Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

La Oscuridad y La Cámara en Petróleo Sangriento


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Paul Thomas Anderson – Petróleo Sangriento (There Will be Blood)

El tortuoso camino hacia la fortuna económica y por ende al éxito y al aislamiento como realización máxima de Daniel Plainview es lo que  documenta y presenta “Petróleo Sangriento”.Paul Thomas Anderson  dirige el filme en contra de la tradición del ya descontinuado western americano, lo suyo es un reto a la historia, a la leyenda, donde su postura iconoclasta vence a los fantasmas de la tradición.

Para contar un relato fidedigno de la fundación de los EEUU, sus motivos, sus métodos y sus resultados el realizador logró darse cuenta que tenía que acercarse al lado oscuro del alma humana, aquel en donde habitan la avaricia, la misantropía, el odio puro, la alineación que forman parte esencial del carácter del explorador, del pionero del siglo XIX quien sale a buscar nuevas tierras al no poder aceptar ni ser aceptado en una sociedad establecida – y hasta próspera o feliz – lo suyo es la eterna búsqueda por una utopía individual y desproporcionada.

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Daniel Plainview (Daniel Day Lewis) coincide así con una gama de personajes reales y literarios (mas no muy comunes en la cinematografía del género) en donde se exhibe la maldad – siendo muy general el término – como elemento motor y ya no subterráneo para toda acción a realizarse, toda consecuencia, es a partir de allí que se justifica la falta de moral y humanidad del personaje.

P.T. Anderson supo evolucionar de la “tradición” paternalista y panfletaria de los maestros del western, ya que sabe que en el mundo actual – menos mal – los valores tan enraizados y polémicos de estos antiguos personajes (y sus directores) serian motivo de burla o apoyo extremista, y que sus personajes no cumplirían su rol – igual de funesto como en sus días de gloria del genero – pero lejanos de la pompa e hipocresía acercándose cada vez mas a la verdad y a la tragedia.

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Aquí el injusto, el malvado acepta su condición, y decide explorarla y explotarla a su favor, creyéndose ya sin salvación o simple y llanamente dejando de creer,  no busca una redención de su alma, Daniel sabe lo que quiere y tiene un plan para ello, que solo es concebido desde una visión atea y materialista, no le teme a eso y lo asume con convicción.

Vemos como traduce el realizador sus ideas en imágenes, como se usa la cámara;  Anderson le da una importancia capital al trabajo de la imagen, no de una forma tradicional sino que transforma los elementos que se presentan en la narración, a los personajes, al paisaje, los movimientos, el tiempo y la luz para crear un efecto totalizador, mosaico de la vida y demonios de Plainview..El lugar escogido, las pampas áridas de la “Norteamérica Profunda” se muestran como un paisaje homogéneo, amarillento, con apenas rocas y árboles agonizantes, allí la cámara exhibe con una sobriedad y densidad sobrecogedoras una tierra indómita, nueva e inexplorada, que esconde muchos tesoros a ser descubiertos.

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Aquí no importa la belleza del paisaje, lo importante es lo subterráneo, es así que el empleo del color negro aumenta el contraste, alimenta aún mas la presencia de sombras, espacios oscuros y desconocidos expresan la idea, tanto como los pozos y el petróleo mismo, de esa oscuridad parte la curiosidad, la pregunta de si hay algo mas allá, la ambición. Los personajes también están  inmersos dentro de la sombra, a excepción – parcialmente – de los 3 principales, Daniel, H.W y Eli Sunday no parecen vislumbrarse a los secundarios, son mas bien figuras, presencias que rodean a los protagónicos así aumentando la soledad y aislamiento en estos, por sobre todo en Daniel.

Esta propuesta monocromática puede presentar una realidad muy definida, inclusive fundamentalista, las acciones e ideas de los personajes tan enfrentadas como profundas se reflejan en un terreno igual de contrastado y definido en su forma. Si existe una secuencia que pudiera resumir toda la película tanto visual como temáticamente, seria durante el incendio del pozo, aquí notamos toda la gama de herramientas con las que el realizador expresa este terremoto emocional.

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En el día ocurre lo inesperado, surge el petróleo y HW se accidenta, Daniel lo lleva a descansar y lo deja para ver su pozo en llamas. Una escena mosaico, sincera que muestra a los personajes como son y que es lo mas importante para ellos, la cámara se pega a Daniel, acercándolo cada vez mas a su sueño, el de no volver a necesitar a nadie nunca mas, ahora el, solo contra el fuego el que parece un obstáculo pequeño ante la ambición del petrolero americano.

En “Lessons Of Darkness” la visión de Werner Herzog sobre los pozos petroleros quemándose de día y noche nos da una lección y advertencia sobre ecología, el poder destructor del hombre y como su propia avaricia le perderá al final, se puede decir que P.T. Anderson comparte ciertas ideas con el autor alemán pero aquí la imagen se vuelve mas personal, un estado mental de Plainview, una pesadilla hecha realidad para Daniel, la metáfora se vuelve mas compleja y abstracta – otro de los puntos diferenciales con el western antiguo – y su interpretación depende mas de cómo asuma el drama el espectador.

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La cámara se mueve por toda la cinta acompañando a los personajes, tanto desde lejos como cerca, el estilo no es impuesto, el realizador no intenta seguir reglas sino que se adapta a las necesidades emocionales de la cinta, es así que la emoción predomina en contra de la narración – por eso mismo resulta atípica al cine americano de hoy y antes – la cámara desplazándose lentamente, acercándose imperceptiblemente o estática observando los rostros de sus protagonistas expresa una libertad que recuerda a la Nouvelle Vague francesa o a las obras fundadoras de Murnau.

Esta cámara desencadenada expresa también emociones por si sola, abandona el preciosismo elaborado de sus antecesoras en la filmografía de Anderson para re-elaborar un discurso sobre el impacto de la imagen, el porque se asume un camino de expresión donde el movimiento y el tiempo llegan a su máximo poder significativo.

Y es que de esa ausencia de esquematismo en los planos, de esa libertad surge la sorpresa, la originalidad de la puesta en escena atrapa al espectador y alimenta la sensación hipnótica de las imágenes, cada cuadro parece nuevo y distinto al anterior, a pesar de que seguimos viendo al mismo personaje y situación, y no se pierde tampoco la idea de la totalidad en ningún momento, tal vez el mayor logro de esta cinta.

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Extender y fusionar la sensación de novedad, iniciática, de entrar a un terreno y situación inexplorada a la puesta en escena y a los movimientos de cámara es un logro magistral, pocas veces visto en el cine americano de la última década, haciéndonos testigos de cómo Paul Thomas Anderson recorre un camino paralelo al de Daniel Plainview buscando lo indómito y desconocido dentro de la realidad e historia del imperio del norte.

César Miranda 

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