Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

La biblia en clave de humor


Juan Pablo Buscarini – El Arca (2007)

El clásico relato bíblico en el que Dios encomienda a Noé la construcción de un arca que deberá guarecer a su familia, además de una pareja de cada animal de la tierra, es lo que cuenta El Arca, film argentino en dibujos animados con una propuesta llamativa y ambiciosa, respecto de la mayoría de películas latinoamericanas que se ha hecho en este formato. La dirige el argentino Juan Pablo Buscarini, y cuando hace unas semanas llegó a nuestros cines pasó inadvertida.

Basado en «el mayor  best seller de todos los tiempos», La Biblia, El Arca es la historia de Noé contada en tono irreverente, con los recursos humorísticos del cine animado de los últimos años: frases ocurrentes, ironía, bromas pícaras, humor satírico. Es decir, herramientas que se han hecho comunes pero que sintonizan con el imaginario cinéfilo.

Dios convoca a Noé anunciándole el diluvio, y el noble anciano hace llegar el mensaje a los animales. Un tropel de todas las variedades de animales que habitan el planeta se acerca hasta la inmensa barca, regentados por Xiro, un joven y vanidoso león con ínfulas de galán irresistible, un adonis. Por otra parte, están las esposas de los tres hijos de Noé, unas mujeres celosas y poco cordiales, además de la figura grotesca de Farfán y Esther, dos mercaderes usureros que viven de estafar a sus clientes, y que, huyendo de la tempestad, se infiltran en el barco como polizones.

Los cuarenta días de navegación en medio de la turbulencia de las olas se convierte en una odisea para los tripulantes pues la convivencia es difícil y la lucha por el poder lleva a situaciones límite. Aquí, El Arca delinea un paralelo entre la sociedad de los hombres y la de los animales, y muestra que la coexistencia de éstos es igual de enredada e inextricable que la de los humanos.

Por su estructura y forma, El Arca es una película dirigida a niños. Sin embargo, aborda la política como uno de sus temas principales. En los dos escenarios de acción, las desavenencias tienen su origen en la lucha por el poder: los hombres no tienen fe en Noé y quieren hacerse del control del timón del barco; y en el grupo de los animales, ante el vacío de autoridad causado por las veleidades del león Xiro, se genera un caos que desencadena en una suerte de golpe de Estado dado por el tigre. Y en ese ritmo transcurre toda la cinta, hasta que en los minutos finales, ante la inminencia de un desenlace previsible, se disuelve todo ese aire conspirativo.

Un personaje singular en El Arca es Dios -en definitiva no fue una buena idea darle ese perfil de mulato ocurrente, dudoso y quejumbroso-, que, junto a su asistente y escriba Ángel, viene escribiendo un libro -«el mayor  best seller de todos los tiempos»-, y juntos son una suerte de observadores todopoderosos, algo así como ídolos anónimos que detrás de una pantalla lo deciden y manipulan todo. Ellos son, pues, una disonancia que atenta contra el conjunto de la película y le da con un tono un tanto insípido.

Si bien es cierto el film cuenta la archiconocida historia de Noé en tono irreverente y medio satírico, incurre en ciertas imprecisiones, como la destitución del león y la rápida e inexplicable recuperación de su autoridad, o como el trágico destino de la abnegada paloma mensajera de Noé, que en momentos hace perder de vista el relato de la historia.

Así, pues, El Arca, pese a lo creativo de la idea y a la inteligente ocurrencia de contarla en tono jacarandoso, se torna previsible desde los primeros minutos, y el desenlace de situaciones y secuencias no aporta con elementos claves que ayuden a desentramar la historia, sino que ésta se sabe previsible y está contada por sí sola, y no nos referimos a la por todos conocida historia de Noé, sino a los particulares argumentos que cuenta la película.

Lo que sí hay que reconocer es la eficacia de Farfán y Esther, tan bien trabajados, que tienen un aire encantador, aunque su papel de antagonistas está claro y se mantiene firme todo el tiempo. Ellos son personajes clave que no hay que olvidar.

El Dibu de Buscarini

Juan Pablo Buscarini, el director de El Arca, no es para nada un advenedizo que incursiona en la animación; en su trayectoria, de larga data, tiene varios trabajos de animación hechos en Europa y algunos reconocimientos en festivales internacionales, como uno en Montecarlo, en 1994. Además, en esa misma década, tuvo a su cargo la producción de la famosa serie de televisión argentina «Dibu», además de otras muchas películas y proyectos televisivos en su país. Como director, su ópera prima fue El ratón Pérez, estrenada el 2006, que concitó la atención de algún público en esta región de Latinoamérica.

El Arca, más allá de algunas deficiencias de índole argumental, es un saludable proyecto argentino, que no tiene mucho que envidiarle a las millonarias producciones hechas en Estados Unidos. Hay un trabajo bien hecho y un esfuerzo notorio por pulir los gazapos.

Como vemos, a diferencia del Perú, donde -inclusive con las limitaciones de índole tecnológica- bien podría trabajarse en producciones más audaces e inteligentes, hay países que ya las están desarrollando, como nos muestra este interesante ejemplo, El Arca, que, ojalá, sirva de aliento a los realizadores de nuestro país para continuar creciendo.-

Tito Jiménez Casafranca

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