Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Una metáfora de libertad


Marc Foster – Cometas en el Cielo (The Kite Runner, 2006)

Más de veinte años después, Amir debe regresar a su tierra natal, Afganistán, a reencontrarse con una parte de su pasado que quedó inconclusa, y clausurar viejas heridas. Así empieza Cometas en el cielo, una cruda historia sobre la unión, la desunión, la migración, el honor, la amistad, un filme que denuncia pero que al final es complaciente con sus propios cuestionamientos. La dirige el alemán radicado en EE.UU. Marc Foster

Cometas en el cielo se ambienta en Afganistán y Estados Unidos, en dos momentos distintos, y cuenta la historia de dos niños afganos, Amir (Khalid Abdalla) y Hassan (Ahmad Khan Mahmidzada), que hacían volar cometas en su natal Kabul, hasta que, a causa de terribles sucesos, deberán separarse y no se reencontrarán nunca más.

La narración de Cometas en el cielo tiene su punto de partida en California, en el año 2000, donde Amir vive con su esposa y ha visto consumado su sueño de niño. Una inesperada llamada telefónica retrotrae a Amir al Afganistán de los años 70, cuando era un niño feliz y libre, al lado de su inseparable amigo Hassan, hijo del sirviente de Amir. Hassan es un niño hazara, es decir, pertenece a un grupo étnico denostado en su país, por lo que deberá sufrir humillaciones.

Amir y Hassan, sin embargo, no entienden de esas cosas. Son amigos ejemplares y nobles, sobre todo Hassan, que protector incondicional de Amir. Ellos elevan sus cometas hasta el cielo y derriban otras, dueños de un reino que es el de la lealtad y la libertad.

Un episodio traumático del que Hassan es víctima, secundado por un acto de cobardía, abre una brecha entre los dos amigos, y las cosas cambian para siempre. Afganistán es invadido por el ejército soviético, en 1979, y Amir debe huir junto a su padre. Sólo cuando pasen muchos años, Amir volverá.

El flashback que transporta a Amir a su tierra natal es como una sumersión del personaje en su pasado, una excavación en sus recuerdos, una fuerza que lo arrastra hasta Kabul para desagraviar su memoria. Por eso, Amir en un momento dice: «Estoy cansado de olvidar.»

Cometas en el cielo es una película sólida, y tiene varios momentos. Es tierna y conmovedora, aunque también sabe ser cruda y revelar la atrocidad. Aquí, la música de la película juega un rol notable. A ritmo arábigo, acompaña y contextualiza cada momento de la historia; es emocionante y festiva de momentos, y taciturna y vibrante cuando tiene que serlo.

En cuanto a la fotografía, creemos, sin embargo, que con todos los recursos que se poseía, el ambiente, el paisaje, los personajes, la atmósfera, pudo haberse logrado un mejor resultado. Porque más allá del circunstancial juego enfoque-desenfoque, la cinta no aprovechó las oportunidades que tuvo para captar imágenes que pudieron ser memorables.

Un país no tan lejano

La realidad expuesta en Cometas en el cielo no nos es del todo ajena. Latinoamérica presenta muchas de las características que traza la película. Cuestiones como la precariedad en el modo de vida, las costumbres oriundas, la discriminación, las migraciones, las brechas sociales -incluso César Vallejo cuenta en Paco Yunque una historia similar a la de Amir y Hassan-, y hasta a veces la violencia que se ve en la cinta, se ha padecido y todavía se padece en muchas regiones de Latinoamérica.

Una película que por su temperamento y rasgos se asemeja a Cometas en el cielo es Voces inocentes, del mexicano Luis Mandoqui, ambientada en El Salvador de los años 80, y que tiene muchos elementos comunes con esta cinta narrada en un país que, aunque lo parecía, no es tan lejano.

Ahora bien, Cometas en el cielo denuncia muchas cosas: la persecución racial, la violencia política, el sometimiento; y, sin embargo, designa a Estados Unidos como un país inclusivo y seguro, una gran oportunidad, un refugio para los desplazados de países orientales. Una figura que, vista la realidad norteamericana, resulta ridícula.

No pretendemos adentrarnos en el tema de la hegemonía de las potencias mundiales, ni queremos insinuar ningún vínculo entre el gobierno norteamericano y el realizador de Cometas en el cielo; sólo expresamos nuestra sorpresa por esta postura de parte de un director como Marc Foster, que de algún modo desvirtúa el impecable tratamiento de su película.

En su haber, Marc Foster tiene cintas interesantes como Descubriendo Nunca Jamás o Monster’s ball, y Cometas en el cielo -adaptación del best-seller del mismo nombre, del escritor afgano Khaled Hosseini- es sin duda un filme que vale la pena ver.-

Tito Jiménez Casafranca

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Una respuesta

  1. Anónimo

    horrible

    septiembre 11, 2009 en 9:42 am

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