Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

La increíble esencia de su ser


Oliver Dahan – La Vida en Rosa (La Mome, 2007)

Lo más resaltante de La vida en rosa es, sin duda, Marion Cotillard, la parisina de 32 años que en esta cinta hace la mejor interpretación de toda su carrera. El estilo, el gesto, la intensidad interpretativa, el movimiento… la consagran como una de las mejores representantes del cine contemporáneo.

La vida en rosa es una película formidable. Cuenta la vida de la cantante parisina Édith Giovanna Gassion, más adelante bautizada como Edith Piaf, una de las más célebres cantantes francesas que han existido. Y lo cuenta de un modo intenso, rico, polifacético. La dirige el francés Olivier Dahan, el mismo de Los ríos de color púrpura 2 y Érase una vez.

La vida en rosa transcurre en varios momentos, es una suerte de catálogo que repasa episodios diversos de la vida de Piaf. La cinta comienza en 1959, cuando ella está cantando en un escenario y sufre un desplome; luego asistimos a los primeros años de la vida de la futura cantante, en 1918, cuando su madre -ambulante, alcohólica y desbocada- la tiene olvidada en las esquinas de las calles; en seguida la niña debe ir a vivir con su abuela, quien tiene una casa de citas en Normandía, donde será criada al lado de prostitutas. Después, su padre se la lleva, ante los llantos y arrebatos de las chicas que se habían encariñado con la pequeña Edith. Con su padre, acróbata que hace espectáculos al aire libre, la niña revelará su excepcional voz, en las canciones populares que, al igual que su madre, cantará en las calles.

La cinta, así, va detallando las vicisitudes de este prodigio, y todo visto desde la mirada memoriosa de la propia Edith Piaf, que, enferma y avejentada, reposa en la ciudad francesa de Grasse, algo así como inventariando su vida, en medio de pensamientos desordenados.

La película se compenetra por completo en la vida de Edith Piaf y nos sumerge en la esencia misma de su ser y sus impulsos vitales. Por eso, La vida en rosa se toma bastante tiempo detallando la niñez de Edith, y eso funciona como clave para entender el espíritu de la cantante, la naturaleza de sus arrebatos, sus excesos en el alcohol, la morfina, sus bajones intempestivos, pero sobre todo la incesante, frenética búsqueda del amor. Las canciones que Edith interpreta en cada momento obedecen a etapas claves de su vida, y el contenido de aquéllas habla de su drama interior; ella convierte en suyas las canciones.

Muestra de ello es cuando Edith se entera de la muerte de Marcel, con quien tenía un gran romance; ella queda con el corazón roto, y, en una de las mejores escenas de la película, se la ve destrozada en su lecho, y la cámara, de estarla enfocando, gira hasta un pasillo que, efectistamente, termina en un enorme escenario repleto de un público ansioso, donde ella debe volcar su pesar y sus ansias, su dicha, su llanto.

La vida en rosa tiene muchos méritos. Desde la ambientación de ese París turbulento -con calles al estilo Dickens- hasta el trabajo con los personajes secundarios (Emmanuelle Seigner, Gérard Depardieu, Caroline Silhol, esta última interpretando a Marlene Dietrich). Tiene muchas escenas para el recuerdo, pero quizás el cuadro más notable es cuando Edith, todavía muy joven, debe debutar en el music hall ante un público numeroso, y la secuencia transcurre en off, sin oír el canto de Edith, sólo con la música de fondo que va enfocando a un público impasible que, de a pocos, se va deslumbrando conforme se devela la prodigiosa voz de aquella muchacha retraída, y los apoteósicos aplausos que siguen son el inicio del ascenso al estrellato de la gran Edith Piaf.

La vida en rosa es una película ambiciosa. A la manera de las grandes novelas realistas que intentaban abarcar el más amplio espectro de la realidad que contaban, esta cinta pretende ser una biografía casi absoluta -aunque siempre con objetivos puntuales que están claros-, y en ese afán plantea numerosos viajes en el tiempo, que no obstante le restan claridad narrativa; el exceso de flashbacks hacen que la cinta se extienda demasiado y se confundan momentos, innecesariamente, cuando la misma calidad y escrupulosidad se hubiera conseguido restando esas repetitivas idas y regresos a cada etapa de su vida.

La época en que vivió Edith Piaf y en que transcurre La vida en rosa es la de una Europa convulsa, pre y post bélica, pero el director Olivier Dahan no repara en ello, pues se prescinde totalmente de alusiones al contexto político o social, tan importante en aquellos años. Aunque, claro, ello no es preponderante en la atmósfera que plantea la cinta.

La esencia del artista

No nos cansaremos nunca de repetir lo maravillosa que Marion Cotillard está en esta cinta. El Oscar a que se hizo acreedora este año es, de plano, merecidísimo. Es notable la versatilidad que tiene para dar vida a una Edith Piaf de dieciocho años y a otra de cuarenta y siete, prematuramente avejentada y torcida. Al margen del cuidadoso tratamiento que se le ha dado al maquillaje de la protagonista, Marion Cotillard debe de haber trabajado muy duro para lograr esa expresión que le da a su rostro y todo su cuerpo, pues el personaje en su conjunto tiene una singularidad y solidez difícilmente igualables.

Y es que Marion Cotillard, con su no tan larga experiencia -se la recuerda por su participación en Un buen año, Largo domingo de noviazgo y Big fish-, ha logrado tener la sabiduría y el tino para captar la esencia de su personaje, encorvando su cuerpo sin ridiculizarlo, contorsionando su rostro en el nivel preciso, sin caricaturizarse. Contrahecha, trémula, gesticulante, Edith Piaf está formidablemente encarnada en Marion Cotillard.

También cuando canta, Marion Cotillard tiene esa original mueca destemplada. Su mirada desvaída y su voz dura, desgarrada, resonante, rota, tosca, gutural, tan francesa, regalan al espectador momentos auténticamente encantadores, como en la interpretación de la canción que da título al film.

La vida en rosa es en esencia la exposición de un ser que vive el exceso, en el amor y en la desdicha, alguien que se juega el todo por el todo en la vida, que sufre y siente como sólo sufre y siente un auténtico artista.-

Tito Jiménez Casafranca

2 comentarios

  1. Eduardo

    yo adore esta pelicula fue lo mejor que he visto en el cine frances!
    lleno de drama, no conocia la historia de Edith Piaf, pero me di cuenta
    de lo tragica que fue, casi sacada de un libro! muy bueno tu comentario
    y la el breve resumen que diste

    junio 25, 2008 en 3:45 pm

  2. margarita tolero

    si no hubiera sido una gran voz su historia no hubiese sido publicada su voz la resalto y resalto su vida tragica igual que muchas vidas han sufrido

    enero 11, 2009 en 1:02 pm

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s