Amantes de las bajas pasiones cinematográficas…

Una voz contra el sistema


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Tony Gilroy – Michael Clayton (2007)

En Michael Clayton asistimos a un argumento que denuncia el tema de la corrosión de las grandes corporaciones multinacionales, por un lado, y, por otro, describe el deterioro existencial de su protagonista, Michael Clayton. La ópera prima de Tony Gilroy -visto anteriormente como guionista de las cintas Bourne y de otras para Taylor Hackford- muestra a hombres que pierden sus ilusiones y son sólo fantoches de un sistema que los sojuzga. Michael Clayton está nominada a siete premios Oscar este año, incluyendo mejor película, mejor actor principal (George Clooney) y mejor actor de reparto (Tom Wilkinson).

De plano, Michael Clayton se nos presenta como un thriller inteligente, complejo, de estructura enrevesada, con personajes supuestamente secundarios, con escenarios variados. Nada -o casi nada-, hasta los quince minutos finales del film, nos revela algo rotundo, un hecho que marque la pauta para seguir la ilación de la cinta. Por eso, Michael Clayton hay que verla despacio; es una película que exige paciencia, que nos pide descifrarla de a pocos.

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Todo comienza con el clamor de un sujeto con voz en off, que habla con nerviosismo y trastabillando. Es Arthur (Tom Wilkinson), un abogado que por varios años ha brindado sus servicios a la compañía U/North y que ha descubierto que esta gran corporación es la responsable de la envenenamiento de cientos de personas que han utilizado sus productos. Arthur, a raíz del pleito, ha entrado en una crisis nerviosa y se ha vuelto demente.

Aparece también el protagonista, Michael Clayton (George Clooney), un sujeto que pertenece al mismo estudio de Arthur pero que su especialidad es resolver casos contactando a personas y acudiendo personalmente a solucionar los problemas, de la manera más limpia y rápida posible. Clayton, sin embargo, sufre angustias y tiene una vida conflictiva. Ludópata, divorciado, resentido con su hermano alcohólico, es un hombre al que el desencanto termina por consumirlo, cuando se sabe víctima de un sistema que lo corrompe todo.

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Al film, Tony Gilroy le da una inflexión particular. La estructura narrativa de la cinta se da en dos tiempos, de forma retrospectiva: muestra el momento terminante de los quehaceres y afanes del protagonista, sin dar mayores explicaciones, y a continuación relata los cuatro días anteriores que explican lo sucedido. Por eso, Michael Clayton tiene un ritmo especial, que nos exige detenernos en personajes y situaciones, pues de ahí se desentraña el espíritu de la película.

En Michael Clayton importa el perfil sicológico del protagonista, que hacia el final deviene en un hundimiento existencial, consecuencia de la suma de todo lo que pasa por su vida. Detalles aislados, datos sueltos, hechos solitarios, el bajón de Clayton tiene el mismo tono misterioso y lacónico de las escenas, abundantes en claroscuros y grisura que le dan matiz a la película.

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Ahora bien, el mejor momento de Michael Clayton, sin duda, es la escena de los caballos en libertad, cuando vemos a un Clooney desgreñado y melancólico en la colina, un momento quebrantado por el atentado a su auto y la idea de la muerte violenta que se combina con la vida silvestre y la libertad.

El otro Clooney

El George Clooney de este film es distinto del de otros como El pacificador, El buen alemán o Buenas noches, y buena suerte (dirigida por él mismo). Aquí tiene ojeras, desilusión y grietas en el alma. Su papel le exige caracteres que antes no ha demostrado, y algunos críticos han señalado que es la mejor interpretación de su carrera. Claro, aquí no puede ser ni por asomo el galán cuarentón de La gran estafa; sin embargo, aunque Michael Clayton podría ser el mejor papel de su filmografía, George Clooney no tiene un brillo memorable, y, en nuestra opinión, es dudoso su merecimiento de la estatuilla dorada.

Al igual que otros galanes adonis -Brad Pitt es un ejemplo-, Clooney sufre del síndrome de «el guapo de la película», de cuya etiqueta, pese a sus esfuerzos, le cuesta mucho emanciparse. Y aunque el objetivo era, de hecho, que sea el centro del espectáculo -lo logra con creses-, de momentos da la impresión que la película estuviera al servicio del protagonista.

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Michael Clayton, al final, tiene un tono sombrío que deja al espectador cierto descontento, como si faltara una fuerza contagiante que sellara el claro mensaje de la película. Michael Clayton. Interesante mirada crítica a las grandes corporaciones que detentan poder económico, un retrato de la tiranía que el sistema, en nombre del capital, perpetra contra la libertad humana.

Tito Jiménez

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