Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

La eterna tristeza


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Jia Zhang-ke – Sanxia Haoren (Naturaleza Muerta, 2006)

El cine del chino Jia Zhang-ke es uno de los más interesantes que ha dado el cine oriental. Sus películas tratan sobre la China contemporánea, un país que crece de forma estrepitosa e imparable. Pero a Jia no le interesa mostrar la prosperidad: por el contrario, su cine se fija en los personajes que se quedan de lado, viviendo un constante proceso de alineación. Los personajes de este director son seres melancólicos, tristes, que deambulan en paisajes que muchas veces los abruman.

Naturaleza muerta es su última película. Ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia el año 2006, la cinta nos cuenta dos historias. La primera es sobre un hombre que llega a una ciudad buscando a su mujer y a sus hijas, que no ve hace más de 15 años. La segunda es sobre una mujer que llega a la misma ciudad para buscar a su marido que llegó a trabajar hace dos años, y que no ve desde entonces.

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Como ya lo hemos mencionado, el cine de Jia Zhang-ke es un cine de seres tristes, que deambulan de un lado a otro, incapaces de comunicarse entre ellos. Quizá el mejor exponente de esto sea la película anterior del director, The World. La cinta trata sobre un parque en China que tiene réplicas de los lugares más famosos del mundo, y como los que trabajan ahí se van relacionando y afrontando sus tristezas. La película emanaba una fuerte tristeza debido a el contraste que se producía entre el mundo casi festivo en el cual se desarrollaban las acciones, y la actitud de los personajes, incapaces de comunicar sus más profundos sentimientos. La idea de la China globalizada y moderna contrasta con las historias personales de sus habitantes, que parecen cada vez más alienados y tristes.

En Naturaleza muerta observamos el mismo proceso. Jia sitúa su historia en una ciudad con paisajes urbanos que se van transformando y que se van contrastando: los viejos complejos habitacionales tienen que ser destruidos para dar paso a los edificios modernos y las zonas más pobres conviven con puentes enormes que presentan iluminaciones impresionantes de noche. El cambio que se vive en la China continental está presenta, formando parte del espacio en el cual se desarrollan las historias. Es un ambiente en constante cambio, en el cual la modernidad va haciendo su aparición de forma imparable.

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Y sin embargo, tenemos a personajes melancólicos, incompletos, que van en busca de algo que al parecer no podrán encontrar. La cámara de Jia se mantiene siempre distante de las situaciones: nunca encontramos un primer plano que refuerza la tristeza de los protagonistas: por el contrario, el director simplemente registra, a partir de largos planos, diálogos y situaciones en los cuáles los silencios como las risas parecen tener el mismo valor. El deambular de los personajes, con ese semblante siempre serio, hace que parezcan fantasmas encerrados en un ambiente en constante cambio.

Incluso los momentos más emotivos, como los rencuentros, son filmados por Jia con la misma cámara distante y los mismos silencios que cualquier otro momento. Hay algo de inevitable en todas y cada una de las situaciones de naturaleza muerta: la puesta en escena, al dedicarse simplemente a observar desde lejos los momentos de forma quieta, crea la sensación que los situaciones ya estuvieran determinadas desde un principio, que la incapacidad para comunicarse de los personajes fuera algo innato a ellos, y que sólo queda registrarlo.

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La tristeza, de esta manera, se convierte en un elemento más de la puesta en escena, algo que puede ser filmado en tanto está ahí, conviviendo con cada uno de los personajes. Esto hace que tanto un reencuentro como una muerte tengan el mismo valor: la melancolía que provocan esos planos distantes y largos empapan cualquier tipo de relación humana. La influencia de Antonioni resulta evidente, en tanto tenemos personajes que parecen fuera del mundo pero que viven alrededor de ambientes que se encuentran en constante movimiento y en constante cambio. Es ese desfase que se genera entre escenarios boyantes, y los personajes más bien taciturnos e incomunicativos, lo que produce la tristeza que transmite la película.

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La aparición de lo fantástico, con los edificios volando o los ovnis que surcan el cielo sirve justamente para reafirmar esa sensación: ni siquiera lo más absurdo puede romper esa tristeza general que ya está instalada como un personaje más dentro la película. Los personajes simplemente observan un ovni pasar o un edificio despegar como si fuera algo natural, que convive con ellos. Nada parece sacar a los personajes de su constante melancolía: ni siquiera la aparición de lo absurdo o lo fantástico.

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Lo que resulta apasionante en el estilo de Jia es como esta tristeza general se enmarca en ambientes que parecen festivos o cambiantes. Los personajes de Naturaleza muerta tienen siempre como fondo en exteriores ambientes urbanos impresionantes. La cámara, en esos momentos, siempre distante, panea o hace travellings para seguir a los personajes en su caminar, teniendo siempre detrás el paisaje urbano. Un paisaje en constante cambio en un país cada vez más grande como la China contemporánea. El paisaje del país podrá ir cambiando, pero la tristeza de los habitantes es eterna e inamovible, parece querer decirnos el cine de Jia Zhang-Ke.

Rodrigo Bedoya

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