Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

El puñal de la memoria


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Peter Webber – Hannibal, el Origen del Mal (Hannibal Rising, 2007)El origen de Hannibal Lecter es en Lituania, a finales de la Segunda Guerra Mundial. Aún niño, es testigo de la muerte de su familia entera, a manos del bombardeo de unos aviones rusos, y de la horrorosa muerte de su pequeña hermana Mischa. Este hecho estampa un sello imborrable que lo marca de porvida y hace de Hannibal «un monstruo.»

Hannibal, el origen del mal viene a ser parte de la saga iniciada con Hunter, en 1986, y continuada con El silencio de los inocentes, en 1991, film protagonizado por Anthony Hopkins y Jodie Foster (ambos ganadores del Oscar por esta cinta), y que es de mayor calidad y popularidad que la anterior, además de convertirse en un clásico del thriller psicológico. La saga prosigue con Hannibal, en el 2001, y es protagonizada también por Hopkins; aquí, la cinta es la secuencia de lo que la anterior empezó a contar, es decir, la historia del sicópata Lecter. Aunque la película no alcanza la dimensión ni la eficacia con que El silencio de los inocentes atrapó al público y se ganó un sitial privilegiado en la historia del cine de terror.

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Esta vez,  Hannibal, el origen del mal, de Peter Webber -quien debutó como director con La joven de la perla, un film de gran belleza y virtuosismo- es la historia de cómo nace este sicópata, cuál es la causa de la alteración patológica que padece el protagonista y que le hace actuar de forma tan inhumana y horripilante.

Hannibal Lecter (Gaspard Ulliel), tras la dolorosísima experiencia que le toca padecer de niño, sufre un trastorno irreparable en su mente y alma, y, movido por el sentimiento de la venganza, nunca descansa en paz. Las pesadillas hostigan a Hannibal, y cada noche es un calvario donde la imagen de unos salvajes soldados comiéndose a su hermana Mischa resuena como un clavo martillándose en su alma, un recuerdo que día a día lo atormenta y llena de odio maligno contra sus asesinos.

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En la película, surge también la presencia de su tía, la aristócrata señora Murasaki (Gong Li), viuda del recientemente fallecido tío de Hannibal. Hasta ella llega el joven, martirizado y huyendo de su pasado, buscando refugio. La mujer será la única persona que tras más de ocho años le dará cuidado y consuelo. De esta forma, ella en el film funciona a manera de fuerza persuasiva para la redención de Hannibal, al punto que hay amagues de un romance entre los dos, aunque él, enceguecido por el rencor y sus pesadillas, seguramente ha perdido su sensibilidad y todo lo que alguna vez tuvo de humano.

Lo bueno a medias

Hannibal, el origen del mal tiene la sana intención de querer mostrar, desde una perspectiva humana, lo que motiva a un sujeto a actuar de forma monstruosa. Exhibe la figura tierna de un niño de familia que, a consecuencia del horror de la guerra, sufre una metamorfosis irreversible. Sin embargo, no se sabe a ciencia cierta qué quiere demostrar la cinta. Podría ser una denuncia contra la guerra y sus monstruosidades, cuya consecuencia es, por ejemplo, Hannibal; podría ser la representación de la vulnerabilidad humana ante hechos de muerte; podría verse también como el trágico destino de un niño marcado con el sello de su propia sangre. Pero parece que Hannibal, el origen del mal no se toma tan en serio la cosa, y aunque en la primera parte da la impresión que la película va a trazar el perfil humano de un ser incomprendido, termina siendo, a la larga, casi un espectáculo sanguinolento, una predilección por regar de sangre la pantalla, un acercamiento al rostro de un desquiciado que goza administrando sufrimiento a sus víctimas.

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La trayectoria narrativa del film tiene dos tiempos. Uno, cuando Hannibal tiene ocho años, y luego, ocho años después, cuando se desencadenan los crímenes. A diferencia de la segunda parte, que es la exhibición de los instintos asesinos del protagonista, los primeros 45 minutos de la película sirven para ambientar al espectador y suministrarle información sobre cuándo, cómo y por qué ocurre lo que se ve más adelante. Aquí se anuncia una atmósfera de pánico, y las escenas tienen un discurso propio, con elementos visuales que hablan por sí solos. Y ésa es, pues, la parte valiosa de la película, de eso se trataba, de dotar a la cinta con algo más que lo que se muestra en la segunda mitad, es decir, cuerpos degollados, placer con la sangre, sadismo.

Hannibal, el origen del mal, en ese sentido, es una película buena a medias, porque goza en los primeros minutos de una virtud que la distingue de otras de su mismo género -la originalidad, un lenguaje propio, escenas eficaces-, pero que a la larga se desvirtúa y la historia se convierte en la de una máquina asesina, con lugares comunes, situaciones inverosímiles y degolladuras de cliché. El de Hannibal, de ser el retrato de un infortunado joven en lucha tenaz contra la oscuridad y la redención, se enemista con la propuesta inicial y mancha con sangre sus buenos propósitos.

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De esta forma, Hannibal, el origen del mal no sintoniza ni empata con la que vendría a ser su desenlace, El silencio de los inocentes. El Hannibal Lecter personificado por este «origen del mal» no se conecta, pues, ni por asomo, con la figura del inteligentísimo caníbal que Anthony Hopkins encarna con impecable maestría.-

Tito Jiménez Casafranca 

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