relatos de la misma especie. Sólo por poner un ejemplo de esto, no es que la relación incestuosa entre el monarca al que presta su rotundidad el inefable Tony Todd (protagonista de la sorprendente y muy recomendable Candyman) y su hermana Rafaela peque de ingenua en su manifestación fílmica, sino que es una más de las supuestas sorpresas de la película. Tanto es así, que la aparición del Minotauro, bien avanzado el metraje –una lección aprendida de Spielberg, aunque esta vez mejor no se lo cuenten–, no resulta ya ni remarcablemente decepcionante.

 

En medio de todo, reivindiquemos, sin embargo, la acción entretenida, melodramática y en crescendo, y especialmente la música, funcional pero satisfactoria.

 

Christian Doig     

Anuncios

3 comentarios

  1. pepe

    re piola la leyenda loquis————

    mayo 4, 2009 en 1:14 pm

  2. ma mala su cution… ma fome me saque unc 2 por su culpa ojala nadie se meta a su pagina
    cauro de ……………….

    agosto 30, 2009 en 7:08 pm

  3. yennyfer collao

    me paresa muy bueno estos tipos de lenyendas griegas y mas para los niños que todabia no saben sobre esto y yo no sabia sobre esto es primera vez que leo esto esto seria mi comentario .ESTO ES DE YENNY

    septiembre 25, 2009 en 2:44 pm

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s