Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Amistad íntima y ritual


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Pedro Almodóvar – Todo Sobre Mi Madre , 1999

Todo sobre mi madre es la culminación de un proceso de búsquedas y replanteamientos. Almodóvar está ya alejado de los lucimientos formales de La flor de mi secreto o de Carne trémula, los que conllevaron fisuras de fondo en películas valiosas -sobre todo la última- pero finalmente un tanto frías o artificiosas. En Todo sobre mi madre, en cambio, puede dar naturalidad, frescura y mucha emotividad a un grupo humano compuesto por cuatro mujeres que necesitan de una atención mutua.

Antes que sobre la madre, esta es una película sobre el cuidado femenino, sobre la mujer y el melodrama como género que le pertenece. Cecilia Roth es Manuela, personaje principal y vertebrador de la historia. Muerto en un accidente su hijo adolescente, viaja a Barcelona en búsqueda del padre y se encuentra con Agrado (Antonia San Juan) -un travestí y antigua “amiga”-, con la joven y embarazada Rosa (Penélope Cruz), y finalmente con la actriz Huma Rojo (Marisa Paredes).

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El logro de Almodóvar consiste no en lo que se muestra con evidencia -como la enfática secuencia de la muerte del hijo, o en suma las situaciones más trágicas y melodramáticas-, sino en lo que imperceptiblemente se va construyendo a lo largo de la película: un clima de amistad y protección entre las mujeres. El tesoro de Todo sobre mi madre está en ese calor de familia que se cuela con humor entre los episodios, por lo que a la vez vamos conociendo más a los personajes. Así se conforma un reducto de ternura donde la maternidad es algo más que cuidar a un hijo. Manuela es enfermera, y su profesión no es poco significativa. Ella va a salvar la vida de Agrado sacándola de la prostitución, va a cuidar del embarazo de Rosa (quien además está infectada de una trágica enfermedad), y reconfortará también a la diva, trabajando como su asistente personal.

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Este es un cine sobre el melodrama como género de la mujer. Los personajes masculinos importantes están ausentes. De apariciones breves y casi míticas, tienen como una desconexión con ellas: la que se ve entre Manuela y su hijo, o la del padre de Rosa que ha perdido la memoria. Pero sobre todo, lo que ha hecho Almodóvar es sugerir una identidad entre la mujer y la actriz, o proyectar el melodrama en la melodramatización (realizada en el teatro). La película empieza con la actuación que hace Manuela para un aviso televisivo sobre la donación de órganos de un familiar muerto. Es una dramatización profética que luego se hará realidad. Por otro lado, su calidad de actriz se probará en las tablas ya al lado de Huma Rojo, veterana estrella cuya vida atormentada está en consonancia con la obra que interpreta en el teatro. Finalmente, Agrado también tiene su parte en las tablas haciendo un monólogo que tiene más de verdad que de artificio, y que constituye un momento estelar (y cumbre en la película) en el que la actuación se convierte en el modo de ser de uno mismo.

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Es el gusto de Almodóvar por el melodrama el que ha alcanzado su grado más sutil. Las secuencias de teatro que se incorporan constituyen una especie de resonancia interna, de sublimación del género (ya antes hemos visto esta recurrencia en La ley del deseo). Esto le da al filme una cualidad celebratoria, casi ritual, y a la vez casi abstracta u onírica, tanto por la inserción abrupta o la forma fragmentada en que aparecen estas escenas como por el uso de un intenso color de fondo, de la representación como fantasía.

De un barroquismo cálido que se permite pinceladas pop, el estilo se basa en puntuaciones sutiles y en traslapes del montaje: las primeras pueden ser armónicas (un encadenamiento de dos formas semejantes), y luego están las fusiones visuales (disolvencias retenidas) o las entradas y salidas musicales. Esto contribuye a dar una fluidez envolvente a la historia y a una progresión dramática hecha al ritmo de lentos movimiento de cámara y una serena auscultación de rostros.

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Todo sobre mi madre es una cinta de madurez que va más allá de las reglas tradicionales del género, y que exhibe a raudales algo difícil de expresar: mucha ternura.

Sebastián Pimentel

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