Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

EL PERSONAJE TRIDIMENSIONAL


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Carl Theodor Dreyer – Vredens Dag (Días de Ira, 1943)

Como espectador, me siento abrumado frente a una película como Días de Ira (Vredens dag, 1943) El danés Carl Theodor Dreyer ofrece una pieza cinematográfica de primer orden, perfecta en cada encuadre y con una poderosa intensidad dramática. Soy un comentarista dado a la hipérbole, pero Días de Ira es una película deslumbrante, complejísima, casi inabordable para este escriba. Además, Dreyer es una figura tutelar del cine universal y, en particular, del cine de autor, con ríos de tinta dedicados a indagar y celebrar su arte (es por todos conocido que Paul Schrader, guionista de Taxi Driver, lo considera maestro del estilo trancendental) Es poco lo que uno puede añadir (la fotografía y la puesta en escena son excepcionales) por lo que en esta reseña me centraré en la construcción de los personajes.

Para efectos prácticos, Días de Ira puede catalogarse como una “película de época con temática religiosa”. Es solo un punto de partida, pues la película se abre a varios niveles de significado sin por ello perder una íntima ligazón a lo “sagrado”. En lo que concierne a la recreación histórica, no se comete ningún anacronismo flagrante: los personajes son hombres y mujeres del medioevo perfectamente compenetrados a la sensibilidad de su época. El problema religioso y la hechicería son asumidos con naturalidad por los habitantes de una comunidad danesa, y la película describe ese nivel fantástico como un dato más de la realidad, sin enfatizar su rango extraordinario.

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Tampoco se refiere al pacto con el demonio como una superstición ignorante y ociosa, una costumbre atroz del pasado que enviaba a mujeres inocentes a la hoguera. La película se encarga de desmentir esta presunción contemporánea (típica en las recreaciones históricas con propósito edificante) y ofrece un cuadro de época cabal y sin concesiones. Sin embargo, lo fascinante (y desconcertante) de la película es que ese elemento maravilloso se mantiene en una ambigüedad permanente: queda en evidencia la realidad y el poder del fenómeno religioso (la hechicería existe), pero no queda del todo claro el rol exacto que juega en las relaciones humanas.

¿Qué papel juega la puesta en escena, la construcción del ambiente donde los personajes se mueven y el punto de vista que toma la cámara al enfocarlos? La acción se desarrolla en escenarios cerrados, íntimos, con una escenografía escueta, de paredes desnudas y brillantes. Una extraordinaria fotografía en blanco y negro no deja zonas grises y pone en primer plano ciertos elementos (una mesa, un crucifijo, el hilar de un tejido) que adquieren gran valor simbólico gracias a su materialidad y su aislamiento (el crítico Tag Gallaguer habla de “objetos que devienen en sacramentos”). Los lentos movimientos de cámara y la parsimonia en la edición le otorgan la debida relevancia a esos objetos bañados en un aura de luz.

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Por ejemplo, basta que el personaje de Anna se suelte el cabello para dar la clave de su transformación de joven esposa abnegada a mujer del pecado. O que el personaje de la anciana bruja, al empezar la película, se quede largo rato inmóvil en medio de su cabaña oyendo los gritos de la turba que la busca para apresarla. Las zonas difusas, de ambigüedad, están dados por los personajes y su relación con eso lampos de intensa luz que el encuadre deja al descubierto. Entonces atisbamos toda su complejidad (el personaje se vuelve tridimensional) y las preguntas sobre sus motivaciones y su destino no dejan de surgir.

Aquí entramos a otro punto fascinante (y, nuevamente, desconcertante) de la película: la construcción de los personajes. En un principio parece que el escenario se divide en dos bandos claramente definidos: Anna, la joven esposa del eminente pastor Absalón sufre el acoso de su suegra, quien le reclama su inexperiencia, y la inoportuna visita de una anciana acusada de brujería que llega a su casa para cobrarle un favor del pasado (ella sabe que la madre de Anna también fue bruja pero le perdonaron la vida para que el reverendo se casara son su hija).

