Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

especial bafici 2008: un balance


En La Ciudad de Sylvia (Jose Luis Guerín, 2007)

Por: Mónica Delgado

Hay dos cosas que destaco del festival y que precisamente tiene que ver con su carencia: uno, que las mejores películas, las que más me impactaron e interesaron, las encontré fuera de las competencias oficiales (la internacional y la del cine del futuro sobre todo, aunque no completé la argentina, lo que significa que me perdí Historias extraordinarias de Llinás), y que el BAFICI sigue siendo un espacio para conocer parte de la filmografía de directores que desconocía o que conocía de manera parcial.

Las mejores

El par de Guerín: En la ciudad de Sylvia y Unas fotos en la ciudad de Sylvia son de lo mejor que he visto en el BAFICI. La gracia está en verlas juntas.

Algunos filmes de Koji Wakamatsu: sencillamente bizarros (pinku eigas, con las clásicas escenas modosas de sexo debido a la censura, con actores pésimos, con una banda sonora sicodélica y con argumentos donde proliferan las críticas a la militancia comunista), sin mayores pretensiones que rodarlas en seis días y editarlas en dos. Si hay secuencias en blanco y negro, y luego Wakamatsu pasa al color, no hay por qué buscarle un origen estético, ya que como dice el autor “lo hice así porque tenía a mano un rollo a color y lo agregué”. Así de simple.

Koji Wakamatsu

El foco Jacques Nolot: Descubrí a un director impecable, cuyos filmes de corte autobiográfico y donde él mismo es el protagonista, giran en torno a la homosexualidad y sus espacios de socialización (la familia, una sala de cine porno o el círculo de gigolós) sin miramientos y con un tono personal.

Algunas películas de Ken Jacobs: estrictamente festivaleras o para salas multimedia de galerías o museos. Devoto del found footage, Jacobs es dueño de un montaje de la deconstrucción (un Derrida al pie de la letra llevado extremos), que se ha atrevido en toda su carrera a hacer del cine una experiencia donde la palabra clave es libertad creativa de las formas en strictu sensu.

Ken Jacobs

Jaques Nolot

Morceaux de conversations avec Jean Luc-Godard: imprescindible para devotos del cineasta francés. Este documental de Alain Fleischer nos permite escuchar a Godard en su búsqueda de nuevos horizontes estéticos (hay un memorable juego de Bonus/Malus a partir de imágenes o secuencias de películas a las cuales aprueba o desaprueba como parte de su teoría de lenguaje cinematográfico) mientras hace de “curador” de una muestra para el centro Pompidou.

Alain Fleischer

Ploy de Pen-ek-Ratanaruang: Es un filme sumamemte interesante en la medida que el jetlag, el trastorno físico causado por la diferencia horaria en los viajeros, se percibe en el tono adormilado, entre la vigilia y el sueño, de cada secuencia. Una pareja con siete años de matrimonio que acaba de llegar a un hotel en Tailandia desde Nueva York ve trastocado su endeble universo marital a causa de la súbita incursión de una nínfula discreta (Ploy). Ratanaruang elabora un filme desconcertante con pocos elementos: un hotel moderno, madrugada lenta, una pareja de amantes jóvenes que conforman el opuesto perfecto de los esposos en crisis, y una Lolita ingenua que no se da cuenta lo que está a punto a causar.

Ploy (Pen-ek Ratanuarang,2007)

Paranoid park de Gus van Sant: Lo más increible es el uso de diversas canciones para dar atmósfera al mundo instropectivo del personaje adolescente, desde Menomena, The revolts, Frances White o Elliot Smith hasta Beethoven o Nino Rota (las explícitas reesminiscencias a Fellini suenan estupendas). A partir de este uso el mundo de Paranoid Park en Portland se vuelve interior, para auscultar el sentimiento de culpa causado por una acción memorable ocasionada por un estudiante común y corriente.

Paranoid Park (Gus Van Sant, 2007)

También menciono entre las mejores a Bording gate de Olivier Assayas, Tirador de Brillante Mendoza, Profite motive and the whispering wind de John Gianvito, Retour en Normandie de Nicolas Philibert, The man from London de Bela Tarr y Le voyage du ballon rouge de Hou Hsiao-hsien.

Un lugar especial para a cinta de Todd Haynes, I’m not there, que se aleja completamente del biopic para contar casi una tesis sobre el imaginario bobdylanesco, a través de diversos alter egos extraídos de los temas o actuaciones del ídolo folk.

I’m Not There (Todd Haynes, 2007)

Las peores

En realidad una suele ver las peores películas cuando carece de mayor información a último momento y confía en las reseñas del catálogo, que casi son un tiro al aire, y que suelen dibujarte de la mejor manera un filme. Por ejemplo, la cinta argentina Luego de Carola Gliksberg es una cinta nula, sin gracia, pretenciosa (parejas con dudas existenciales en espacios minimalistas), y sin embargo en el catálogo la señalan como “una comedia lacaniana. Y encima, hace reír bastante“. Una verdadera estafa. Claro que después de leer la reseña me reí solitariamente. Debo que confesar que aguanté el metraje completo de la ópera prima de Gliskberg porque se trató de la primera película que vi llegando al festival (vaya manera de comenzar el BAFICI).

Luego (Carola Gliksberg,2008)

Pero creo que la peor de todo el festival fue la estadounidense Severed Ways: The norse discovery of América de Tony Stone del panorama Música, que trata sobre la llegada de una pareja de vikingos en el año 1007 D.C a América, pero porque caí por segunda vez en la trampa de las reseñas (desde ese momento juré que el mentado librito no me la volvía a hacer): “…una película contemplativa llena de rock pesado. Incluso hay una escena en que uno de los protagonistas headbanguea al ritmo de heavy. Hermoso. También lo es la música incidental del film, que pareciera salida de una película de sci-fi italiana de los 80“. Bueno, lo que menciona la reseña sólo duró ¡unos treinta segundos! Los demás 106 y medio minutos que faltaban me los tuve que soplar en una función de medianoche. Me mantuvo despierta el encuentro de los vikingos con algunos jesuitas que leían a Santo Tomás en medio de una cascada. El director de la película le hizo honor a su apellido.

Severed Ways: The norse discovery of América (Tony Stone,2007)

The rebirth de Masahiro Kobayashi es tan elaborada que resulta risible. El filme del japones, que se pasó como parte de su retrospectiva, tiene un argumento mínimo y algunos diálogos por ahí “subialescos”, tal como dijera Natalia Ames de otro filme del cineasta. La hora y media de The rebirth consiste en ver a un hombre y una mujer en una misma rutina diaria que los involucra: levantarse, bañarse, preparar los alimentos, comerlos, ir a la tienda, a la casa y a dormir, y así sucesivamente día tras día, noche tras noche, sin una palabra. Y obviamente que al revisar la reseña me encuentro con una obra maestra de la retórica: “las rutinas no son una pintura del vacío de la época sino una forma de vida feroz que se pretende terapeútica”. Lo que sí fue terapéutico fueron las carcajadas de los espectadores, con las cuales se me hizo amena la visión de este filme premiado en Locarno.

The Rebirth (Masahiro Kobayashi,2007)

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2 comentarios

  1. experiencia como oscuridad entre la comun pero artificial luz
    agradable redaccion

    saludos

    mayo 4, 2008 en 10:39 pm

  2. No podía esperar menos que semejante cobertura de un festival que por el tipo de revista que hacen les debe haber encantado. Todo el cine periférico en un sólo lugar. Vamos a leer las impresiones. Saludos!

    mayo 13, 2008 en 11:33 pm

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