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Aparece así ante los ojos del espectador como una víctima de un entorno adverso, sometida a pruebas que sobrepasan sus capacidades. Obtiene una posibilidad de evasión, de expresión de su auténtica sensibilidad, con la llegada de su hijastro, un joven apuesto con el que traba una intensa amistad lindante con el adulterio. A partir de entonces la película entraría en la lógica de la venganza: una mujer frustrada por un matrimonio sin amor con un hombre madura toma represalia de quienes la hirieron. Con tal de consumar su propósito Anna estará dispuesta al sacrificio.

Entonces empiezan las preguntas, ¿el adulterio de Anna es un acto de justicia desbocada, un vía cruxis de expiación personal o el fatal destino que le corresponde a la hija de una bruja? ¿Actúa ella por propia iniciativa, maquiavélicamente, o es presa de la maldición de la anciana que no pudo salvar de la hoguera al principio de la película? ¿Los poderes mágicos de Anna (infundir pasión amorosa o provocar la muerte de las personas) le son heredados de su madre, surgen como consecuencia de la maldición de la bruja ejecutada, o no tienen ningún sustento y solo se trata de coincidencias que la fe hace posibles?

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¿Cuál es la responsabilidad de su esposo, el reverendo Absalón? ¿Su muerte es el merecido castigo por las injusticias cometidas contra su joven esposa, obligada a casarse sin amor, y por su hipocresía flagrante, al someter los juicios de brujería a sus intereses personales? ¿Y cuál fue el rol de su madre de Anna, perdonada de la hoguera por Absalón? ¿Ella utilizó sus poderes en el pasado para salvar su pellejo y ofrecer a su propia hija en sacrificio a una infeliz vida matrimonial? ¿La vida de Anna ya estaba delimitada por la fatalidad de su destino de bruja o todo se origina por la soberbia que la embarga al saberse dueña de un gran poder?

Desde esta perspectiva los roles de Anna y su esposo Absalón quedan relativizados: ambos son verdugos y víctimas al mismo tiempo. La misma dinámica funciona con el personaje que encarna el estereotipo de villana al empezar el film: la suegra. Su actitud hierática e inquisitiva se encuentra justificada y se revela, finalmente, como un gesto de amor: gracias a ella la bruja queda desenmascarada y su nieto evita caer en la misma desgracia que su padre.

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En un sentido contrario, es emblemático el caso la anciana curandera. La vemos huyendo llorosa de una turba que la persigue al grito de “bruja”, y en el juicio es sometida a tortura y mil vejaciones para que confiese; como ciudadanos del siglo XX sabemos que tales declaraciones carecen de todo valor, y la película aparenta ir en concordancia con tales expectativas, pues esa anciana termina por aceptar su relación con el demonio presa del dolor. No obstante, tal confesión resulta ser sincera, la susodicha anciana es efectivamente una bruja y con su maldición desencadena todos los acontecimientos funestos que tienen lugar en el resto del metraje. En todos los casos la luz se ha enfocado en el personaje o diversos objetos que le son preciosos, de modo que a partir de su relación se deja al descubierto la profundidad psicológica y la complejidad de sus acciones.

Javier Muñoz Díaz

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4 comentarios

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  2. joan manuel

    yo la vi hace poquito y me pareciò genial!!! de dreyer empecè viendo la pasiòn de juana de arco y me quedè de una sola pieza , ese film es prodigioso, què bestia de poderosas esas imàgenes!!!tambièn vi ordet y vampyr, todas ellas conseguibles en internet , gran cineasta, yo de hecho yo soy un fan màs, gracias por el articulo que me aclarò algunas ideas!!

    abril 9, 2008 en 8:35 pm

  3. Siempre es intersante recordar a este genio del cine místico llamado Dreyer. La verdad que da gusto leer tus notas. Saludos!

    abril 24, 2008 en 6:09 pm

  4. javier muñoz

    Saludos!
    Sin lugar a dudas Dreyer ha filmado varias películas imprescindibles (la historia del cine no podría explicarse sin La Pasión de Juana de Arco ni Ordet). Sin embargo, acabo de ver una de sus primeras películas, “El amo de la casa”, todavía de la etapa del cine mudo. Estoy un poco desconcertado y debo admitir que juicio inicial es negativo. La película es reiterativa, enfática, y abusa de los intertítulos. Quizá el problema venga de la edición del DVD que adquirí (distribuido por Filmax)

    abril 27, 2008 en 10:28 pm

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